¡Ven Espíritu Santo!

¡Santa fiesta de Pentecostés!
Pascua llega a su culminación y da sus frutos de novedad.
El Señor Resucitado, fiel a sus promesas,
nos envía el Espíritu Santo Creador,
que procede del Padre y del Hijo,
y que es el alma de la Iglesia,
para que los cristianos nos dejemos guiar por este Espíritu
y amemos y hablemos, según el mismo Jesús,
y podamos realizar las obras de amor que Él hacía.

Estamos convencidos de que solos no podemos:
el miedo y la superficialidad nos paralizan,
el pecado nos aleja de Dios.
Pero con el Espíritu Santo en nuestro interior,
todo lo podemos y a todas partes llegaremos. El mundo nuevo llega.
Debemos confiar en Él, y dejarle actuar en nosotros.

Dejémonos guiar por este Espíritu,
que es viento de libertad y agua viva que brota en nuestro interior,
que es fuego de amor y lenguas de unidad entre los discípulos de Jesús,
que es vida y esperanza en medio de las pruebas y fracasos.

Es así como podremos dar el testimonio de alegría evangélica
que el mundo espera y necesita recibir de nosotros,
y podremos mostrar coherencia y autenticidad
de nuestro ser y de nuestro vivir como creyentes,
con humildad y espíritu de servidores de los más pobres, de todos.

Él es maestro de oración, que nos da las palabras adecuadas,
que nos libera del miedo y evita encerrarnos en la autorreferencialidad,
nos empuja a amar más allá de todo cálculo,
sin condiciones, con esperanza y perseverancia,
yendo a las periferias existenciales del mundo, donde las personas sufren,
para anunciar con palabras y obras el Evangelio de la misericordia.

Abrámonos a la acción misteriosa del don del Espíritu Santo
que ya hemos recibido por el bautismo y la confirmación,
y que la Pascua actualiza y renueva en nosotros.
Que Dios nos infunda el Espíritu Santo Defensor
con sus siete dones de vida y de gracia divina:
que nos dé el espíritu de sabiduría y de inteligencia,
el espíritu de consejo y de fortaleza, el espíritu de ciencia y de piedad,
y que nos llene con el espíritu de su santo temor.
¡Santa Pascua granada de los frutos del Espíritu!

Compartir
Firmeza cuando sea necesario; dureza nunca; dulzura y caridad siempre (Beata Ana María Janer)
d’Amic e Amat
Firmeza cuando sea necesario; dureza nunca; dulzura y caridad siempre (Beata Ana María Janer)
Queridos diocesanos,
querida iglesia de Urgell,

Hoy recordamos, con toda nuestra iglesia diocesana, la memoria litúrgica de una mujer religiosa del siglo XIX que supo captar la realidad de la sociedad y de la tierra en la que vivía. Se trata de la Beata
next arrow
previous arrow

Últimas Noticias

Agenda