«¿Qué buscáis?»: Crónica del viaje a Taizé

Por: Jaqueline Capdevila

El pasado 28 de diciembre llegamos a Taizé con las mochilas bien llenas: guantes, bufandas, ropa de invierno y, lo más importante, un corazón disponible. Nos acompañaba el señor Obispo Josep Lluís Serrano, Mn. Àlex Vargas (delegado de jóvenes), Mn. Ivan Ayala (rector de Beicaire y organizador de Taizé en la Diócesis de Urgell), así como varios jóvenes de la diócesis de Urgell, sumando un total de 17 peregrinos.

Algunos ya habían vivido Taizé en años anteriores, mientras que para otros era su primera vez, pero todos comenzábamos esta aventura con más preguntas que respuestas.

En un mundo acelerado, saturado de información, donde cuesta arraigar y donde las decisiones importantes parecen siempre reversibles, muchos jóvenes llegamos buscando algo más profundo: un sentido, una dirección, una paz que no sea superficial. Sin ser del todo conscientes, llevábamos en el corazón la misma pregunta que Jesús dirige a los primeros discípulos: «¿Qué buscáis?»

Más de 10.000 jóvenes de toda Europa nos encontrábamos en París compartiendo esta búsqueda. Y, sin embargo, lo que más sorprende no es la multitud ni la diversidad de lenguas, sino el silencio y la oración vivida en comunidad. Cada día comenzaba poniéndonos en oración a través de oraciones y cantos sencillos, que nos invitaban a detenernos, escuchar y acercarnos más a Dios.

Somos una generación de jóvenes rodeada de ruido, en la que a menudo se diluyen los valores vocacionales y el discernimiento se hace pesado. Por eso estos encuentros se convierten en una oportunidad para la escucha interior, para conocer otras realidades y para seguir la chispa que cada uno lleva encendida en su interior.

En Taizé nadie nos dice qué debemos hacer con nuestra vida, pero se nos invita a escuchar lo que habita en lo más profundo de nuestro corazón. Aprendemos que Dios no obliga, sino que llama con delicadeza, y que la libertad interior es necesaria para poder responder. No siempre es fácil escuchar, pero tal vez ya es un primer paso saber detenerse. Como los discípulos del Evangelio, también nosotros preguntamos: «Maestro, ¿dónde vives?» Y la respuesta llega como una invitación sencilla y exigente al mismo tiempo: «Venid y lo veréis».

Durante la semana escuchamos testimonios de jóvenes venidos de países marcados por la guerra, la violencia y la injusticia. Historias de dolor, pero también de fe y esperanza, que interpelaban profundamente. En Taizé se hacía evidente que la oración no nos aleja del sufrimiento del mundo, sino que nos acerca a él con más verdad.

En este contexto descubrimos una alegría diferente, una alegría que no depende del éxito ni del consumo, sino de sabernos amados tal como somos. Es una alegría sencilla, que se manifiesta en los pequeños gestos: compartir las comidas, servir a los demás, trabajar juntos, cantar juntos.

La vida comunitaria es uno de los grandes dones del viaje. Jesús enviaba a los apóstoles de dos en dos, porque el camino de la fe no se recorre en solitario. La fe crece cuando es compartida, y solo en relación con los demás podemos llegar a ser quienes estamos llamados a ser.

Cuando llega el momento de volver a casa, nos damos cuenta de que no nos llevamos nada material, pero sí una experiencia que deja huella: familias que nos han acogido durante cinco días y nos han cuidado para que cada uno pudiera vivir la mejor experiencia; visitas a templos como la Catedral de Notre Dame o la Basílica del Sagrado Corazón, entre otros; almuerzos y cenas de fraternidad; y conversaciones profundas que nos han hecho sentir más unidos.

Taizé invita a hacernos preguntas esenciales. Nos enseña que la paz comienza dentro de nosotros y que todos estamos llamados a ser peregrinos de esperanza, allí donde la vida nos sitúe.

Tal vez esto sea lo más valioso del viaje: descubrir que, en la búsqueda sincera, Dios ya nos espera. Y que, paso a paso, en el silencio, en la comunidad y en el servicio, el camino se va abriendo.

Próximas citas de oración y Taizé:

  • La próxima oración inspirada en Taizé será el 20 de febrero a las 20 h en la parroquia de Bellcaire d’Urgell. Celebraremos la misa y compartiremos nuestra experiencia, acompañados de un pequeño pica-pica para cerrar la velada en comunidad.
  • El próximo año, el encuentro de Taizé se realizará en Polonia.
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Firmeza cuando sea necesario; dureza nunca; dulzura y caridad siempre (Beata Ana María Janer)
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