La residencia Sagrada Familia de la Seu d’Urgell acogió la tarde del sábado 31 de enero la primera Fiesta de las Familias Janerianas, un encuentro destinado a las comunidades educativas de las escuelas Mare Janer, Sagrada Familia de Escaldes-Engordany y Sant Ermengol del Principado de Andorra, así como a las familias del personal de los centros y a todas las personas que han querido conocer más de cerca la vida y la obra de la Beata Anna Maria Janer, virgen y fundadora del Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.
El encuentro comenzó con la bienvenida y la acogida a cargo de las hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, con la presencia de la Madre Maria Tomasa Itoiz. El acto contó también con la participación de los seminaristas de Urgell y de las hermanas Victòria, Vanessa y Marcela. Como señalaba la hermana Victòria: “celebramos juntos, en un ambiente festivo y familiar, el don de pertenecer a una misma gran familia y a la Iglesia de Urgell”. Los asistentes visitaron el centro interpretativo janeriano, dedicado a explicar y divulgar el carisma janeriano y la tarea desarrollada por su fundadora.
A continuación se celebró la Eucaristía en la iglesia de la Sagrada Familia, presidida por el obispo de Urgell, Mons. Josep-Lluís Serrano, con el servicio de los diáconos Mn. Edinson-Josep Salas y Mn. Gilbert Bea, y acolitando los seminaristas Carlos Rosas y Mateo Arias. Durante su homilía, el obispo recordó a la Beata Anna Maria Janer, virgen y fundadora del Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, destacando su vida entregada al servicio de los demás, su amor por todos los niños y la dedicación constante a la educación y a la caridad. Alabó sus virtudes de misericordia, pasión y reconocimiento de la dignidad de cada persona, e invitó a rezar por las hermanas del instituto, por la vida consagrada, por las vocaciones y para que en las escuelas también puedan nacer nuevas vocaciones de servicio a los demás, recordando que “así miraba la Beata Anna Maria Janer: con amor. Su mirada no juzgaba ni poseía, sino que reconocía la dignidad de cada persona y la acompañaba. Cuando se mira así, con misericordia y pasión, la vida florece, los niños crecen y la felicidad nace de una mirada que se asemeja a la de Dios.”









