Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización

En este domingo después de Navidad siempre oramos y reflexionamos sobre la familia, al celebrarse la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Ellos ayudan y estimulan las familias cristianas a abrirse a la gracia de Dios e ir adelante en el testimonio valiente del amor fiel, de la complementariedad entre los esposos, de la acogida responsable y agradecida de los hijos, de su cuidado, educación y formación integral, del amor a los abuelos, a los enfermos y a los demás parientes, de vivir como iglesia doméstica el sacramento del matrimonio, y del testimonio del amor siempre más grande y de la estima por el don sagrado de la vida, que Dios Creador concede a través de las familias de la tierra, hasta acogernos en el cielo para vivir con Él la familia eterna, que no morirá, la de los hijos de Dios, cuando Dios lo será todo en todos.

El Santo Padre Francisco ha convocado un Sínodo de obispos extraordinario para 2014, que tiene como objetivo anunciar el Evangelio en los actuales retos pastorales en relación a la familia. Y ha querido que, desde las Iglesias particulares, participemos activamente. En Urgell estamos preguntando así:
1.- Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en relación a la Familia: ¿Las enseñanzas de estos documentos del Magisterio son conocidos? Si se conocen, ¿son aceptadas sus enseñanzas?
2.- Sobre el matrimonio según la ley natural: ¿Consideran que el concepto de "ley natural" en relación a la unión entre el hombre y la mujer, está aceptado?
3.- La pastoral de la familia en el contexto de la Evangelización: ¿Se hace lo suficiente para preparar bien el matrimonio? ¿Se hace lo suficiente para promover la conciencia de familia como "iglesia doméstica"? ¿Las familias cristianas, son transmisoras de la fe? ¿La Iglesia acompaña suficientemente los matrimonios y las familias?
4.- Sobre la Pastoral para hacer frente a algunas situaciones matrimoniales difíciles: ¿Vivir en pareja es una realidad muy extendida? ¿Se puede hablar de un porcentaje? Los separados y divorciados vueltos a casar, ¿son muchos? Cómo viven los bautizados esta irregularidad? ¿Son conscientes, indiferentes, se sienten marginados al no poder recibir los Sacramentos? ¿Son muchos los que viven así? ¿Piden poder recibir los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía? ¿Cree que la nulidad matrimonial sería una solución? ¿La Iglesia está cerca de estas personas? ¿Cómo la Iglesia los apoya?
5.- Sobre las uniones de parejas del mismo sexo: ¿Cómo tratar pastoralmente el caso de las uniones de personas del mismo sexo?
6.- Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales irregulares: ¿Los padres piden la catequesis? ¿Van a la Iglesia? ¿Piden los Sacramentos? ¿Qué respuesta da la Iglesia? ¿Preparación, administración del Sacramento y acompañamiento?
7.- Sobre la apertura de los cónyuges en la vida: ¿La doctrina de la encíclica "Humanae vitae" de Pablo VI. es conocida? ¿Es aceptada su enseñanza sobre los métodos naturales y la paternidad responsable? ¿Se acercan a los sacramentos? ¿Cómo se puede promover una mentalidad más abierta a la natalidad?
8.- Sobre la relación que existe entre la familia y la persona: ¿La familia es el ambiente privilegiado de la persona donde se puede encontrar con Cristo, plenitud del ser humano?
Y 9.- ¿Crees que hay otros desafíos, retos y propuestas?

Estas cuestiones nos pueden ayudar a reflexionar y orar. ¡Hagámoslo!

Santa y gozosa Navidad 2013

"Sabemos que el Señor nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Jesús es Dios, pero ha bajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino."

Papa Francisco, homilía del 24 de marzo 2013

Dios se hace realmente un hombre
y cambia toda la historia de la humanidad.
No somos esclavos, sino hijos,
hijos de Dios e inmortales.
Venimos de un Amor infinito
y volvemos a un Amor que redime y es eterno.
El miedo, la oscuridad, la muerte han sido vencidos,
"Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado,
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
Maravilla de Consejero, Dios fuerte" (Is 9,5)

Ya que Dios está en medio de nosotros
y nos trae la ternura del Padre, la paz y la misericordia,
no podemos sino vivir en la alegría.

La Navidad nos devuelve la alegría de la fe,
nos llena con los dones de Jesús,
nos conforta con el reencuentro de las familias,
nos mueve los corazones a la solidaridad con todos,
y nos hace crecer hacia el Amor siempre más grande y alegre.
La luz de la estrella de Jesús
será siempre nuestra guía en el camino.

Os recuerdo con afecto en estas fiestas,
especialmente a los que estáis enfermos, o solos, o pasáis por alguna cruz...
¡y os encomiendo! ¡Que Jesús os dé su Paz!

¡Santas fiestas de Navidad, Año Nuevo y Epifanía!

El programa del Papa: que vivamos la alegría del Evangelio

La Exhortación del Papa Francisco Evangelii gaudium, la alegría del Evangelio, que nos acaba de regalar en la clausura del Año de la fe, nos invita a "recuperar la frescura original del Evangelio", encontrando "nuevos caminos" y "métodos creativos" ; a no cerrar a Jesús en nuestros "esquemas aburridos". Es necesaria "una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están" y "una reforma de estructuras eclesiales para que sean más misioneras". Nos escribe "bajo la luz de la alegría para redescubrir la fuente de la evangelización en el mundo contemporáneo. En esta expresión se podría resumir todo el contenido del nuevo documento que el Papa Francisco ofrece a la Iglesia para delinear los caminos del compromiso pastoral que la ocuparán en el próximo futuro" (Mons. Rino Fisichella). Es una invitación a recuperar una visión profética y positiva de la realidad, sin por ello dejar de ver las dificultades.

