La Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona, fue el martes 27 de enero uno de los escenarios del inicio de las celebraciones por los 150 años de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. La fecha, que coincidía con la festividad de san Enrique de Ossó y Cervelló, fundador de la Compañía y patrón de los catequistas, marcó la apertura oficial del año conmemorativo con una eucaristía de acción de gracias que se celebró simultáneamente en los 22 países de África, América y Europa donde hoy está presente la Familia Teresiana. Una celebración que hizo visible un carisma vivo que atraviesa fronteras, y el deseo de las teresianas de renovar el seguimiento de Jesús como discípulas, fieles al espíritu que las hizo nacer.
La eucaristía fue presidida por el Cardenal y Arzobispo de Barcelona, Mons. Joan Josep Omella, y concelebrada por el obispo de Vic, Mons. Romà Casanovas, y el obispo de Urgell, Mons. Josep-Lluís Serrano, junto a una veintena de presbíteros vinculados a la Compañía. La basílica se llenó de hermanas teresianas, catequistas, familias, profesorado, alumnado y laicos comprometidos con la misión teresiana, así como representantes de entidades colaboradoras. En su homilía, el Cardenal Omella recordó la fecundidad de la obra de Enrique de Ossó y puso el acento en la centralidad de la oración, la catequesis y la educación cristiana. También destacó que el corazón de la misión teresiana es formar no solo inteligencias, sino también corazones, e invitó a la comunidad a continuar la obra de San Enrique con la misma pasión y generosidad.
Uno de los momentos más emotivos de la eucaristía fue el ofertorio, en el que se presentaron trece velas, cada una simbolizando una parte del carisma teresiano y la vida compartida que lo ha hecho posible. Entre ellas estaban: las comunidades educativas de los diferentes centros escolares, que iluminan el camino de los niños y jóvenes; las fundaciones y entidades que acompañan a los más vulnerables y promueven la dignidad de cada persona; los laicos y laicas que viven y comparten el compromiso teresiano; el Movimiento Teresiano Apostólico, que alimenta la fe y la vida interior; las iniciativas de solidaridad internacional, que hacen del carisma una luz global; los niños y jóvenes, centro de la misión educativa; y, finalmente, las hermanas, que ofrecieron, junto con el pan y el vino —símbolos de la vida de Jesús dada y compartida— un cuenco de semillas de mostaza, representación de la inspiración de Enrique de Ossó para fundar la Compañía y transformar el mundo a través de la educación de las mujeres al estilo de Teresa de Jesús. Como aquel pequeño grano, estas semillas recuerdan que toda la Familia Teresiana quiere vivir desde un lugar de escucha que transforme y se deje inspirar.
El tiempo apremia y las circunstancias urgentes
El lema elegido para el 150º aniversario, “El tiempo apremia y las circunstancias urgentes”, toma una expresión del propio San Enrique de Ossó. Con este lema, la Compañía quiere leer la realidad actual con la misma lucidez y compromiso con que lo hicieron las primeras hermanas, escuchando el mundo de hoy para que interpela el corazón y genere respuestas fieles al carisma teresiano. El año conmemorativo se vive como un tiempo de gratitud por el bien recibido, pero también como un llamado a responder a los retos educativos, sociales y espirituales del presente, en sintonía con las necesidades de las personas y de la sociedad actual.
San Enrique de Ossó nació en 1840 en Vinebre (Tarragona) y dedicó su vida a transmitir la fe y transformar la sociedad a través de la educación. Para él, la educación era una herramienta fundamental para el desarrollo integral de la persona y para vivir la fe con profundidad. Consciente de que las niñas y mujeres de su tiempo tenían muy limitado el acceso a los estudios, fundó la Compañía de Santa Teresa de Jesús, formada por mujeres instruidas en conocimientos pedagógicos y teológicos, que educaban especialmente a niñas y jóvenes, ofreciéndoles una formación intelectual y espiritual sólida. Autor de obras de catequesis como El cuarto de hora de oración y Guía práctica del catequista, e impulsor de la Archicofradía de Santa Teresa de Jesús, Enrique de Ossó puso en valor el papel de los catequistas como verdaderos acompañantes en la fe, responsables de transmitir el Evangelio y de guiar la vida cristiana de los niños y jóvenes. Su legado de oración, enseñanza y dedicación continúa vivo: las Teresianas, las comunidades educativas y los catequistas de las parroquias, y comunidades cristianas siguen dando a conocer a Jesús y acompañando la fe de niños, niñas, jóvenes y familias, recordando que la educación y la formación espiritual son claves para vivir la fe y construir una sociedad más justa y humana.
Para seguir y participar en todas las actividades del 150º aniversario, pueden visitar la página web 150.stjteresianas.org, donde se presentan todas las iniciativas y recursos del año conmemorativo.









