Acción de gracias por el Beato P. Xavier Morell, religioso claretiano y mártir

La Diócesis de Urgell celebró el domingo 19 de noviembre la misa de Acción de Gracias por la beatificación del P. Xavier Morell Cabiscol, hijo de Albesa y que sufrió martirio en agosto de 1936. Fue beatificado en Barcelona el pasado mes de octubre con otros 108 religiosos claretianos que derramaron la sangre por Jesucristo y la Iglesia. La celebración fue presidida por Mons. Joan-Enric Vives en la parroquia de Santa María de Albesa, y concelebrada por el Administrador Provincial de los Claretianos en Cataluña, el P. Ramon Olomí, por el Rector de Albesa, Mn. Alfonso Velásquez, Mn. Ramon Clua, el Secretario General Mn. David Codina y el diácono Mn. Antoni Baldomà. Asistieron a la Eucaristía los familiares del P. Morell y numerosos vecinos y fieles de Albesa y entornos, con la Coral Parroquial.
El P. Xavier Morell fue asesinado durante la persecución religiosa de 1936 en el cementerio de Lleida y enterrado en la fosa común. Tenía 25 años y hacía sólo pocos meses que había sido ordenado sacerdote en Barbastro y formaba parte desde hacía unos pocos meses de la comunidad claretiana de Lleida.
Mons. Vives resiguió en su homilía la carta que el Beato escribió desde la cárcel a sus queridos padres, justo antes de ser fusilado y en la que mostró un gran espíritu de sacrificio y de amor: "muero contento y con gusto ofrezco mi vida".
"Hay que hacer fructificar los talentos", señaló Mons. Vives, en referencia a las Lecturas del día y glosando las palabras del P. Morell y su actitud generosa en el momento de su muerte.

Los sobrinos del P. Morell han conservado la carta original que estuvo presente durante la celebración de la misa, con el relicario de los nuevos Beatos que los Claretianos han regalado a la Diócesis, y que quedará depositado en Albesa, para la veneración de los fieles.

Al finalizar la celebración, el P. Olomí dijo unas palabras de agradecimiento "para esta vida puesta en la tierra que ha dado grandes frutos" y recordó el impulso misionero y de transformación de la sociedad que anima y fructifica en los Claretianos todo el mundo y especialmente en estos 109 religiosos que murieron entre 1936 y 1939.

Tras la celebración eucarística tuvo lugar un encuentro en la Rectoría en torno a una abundante torta y vino dulce de hermandad.