Por: Montserrat Juanmartí
Continuando las sesiones de formación del curso, que este año se realiza sobre los Padres de la Iglesia, en la Escuela Diocesana de Formación Permanente, en la del 7 de marzo el trabajo fue sobre San Agustín.
El profesor fue el Dr. Francesc Torralba, que colabora cada año en alguna sesión. La jornada comenzó en la capilla de la casa de espiritualidad del Sant Crist de Balaguer con la oración de Laudes. A continuación, tras la presentación por parte de Mn. Antoni Elvira y el agradecimiento por su participación, tuvo lugar la exposición del doctor Torralba en dos sesiones.
En una primera parte dio a conocer algunos rasgos de San Agustín sobre su biografía, su condición humana y el interés que mostró por conocer a Dios y el alma humana.
Presentó a San Agustín como “el genio de Occidente”. Se le ha conocido como un ser humano muy dotado. Continuó señalando otros rasgos de San Agustín: doctor de la Iglesia, filósofo de la interioridad humana, pensador excepcional y santo; es padre de la familia agustiniana, una figura colosal.
Al considerar su interés se centró en dos aspectos, dos etapas de su vida, destacando su conversión, indicando un antes y un después, un Agustín previo y uno posterior.
Se formó en el norte de África. Buscaba la verdad, la verdadera sabiduría. Fue maniqueo durante diez años, pero seguía buscando la verdad: era un alma inquieta. Estaba en busca de la quietud… “nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Tenía una vida desordenada; su madre, Mónica, rezó mucho.
Cuando escribe “Las Confesiones”, una autobiografía espiritual de gran trascendencia, donde expone cómo era, qué le ha pasado y cómo quiere vivir a partir de ahora, tras el encuentro con Cristo, narra un encuentro personal que transforma su vida. Este encuentro lo transforma. Llega a ser presbítero, obispo de Hipona. Enseña, escribe mucho de manera emotiva y nos deja muchos sermones, mostrando gran vitalidad. Tiene muchos discípulos.
Más allá de la influencia de su madre, Mónica, lo que lo llevó a su conversión fue sobre todo su anhelo de encontrar la verdad y a Dios.
Otra obra que comentó fue “La ciudad de Dios”, donde San Agustín indica que hay que olvidarse de alcanzar la felicidad en la ciudad de los hombres y muestra cómo la felicidad perfecta está en la ciudad de Dios. Para los cristianos no es extraño: es en esta ciudad donde hay paz. Define la paz como la tranquilidad que viene del orden y que podemos aplicar en muchos ámbitos, mostrando pautas para pacificarnos. Y cuando hay desorden, caos o inquietud no hay tranquilidad, no hay paz.
A continuación expuso cómo aborda la condición humana, explicando que el ser humano es un gran milagro, un gran misterio. No sabemos lo que somos: somos un enigma. En lo más íntimo está Dios. Debemos preparar a la persona para que escuche al maestro interior.
Enigma, misterio, interioridad y exterioridad: le interesa lo que hay dentro.
Presenta las potencias del alma como un elemento trinitario:
- El intelecto, las inteligencias, la capacidad de comprender.
- La memoria, no como la de un ordenador sino una memoria emocional.
- La voluntad como motor de la persona.
La inteligencia nos permite reflexionar sobre nuestra vida y destaca que, en el ser humano, hay una interioridad habitada: te puedes encontrar con el maestro interior y escuchar qué quiere de ti.
En la segunda parte presentó la condición humana caracterizada por la incertidumbre y la fragilidad. La única certeza que tenemos es la muerte y desconocemos cuándo (muerte cierta, hora incierta). Sabes lo que hoy eres, pero no sabes lo que serás mañana. Nos damos cuenta de que, cuando se vive en la incertidumbre, hay angustia. Él vivió en tiempos de incertidumbre… y señala que la incertidumbre se acaba en la ciudad de Dios.
El pensamiento de la muerte nos entristece. El único antídoto a la desesperación de dejar de ser es la fe en la resurrección de la carne y la vida de la gloria.
El ser humano es vulnerable, necesitado, contingente… estas condiciones son la puerta de acceso a la humildad y a la comunidad. La persona que sabe que es frágil pide ayuda y crea comunidad. Nos ayudamos comunitariamente y se crean vínculos. La comunidad está ligada a la fragilidad.
La indigencia nos hace ser humildes. El necesitado es quien pide; todos tenemos carencias. Contingente es lo que existe pero podría no haber sido. Entonces surge la gratitud por el hecho de existir.
Lo que te sostendrá no puede ser un ser humano porque se encuentra como tú. San Agustín lo encuentra en el maestro interior, en la meditación de la Palabra que el maestro le dice.
Continuó exponiendo algunas características de las facultades de la persona humana, de las potencias del alma: la inteligencia, la memoria y la voluntad. La inteligencia nos permite leer dentro, descifrar lo que pasa en el corazón, ver lo que los demás aún no ven, elegir bien. La voluntad es la fuerza motriz de las personas que te impulsa a hacer cosas; es la base de la libertad. Si no hay voluntad no hay vida. ¿Qué alimenta la voluntad? Lo único que puede saciar el deseo del hombre es Dios. La memoria nos hace capaces de recordar; es fundamental para la identidad. Para San Agustín la memoria tiene carácter emocional.
El centro de la persona es el corazón: recordar es volver a pasar por el corazón lo que has vivido. La memoria es la condición del arrepentimiento, de la reconciliación. El arrepentimiento requiere memoria y sin memoria no hay perdón.
Terminó recordando que la persona humana ha sido creada, es imagen de Dios, que tiene una misión en el mundo y que tiene dones para trabajar y entregarlos al mundo, recordando que debe morir y cuestionando qué hará con esos talentos.
San Agustín es un filósofo que se recrea en la literatura; es un clásico que supera la prueba del tiempo, es una fuente de inspiración para muchos y sigue siendo válido para todos nosotros.
Durante la exposición se leyó algunos textos y fragmentos de algunos sermones, como el 13, el 109 y el 107, sobre la fragilidad de la vida humana.
Después de un espacio para plantear cuestiones, la sesión terminó leyendo el sermón 52: ¿Qué podemos decir de Dios? Si lo comprendes, no es Dios. Nos hace ser muy cautelosos. Nos ha dejado su Palabra.
La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía en el mismo santuario y concluyó con un almuerzo de fraternidad.









