Una treintena de miembros de la Vida Consagrada de la Iglesia de Urgell han participado hoy lunes 2 de febrero en la celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada en la Seu d’Urgell. Entre los asistentes había hermanos maristas, hermanos franciscanos de la Cruz Blanca, dominicas de la Anunciata, hijas de Cristo Rey, hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, hermanitas de los Ancianos Desamparados, una virgen consagrada, el Delegado de Vida Consagrada, Mn. Joan Pujol, así como el Vicario episcopal, Mn. Antoni Elvira.
La jornada ha comenzado con una visita guiada al Museo Diocesano y a la Catedral de Santa María de Urgell, a cargo de la Sra. Urgell Duró, técnica del museo. Posteriormente, el grupo se ha desplazado a la Residencia de la Sagrada Familia, donde ha tenido lugar una charla a cargo de Mn. Antoni Elvira sobre la implantación del Sínodo en el obispado y, concretamente, en las comunidades de Vida Consagrada. Durante la sesión, se han tratado aspectos como los carismas, ministerios y vocaciones, y se ha reflexionado sobre cómo contribuir activamente al proceso sinodal dentro de las comunidades y parroquias, destacando que esta implementación no es “una tarea adicional pedida por Roma”, sino que debe hacerse en el marco de la pastoral ordinaria. Los participantes han abordado puntos clave: cómo cultivar relaciones más abiertas y acogedoras, reconocer y valorar los carismas y vocaciones de todos los bautizados, promover las vocaciones en las escuelas y congregaciones, fomentar la corresponsabilidad entre ministros ordenados y laicos, y establecer ministerios y servicios laicales adecuados a cada realidad.
La jornada ha tenido su momento más significativo en la celebración de la Eucaristía en la capilla de la Residencia de la Sagrada Familia, durante la cual los consagrados han renovado sus votos. Mn. Pujol ha puesto de relieve, en su homilía, la importancia de ser presencia activa en medio de la sociedad, de ser semilla y fermento de los consagrados.
Con el lema “Vida Consagrada, ¿para quién eres?”, la Iglesia invita a profundizar en el sentido y la misión de la vida consagrada hoy, marcada por la llamada a la comunión, la participación y la misión. La vida consagrada se presenta como una vocación que nace de la llamada de Dios y que se hace visible a través del testimonio de un amor evangélico, abierto a todos y capaz de generar esperanza y fraternidad. Los votos de castidad, obediencia y pobreza cobran aquí todo su sentido: expresan una entrega total a Dios, una actitud de disponibilidad y confianza, y un compromiso de servicio a los más vulnerables, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Viviendo bajo la pregunta “¿Para quién eres?”, la vida consagrada renueva su compromiso con la Iglesia y con el mundo, ofreciendo testimonio de fidelidad, esperanza y entrega, y recordando que toda vocación es llamada a amar y a servir sin reservas.











