«La esperanza es una virtud de futuro»: conferencia cuaresmal del Dr. Torralba en Andorra

Más de 150 personas han llenado la sala del Centre de Congressos de Andorra la Vella para asistir a la conferencia cuaresmal organizada por el Arciprestazgo de los Valles de Andorra, a cargo del filósofo y teólogo Francesc Torralba, titulada Soñar despiertos. Esperanza versus desencanto.

Durante su intervención, Torralba reflexionó sobre el sentido de la esperanza en un mundo marcado por la incertidumbre y las adversidades. Recordando la expresión de la “noche oscura” de San Juan de la Cruz, afirmó que no hay vida humana sin contrariedades y que, ante determinadas situaciones, la persona puede tener la impresión de que no saldrá adelante. En estos momentos, subrayó: «la esperanza se vuelve imprescindible para afrontar las dificultades«.

Torralba comenzó distinguiendo la esperanza de otros conceptos con los que a menudo se confunde. En primer lugar, la diferenció de la espera: mientras que la espera es pasiva, la esperanza es una fuerza dinámica que implica acción, compromiso y vinculación. Tampoco es, dijo, un optimismo ingenuo ni una simple expectativa fruto de un cálculo racional. La esperanza, explicó, se fundamenta más en la posibilidad que en la probabilidad y se proyecta hacia el futuro como una confianza que permite caminar a pesar de la incertidumbre.

En este sentido, recordó que la tradición filosófica y teológica ha reflexionado profundamente sobre esta virtud. Citando a Santo Tomás de Aquino, Torralba señaló que «la esperanza es una virtud orientada al futuro, mientras que ante el pasado está el perdón«. También evocó las palabras del poeta leridano Màrius Torres, que definía la esperanza como “una flor tan minúscula pero tenaz”.

La conferencia insistió también en la dimensión comunitaria de la esperanza. Según Torralba, «los horizontes difíciles solo pueden alcanzarse en comunidad, con tiempo, paciencia, imaginación y creatividad para saber ver posibilidades allí donde aparentemente no las hay«. Para ilustrar esta tensión entre desesperación y esperanza, contrapuso simbólicamente dos obras de arte: El grito de Edvard Munch y Esperanza II de Gustav Klimt. También remarcó que la esperanza es un valor transversal, necesario para todos, que actúa como un “nutriente espiritual”. Ante la fragilidad y los límites de la condición humana, la humildad y la confianza se convierten en claves para seguir avanzando.

 

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