Salutación y felicitación con motivo del Día de la Constitución del Principado de Andorra

Querido Pueblo Andorrano,

Hoy, en este 14 de marzo, celebramos con gratitud y responsabilidad la Constitución del Principado de Andorra, aprobada en referéndum por el Pueblo Andorrano en el año 1993, después de un proceso constituyente en el que se buscó el consenso. Aquel acto soberano significó un paso decisivo en la historia secular de nuestros Valles: la consolidación de un Estado de derecho moderno, plenamente reconocido en la comunidad internacional y, al mismo tiempo, fiel a sus raíces institucionales.

La Constitución no fue una ruptura con el pasado, sino una evolución armoniosa de nuestro ordenamiento histórico, heredero de los Pariatges de Andorra, que establecieron el régimen de cosoberanía y la singularidad institucional que todavía hoy define nuestro Principado. La fórmula del Coprincipado es expresión de una sabiduría histórica que ha garantizado estabilidad, equilibrio y convivencia a lo largo de los siglos y ha sido la piedra angular de la historia de Andorra.

Nuestra Carta Magna proclama que Andorra es un Estado independiente, de derecho, democrático y social. Este calificativo —social— nos recuerda que la libertad solo es plena cuando va acompañada de justicia, y que la dignidad de la persona humana constituye el fundamento de todo orden jurídico legítimo.

Desde una perspectiva jurídica, la Constitución representa el pacto fundamental que articula la separación de poderes, garantiza los derechos y libertades fundamentales y somete toda autoridad al imperio de la ley. Nadie está por encima de la norma; todos estamos llamados a respetarla y a perfeccionarla mediante los mecanismos democráticos que ella misma prevé.

Desde una perspectiva pastoral, no podemos olvidar que la persona está en el centro de la acción pública. El respeto a la vida, la protección de la familia, la atención a los más vulnerables, la igualdad de trato y de oportunidades, la no discriminación entre mujeres y hombres y la promoción del bien común armonizan la tradición cristiana con los valores universales de los derechos humanos. La libertad religiosa, reconocida constitucionalmente, nos invita a vivir desde el respeto y el diálogo en una sociedad plural y abierta.

Pero es en el ámbito social donde la Constitución se vuelve especialmente exigente. En este aniversario quisiera referirme de manera particular a los jóvenes y a las personas mayores, porque en ellos se manifiesta con especial claridad la responsabilidad intergeneracional que sostiene todo nuestro Estado andorrano.

Nuestros jóvenes son los protagonistas del presente y los arquitectos del futuro de Andorra. Debemos continuar reforzando un modelo educativo que garantice calidad, pluralidad y arraigo cultural. Es necesario impulsar un pacto nacional para la orientación y la formación profesional adaptado a los nuevos sectores emergentes —digitalización, economía verde, innovación— para que ningún joven quede excluido por falta de oportunidades. Igualmente, debemos favorecer mecanismos que faciliten el primer acceso a la vivienda, mediante fórmulas de concertación pública y privada que permitan la emancipación sin desarraigo, consolidando al mismo tiempo espacios reales de participación juvenil en la vida pública, para que su voz sea escuchada y valorada.

Desde una mirada social y comunitaria, acompañar a los jóvenes significa ofrecerles confianza, referentes y espacios de crecimiento integral. Las iniciativas culturales, deportivas y de voluntariado refuerzan el sentido de pertenencia y servicio, y previenen la desafección y el aislamiento.

Nuestra gente mayor, por su parte, es memoria viva del país. En ellos reconocemos la cultura del esfuerzo y la perseverancia que ha hecho posible la Andorra actual. Honrarlos no es solo un deber moral; es una exigencia derivada del principio de dignidad humana que inspira nuestro ordenamiento.

Continuemos avanzando hacia un sistema integral de atención domiciliaria que permita permanecer en casa con calidad de vida el mayor tiempo posible. Es necesario reforzar la coordinación sociosanitaria y los servicios de apoyo emocional, y combatir la soledad no deseada mediante redes de proximidad y voluntariado.

Igualmente valiosos son los programas intergeneracionales que unen escuelas, entidades y centros de día, para que el diálogo entre jóvenes y mayores fortalezca la cohesión social.

La fortaleza de Andorra ha sido siempre su capacidad de pacto, desde los Pariatges hasta la Constitución vigente. Hoy necesitamos renovar este pacto entre generaciones: garantizar oportunidades reales a los jóvenes y asegurar protección, respeto y acompañamiento a las personas mayores.

Celebrar la Constitución no es solo conmemorar un texto legal; es renovar un compromiso con la lealtad institucional, con la búsqueda del consenso y con la primacía del bien común. Es reafirmar que la ley debe ser garantía de libertad, que la justicia debe ser fuente de paz y que la solidaridad debe convertirse en expresión concreta de nuestra fraternidad cívica.

En estos tiempos de incertidumbre y de profundas transformaciones en la escena internacional, es deber de los responsables públicos recordar los valores que deben guiar la convivencia entre las naciones. La paz, la dignidad humana, el respeto al derecho internacional y la búsqueda sincera del bien común deben seguir siendo los pilares sobre los que se construya el orden de nuestro mundo.

Desde el Principado de Andorra, nación antigua y fiel a una tradición de convivencia y equilibrio, queremos reafirmar con serenidad y firmeza nuestra confianza en la fuerza del diálogo. La historia nos enseña que ningún conflicto encuentra solución duradera en la imposición, sino en la palabra compartida y en la voluntad de reconciliación entre los pueblos.

Como Copríncipe episcopal, consciente de la responsabilidad que comporta este servicio, reafirmo el compromiso de Andorra con la cooperación entre las naciones y con las instituciones que promueven la paz y la justicia. Nuestro país quiere seguir aportando una voz de moderación, de prudencia y de concordia en el concierto de las naciones.

No podemos permanecer indiferentes ante los sufrimientos que afectan a tantas personas en todo el mundo: las víctimas de la guerra, quienes se ven obligados a abandonar su hogar o aquellos que sufren las consecuencias de las desigualdades y de las crisis globales. Ante estas realidades, la comunidad internacional está llamada a actuar con responsabilidad, compasión y determinación.
Que el Principado de Andorra continúe siendo, en medio de las turbulencias de nuestro tiempo, una tierra de paz, de libertad, de respeto, de justicia y de fraternidad.

Que el aniversario de la Constitución nos inspire a seguir trabajando por una Andorra fiel a su historia y abierta al futuro social; una Andorra cohesionada, justa y solidaria, donde cada generación encuentre su lugar y su esperanza.

Virtus Unita Fortior. Feliz día de la Constitución.

✠ Josep-Lluís Serrano

Obispo de Urgell y Copríncipe de Andorra

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Continúo este camino dominical de profundización en el Concilio Vaticano II. Hoy deseo presentaros el decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos. Es un texto que, leído con fe y serenidad,
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