Destacaré algunas ideas más concretas de escrito del Papa Francisco: invita a una saludable descentralización, a abrir los templos y las puertas de los sacramentos para que sean siempre acogedores, prefiere una Iglesia "herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine encerrada en un lío de obsesiones y procedimientos". Exhorta a no dejarse vencer por un "pesimismo estéril" y a ser signos de esperanza, poniendo en marcha "la revolución de la ternura". Huir de la espiritualidad del bienestar que rechaza los "compromisos fraternos" y vencer "la mundanidad espiritual" que consiste en "buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana".

En la exhortación hace un llamamiento a las comunidades eclesiales para no caer en envidias ni en suspicacias dentro del Pueblo de Dios y de las diferentes comunidades. Y propone que crezca la responsabilidad de los laicos, mantenidos al margen de las decisiones a raíz de un excesivo clericalismo, y afirma que "todavía hay que ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia"; en particular "en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes". Reafirma la fuerza activamente evangelizadora de la piedad popular y alienta la investigación de los teólogos. Se detiene también en la homilía que debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase, y que diga palabras que inflamen los corazones, huyendo de una predicación puramente moralista o adoctrinadora. "Una idea, un sentimiento, una imagen", y que dé siempre esperanza.

Denuncia el sistema económico actual que es injusto en su raíz, que mata porque predomina la ley del más fuerte. "Los excluidos no son «explotados» sino desperdicios, sobrantes". Se exclama contra la tiranía invisible, "a veces virtual", de un "mercado divinizado "donde imperan la especulación financiera, una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta". Denuncia los ataques a la libertad religiosa y las nuevas situaciones de persecución para los cristianos... En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista. Se interesa por la familia que atraviesa una crisis cultural profunda. Y reafirma "la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana". La Iglesia "no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia". Quiere una Iglesia pobre para los pobres. E invita a cuidar de los más débiles: los sin techo, los tóxico-dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, las personas mayores cada vez más solas y abandonadas y los emigrantes. Que no se niegue la dignidad humana a los niños que están por nacer, los más indefensos e inocentes de todos. "No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana". Todo lo resume muy bien cuando exclama: "¡No nos dejemos robar la alegría de la evangelización!" (nº 83).

María, Madre de la fe

La Virgen Inmaculada es la figura que llena todo este tiempo de preparación a la Navidad, que es el Adviento. En su querida persona todos nos encontramos, ya que es Inmaculada y Madre de la fe, "¡feliz porque ha creído!" (Lc 1,45). El Papa emérito Benedicto XVI comenta : "María es feliz porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en su seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra, se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios" (Verbum Domini n.124). La fe y el amor la llevan a la alegría.

En este Adviento, nos encomendamos a María Inmaculada para que nos ayude en la lucha contra el pecado y nos lleve a Cristo, fuente de misericordia siempre abierta. La oración más antigua que conocemos dirigida a la Virgen María dice: "Bajo tu protección ("Sub tuum praesidium") nos refugiamos, oh Santa Madre de Dios, no desoigas nuestras súplicas en nuestras necesidades. En todos los peligros líbranos siempre, Virgen gloriosa y bendita." Fue encontrada en un papiro copto fechado hacia el año 250 y escrito en griego. ¡Cuántas generaciones de cristianos y hasta nosotros mismos le hemos dirigido estas súplicas!

En un sermón famoso, San Bernardo de Claraval (1090-1153) suplica a María, en nombre de toda la humanidad, que acepte lo que le pide el ángel, y así se haga realidad la salvación y la luz de Dios por la Encarnación. El ángel le pide ¡que se levante deprisa, que corra hacia Aquel que la llama y que le abra toda la vida! También nosotros no podemos dejar de levantarnos, correr y abrir de par en par nuestra existencia a Dios. Esto es creer! "Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Creador. Mira que el deseado de todos los pueblos está llamando a tu puerta. Si tardas en abrirle, pasará de largo y luego volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. ¡Levántate, corre, abre! Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento." (Homilía 4). María fue el instrumento que colaboró a hacer posible la obra salvadora de Dios. El Todopoderoso no realiza su voluntad de manera impositiva. La obra de Dios, llevada a cabo por el Espíritu Santo, respeta la libertad de la persona. Yo puedo obedecer o no escuchar su llamada. Pero si el ángel nos visitara... ¿qué le diríamos? ¿haríamos como la Virgen María, que se lo da todo? ¿que se pone toda ella a disposición de la voluntad del que la viene a visitar? La fe es esta disponibilidad total al amor de Dios, una disponibilidad que se hace obra de amor. ¿Qué nos está pidiendo el ángel de Dios en esta Navidad que se acerca? ¿Qué realización bondadosa está dependiendo de mi sí, de mi respuesta?

El Papa Francisco se pregunta : " María siempre nos lleva a Jesús. Es una mujer de fe, una verdadera creyente. ¿Cómo es la fe de María? La fe de María desata el nudo del pecado. "Lo que ató la virgen Eva, por su falta de fe, lo desató la Virgen por su fe" (S. Ireneo) . Por la misericordia de Dios, nada es imposible. Hasta los nudos más enredados se deshacen con su gracia. Y María es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que desate los nudos de nuestra alma con su misericordia de Padre. "Dejemos que el Adviento nos ablande el corazón endurecido, y que la Virgen Inmaculada sea nuestra protectora. Mantengámonos agradecidos por su sí generoso, aprendiendo de sus compromisos de vida y perseverantes con Ella en la oración para que "venga a nosotros el Reino del Padre" (cfr. Mt 6,10).