Jueves Santo. Misa Vespertina de la Cena del Señor

El jueves día 18 de abril se inició el Triduo Pascual en todas las iglesias y comunidades religiosas de la Diócesis de Urgell, con la solemne celebración de la Eucaristía del Jueves Santo o de la Cena del Señor. En la Catedral de Sta. Maria de La Seu de Urgell presidió la celebración vespertina del Arzobispo Joan-Enric Vives, concelebrada por los Canónigos y los sacerdotes de la Ciudad.

Mons. Joan-Enric puso de relieve en su homilía los misterios que se celebran en este Día Santo: la Institución de la Eucaristía por parte del Señor Jesús, celebrando la Última Cena con los discípulos; el mandamiento de la caridad y el amor fraterno, que nos lleva a servir a los demás lavándoles los pies y la institución del sacerdocio ministerial por voluntad del Señor, que quiere que, a través de los sacerdotes, se haga presente su Amor por todos los hombres. El Arzobispo animó a los fieles a amar mucho a la Eucaristía donde para los cristianos Jesús se hace presente misteriosamente pero realmente bajo las especies eucarísticas del pan y del vino. También subrayó cómo tenemos que agradecer el don del ministerio ordenado y de tantos y tantos sacerdotes que estos días se multiplican para llevar la Eucaristía a todos los pueblos de la Diócesis, y exhortó a los fieles a quererlos y acompañarlos con la oración y la fraternidad para que ante las dificultades del momento actual no se desanimen. Finalmente glosó la actitud creyente y agradecida de la judía convertida al catolicismo, Raïssa Maritain, que siempre dio gracias a la Iglesia por todo lo que en ella había encontrado, especialmente los sacramentos y la gracia. La Iglesia siempre cumplió.

Mons. Vives animó a los fieles a vivir con intensidad este Triduo Pascual y a tener presentes especialmente a los pobres, los enfermos, los encarcelados, los refugiados y todos los que sufren en estos días.
Al terminar, el Arzobispo lavó los pies a cuatro hombres, para significar el servicio y el amor que son el mandamiento nuevo del Señor.
La celebración se cerró con la sencilla procesión con el Santísimo Sacramento por el interior de la Catedral hasta el Monumento y su adoración devota.
Por la noche, recordando la oración en el huerto de los Olivos, muchos fieles se reunieron en muchas Vigilias de oración y adoración al Señor releyendo las palabras del Señor y el Maestro en la última cena.