Balaguer acoge a los grupos de jóvenes Txt del Obispado de Urgell

Los grupos de jóvenes Txt del Obispado de Urgell nos hemos encontrado en Balaguer este fin de semana del 21 de febrero, donde hemos estado alojados en Cáritas Balaguer. El hecho de compartir espacio en un lugar vinculado a la caridad nos ha ayudado, desde el primer momento, a recordar que nuestra propuesta no es solo hacer actividades, sino educar en el servicio, la responsabilidad y el compromiso con los demás. Al llegar, dedicamos un primer momento a conocernos y a crear ambiente de grupo, acogiendo especialmente a los nuevos participantes. Queríamos empezar reforzando la idea de comunidad: sentirnos familia, caminar juntos y generar un espacio de confianza.

La primera gran actividad del fin de semana fue un momento profundo de interioridad a través de la metáfora de la “mochila emocional”. Nos permitió hablar de las cargas que cada uno lleva dentro y hacer visible que la fragilidad forma parte de la persona. Fue un espacio de escucha real, de respeto y de empatía, donde se subrayó que la comunidad cristiana no es un lugar de perfección, sino de acogida. Compartir lo que pesa nos ayuda a aliviarlo y nos recuerda que Dios camina con nosotros también en las dificultades.

A lo largo de la mañana y la tarde, distintas actividades lúdicas y gymkanas nos ayudaron a trabajar valores como la compañerismo, el esfuerzo, la honestidad, el respeto por las normas y la capacidad de aceptar tanto la victoria como la derrota. Se insistió en que lo importante no es solo el resultado, sino la actitud: saber ayudar al compañero, no dejar a nadie atrás y vivir el juego con alegría y humildad, actitudes plenamente vinculadas al Evangelio.

Al finalizar la tarde, subimos caminando hasta el Sant Crist de Balaguer, disfrutando de la puesta de sol como momento de contemplación y calma después de la intensidad del día. La visita al Santuario nos permitió conocer brevemente su historia y su valor artístico, pero sobre todo situarnos ante un espacio de fe significativo para la ciudad.

La noche estuvo centrada en el Padrenuestro. A través de una dinámica simbólica por grupos, fuimos profundizando en cada fragmento de la oración, reflexionando sobre qué significa decir que Dios es Padre, qué implica perdonar o cómo vivimos el “hágase vuestra voluntad” en nuestra realidad. Inspirados en el mensaje de Romanos 12, recordamos que somos un solo cuerpo en Cristo y que solo cuando todos llegamos se completa el camino. El día terminó con una oración en círculo, tomados de las manos, poniendo todo lo que habíamos vivido en manos de Dios.

El domingo lo vivimos como un tiempo de pausa e integración. Comenzamos con un desayuno compartido y después dedicamos la mañana al servicio, limpiando y adecuando los espacios utilizados. Este momento, sencillo pero esencial, nos educa en la responsabilidad y en la gratitud: no solo recibimos, sino que también devolvemos; no solo ocupamos un espacio, sino que lo cuidamos. Es una manera concreta de vivir el mandamiento del amor desde el servicio humilde.

A continuación, participamos en la misa en la iglesia del Sagrado Corazón de Balaguer, donde pudimos unir todo lo que habíamos vivido con la celebración de la fe. Durante la celebración también tuvimos una pequeña participación, colaborando en algunos momentos de la misa, lo que nos ayudó a sentirnos parte activa de la comunidad cristiana y no solo espectadores. La Palabra nos ayudó a entender que estas experiencias no son un paréntesis, sino parte de nuestro camino cristiano.

Después de comer juntos, realizamos la actividad de clausura, pensada para tomar conciencia de lo que cada uno se llevaba. Primero, resumiendo el fin de semana con un “titular” personal; después, identificando un momento significativo, una frase que quedaba grabada, un límite superado y una persona importante. Finalmente, con la idea de “bajar de la montaña”, reflexionamos sobre el reto de llevar a la vida cotidiana lo que habíamos vivido. Cada uno concretó un pequeño compromiso real para la semana, entendiendo que la fe se vive en gestos concretos y decisiones diarias.

La lectura de la Transfiguración (Mt 17,1-8) puso palabras finales al fin de semana: igual que los discípulos no podían quedarse en la montaña, nosotros también volvemos a la rutina enviados a transformarla con lo que hemos descubierto.

Así concluímos un fin de semana intenso, vivido en comunidad, con espacios de juego, servicio, reflexión y oración, con el deseo de que todo lo que se ha sembrado continúe dando fruto en la vida de cada uno.

Por: Lara Antunes

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