Por: Ramon Oromí Farré
Este último fin de semana de febrero, unas setenta personas hemos respondido a la convocatoria de la décima edición de la Noche de los Animadores y Animadoras de la Fe (NAAF) del Movimiento de Centros de Esplai Cristianos Catalanes (MCECC). Monitoras, monitores, directoras, directores y acompañantes de toda Cataluña y de las Islas —entre ellas, una pequeña representación de los Grupos Txt de la Fundación de Esplais Santa Maria de Núria (FEMN)— nos reunimos para profundizar en el lema María: un liderazgo valiente. El encuentro propuso redescubrir su figura como mujer audaz y libre; como modelo de liderazgo; como referente espiritual con mirada feminista; y como inspiración en el ámbito de la educación en el tiempo libre y el acompañamiento.
María, un encuentro inesperado
La tarde del viernes, el equipo del Ámbito de la Fe ya lo tenía todo preparado para acogernos en el Albergue Abat Garriga. Para situarnos, repartidas por los espacios comunes de la casa había láminas con algunas advocaciones marianas de distintos lugares del territorio. También diversas citas bíblicas en las que aparecen mujeres —muchas veces sin nombre, desconocidas— y su aportación a la historia de la salvación.
Después de instalarnos y cenar juntos, se presentó el eje del encuentro mediante una primera dinámica de bienvenida y conocimiento. A través de las leyendas del hallazgo de cuatro imágenes marianas, trabajamos algunos valores clave para la educación en el tiempo libre de niños, adolescentes y jóvenes: el Claustro de Solsona, como símbolo de acompañamiento; Er, en la Alta Cerdaña, como referente de protección; la Fontcalda de Gandesa, como signo de igualdad de oportunidades; y Bellmunt, en Sant Pere de Torelló, como imagen de guía.
La jornada concluyó con una oración compartida a los pies de los iconos de la Virgen de la Alegría —patrona del MCECC— y del Cristo de San Damián, en la que reflexionamos sobre diversas virtudes de María y su presencia activa a lo largo de la vida de Jesús. El momento estuvo animado por un grupo de músicos y por la oración espontánea de las participantes. Al finalizar, muchos alargamos la velada con cantos, conversaciones y paseos disfrutando de la calma de la noche en Montserrat.
Iluminad la sierra catalana
El sábado comenzamos bien temprano. Antes de las siete nos pusimos en camino hacia la Cruz de Sant Miquel para contemplar la salida del sol. Allí, la meditación guiada por Maria Mercader nos invitó a reconectar con la Tierra, con el cuerpo y con todo lo que vive a nuestro alrededor. La niebla desdibujó el plan inicial, pero la luz terminó emergiendo lentamente sobre la montaña. Quizá esa fue la primera lección del día: como la presencia de Dios, que a menudo cuesta reconocer, pero siempre encuentra modo de manifestarse.
Mañana en el monasterio de Sant Benet de Montserrat
Después de desayunar, nos desplazamos para conocer de primera mano la realidad del monasterio de monjas benedictinas.
La hermana Citlalin nos dio la bienvenida, explicando los elementos simbólicos de la iglesia —el Cristo de los brazos abiertos, las mayólicas que representan dos momentos clave del ciclo litúrgico, el ambón y el altar de piedra de la montaña— y nos habló de su vida cotidiana: la Regla de San Benito, la oración, la vida en comunidad y la vocación. Posteriormente, la postulante Lucía nos acompañó al taller y a la tienda, donde descubrimos el proceso artesanal de elaboración de piezas cerámicas únicas, marcadas por la dedicación y el cuidado de los detalles.
En la segunda parte de la mañana, en la formación conducida por la monja Teresa Forcades, María emergió como una mujer activa, comprometida y clara en su palabra. Contemplativa, sí, pero también crítica y valiente: capaz de dar un “sí” libre en la Anunciación, de alzar la voz en el Magníficat y de actuar con iniciativa en Caná. Una mujer solidaria, sensible al sufrimiento y comprometida con la realidad. El encuentro concluyó con un diálogo abierto sobre diversidad, justicia social y los retos de futuro de la Iglesia, y con el rezo de la Sexta compartido con la comunidad.
De vuelta al albergue, tras la comida y un tiempo de descanso, comenzó la actividad de la tarde. La teóloga leridana Mar Pérez Díaz nos ofreció la charla «La marginación de la mujer como actitud no evangélica«. A partir del relato de la mujer con hemorragias (Mc 5), mostró cómo Jesús rompe las dinámicas de exclusión dejándose tocar y devolviendo dignidad a quien era invisible. El trabajo en pequeños grupos y la puesta en común nos ayudaron a preguntarnos cómo hoy la Iglesia está llamada a actuar con la misma actitud: acoger, escuchar y abrir espacios reales de igualdad. La tarde concluyó con la participación en la eucaristía en la iglesia del monasterio de Montserrat.
Balance y recogiendo los frutos
Después de cenar, compartimos una oración serena que nos permitió expresar las expectativas con las que habíamos llegado y todo lo que nos llevábamos. Lo hicimos anotando nuestra reflexión en dos papeles que después transformamos en una flor de papiroflexia como signo visible del camino compartido y de los frutos recogidos.
La mañana del domingo sirvió para recoger los espacios utilizados, comenzar a imaginar próximos encuentros y disfrutar de las últimas horas en Montserrat. Camino del camarín, los últimos participantes comentábamos cómo la NAAF 2026 había sido una experiencia intensa y transformadora. La combinación de espacios de oración, formación, silencio, naturaleza y diálogo nos ha permitido profundizar en la fe desde una perspectiva vivencial y comunitaria. Sin duda, el encuentro ha puesto de relieve el valor de encontrarnos y contrastar nuestra fe, nuestra vida y nuestras opciones con otros jóvenes, compartiendo inquietudes, retos y esperanzas. Esta unidad en la diversidad nos ayuda a reforzar nuestro sentido de pertenencia y nos anima a seguir trabajando por una Iglesia más evangélica, inclusiva y comprometida con las personas.
Espacios como este nos ayudan a crecer, a discernir y a vivir una fe más consciente, arraigada y disponible: una propuesta concreta para repensar nuestro estilo educativo, de acompañamiento, de compromiso y de liderazgo, caminando junto a los más pequeños y también junto a quienes ya no lo somos tanto. ¡Gracias, Madre!









