El profesor Carlos M. Marrero habla de san Ireneo y de Melitón de Sardes en la Escuela de Formación Permanente (EDFP)

San Ireneo y Melitón de Sardes, dos figuras importantes del cristianismo, han sido los protagonistas de las ponencias de la jornada de trabajo de la Escuela de Formación Permanente (EDFP), que se ha llevado a cabo este sábado 10 de enero en el Santuario del Santo Cristo de Balaguer. La jornada de trabajo y formación ha estado acompañada por el Director de la EDFP, Mn. Antoni Elvira, quien también ha presidido la Eucaristía posterior a las ponencias.

El profesor Carlos M. Marrero, de la Universidad de La Laguna, en las Islas Canarias, ha hablado de san Ireneo como pastor y testigo de la fe apostólica, y también del obispo de Sardes, en Asia Menor, Melitón, que vivió una Iglesia todavía cercana a la tradición apostólica y profundamente arraigada en la celebración de la Pascua.

San Ireneo

El Dr. Marrero comenzó sus ponencias con la figura de san Ireneo, discípulo de san Policarpo, heredero directo de la tradición apostólica, que nació hacia el año 130 en Asia Menor y que fue obispo de Lyon después de la persecución del año 177. Explicó cómo su teología nace del cuidado del pueblo y de la defensa de la gente sencilla, así como de la comunión eclesial y de la unidad de la Iglesia. A partir de la cita “La tradición de los apóstoles se manifiesta en todo el mundo”, fue desgranando su clave pastoral: la fe se transmite por testigos vivos y en comunión con la Iglesia. Se trata de una fe recibida, pública y eclesial, que quiere evitar una fe fragmentada o individualista y que cuida la transmisión íntegra del Evangelio. Trató el papel de Cristo como centro de toda la historia de la salvación, ya que en Él Dios asume la historia humana para sanarla desde dentro, rehace también la obediencia del ser humano y abre de nuevo la comunión con Dios; porque la salvación acontece en la historia concreta y en los procesos humanos.

A lo largo de la primera ponencia fue desarrollando los conceptos de la salvación del ser humano (que se produce al integrar el cuerpo, la afectividad, la fragilidad y la vida cotidiana); del papel pedagógico del Espíritu Santo (señalando que la fe es crecimiento y discernimiento, no una experiencia instantánea); del gnosticismo y el marcionismo; de la moral, los sacramentos y la vida cristiana (acompañando los procesos de conversión con paciencia y realismo); y de cómo anunciar una esperanza concreta que transforme el presente, a través del concepto escatológico de ver a Dios y vivir, porque la visión de Dios es plenitud de vida y no anulación del ser humano.

Melitón de Sardes

En la segunda conferencia fue analizando y explicando el papel de Melitón de Sardes y su obra más conocida, la “Homilía pascual”, uno de los textos cristianos más antiguos conservados de predicación litúrgica pascual. No se trata de un tratado teológico, sino de una predicación solemne, probablemente proclamada durante la Vigilia Pascual. Su lenguaje es poético, repetitivo y celebrativo: más que explicar la Palabra, su objetivo es anunciarla.

El centro de la homilía es Cristo, presentado como el cordero inmolado cuya sangre libera y salva, porque es víctima inocente y al mismo tiempo salvador victorioso; su muerte no es derrota, sino paso a la vida. La Pascua es vivida como un paso de la esclavitud a la libertad, donde la cruz aparece como trono de gloria y de victoria sobre la muerte. Habló de la actualidad pastoral de la Homilía pascual, señalando que ofrece claves muy interesantes para el mundo de hoy: es una predicación kerigmática, centrada en lo que Dios ha hecho en Cristo, en la unión entre liturgia y vida, y en la Pascua anunciada como liberación y esperanza. Precisamente la esperanza, teniendo presente la acción del Jubileo en este año 2025, nace de un hecho real y definitivo. Concluyó con una oración pascual inspirada en Melitón de Sardes:

“Señor Jesucristo, Cordero inmolado y glorioso, Tú eres la Pascua nueva y eterna, el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad.

Tú eres el que venció a la muerte y rompió las cadenas del enemigo; el que descendió hasta nuestras sombras para levantarnos a la luz.

Haznos participar de tu victoria, para que, renovados por tu Espíritu, vivamos como pueblo liberado, testigos de esperanza en medio del mundo.

Que tu Pascua transforme nuestra vida, nuestras comunidades y nuestra misión, hasta que lleguemos a contemplarte cara a cara en la gloria del Padre.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén”.

Al finalizar las ponencias, se compartió la celebración eucarística, tras la cual las religiosas de la Comunidad de las Hermanas Pobres de Santa Clara ofrecieron el baile contemplativo, la representación del “Auto de Reyes”.

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