Confirmaciones en Puigcerdà

El domingo 20 de septiembre del Arzobispo Joan-Enric administró el sacramento de la Confirmación a 25 jóvenes de la Parroquia de Sta. María de Puigcerdà (La Cerdanya) en la Eucaristía dominical. Concelebraron con el Arzobispo el Rector de la Parroquia de Puigcerdà, Mn. Josep Grau y el Arcipreste de Nuria-Cerdanya, Mn. Josep Uriel Álvarez, con Mn. David Codina. Asistieron los familiares y amigos de los confirmandos y los catequistas que les habían preparado durante el curso pastoral 2019-2020 hasta que había quedado interrumpido por la pandemia y que a lo largo de este inicio de curso 2020, en las semanas próximas a la celebración del sacramento, los han vuelto a preparar con una catequesis intensiva a la que han participado con mucha ilusión y perseverancia los jóvenes recibiendo también el sacramento del perdón.

En su homilía el Arzobispo glosó el Evangelio proclamado en ese domingo (Mt 20,1-16) donde Jesús propone la parábola del propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viña y a todos paga su salario. El Arzobispo remarcó cómo Dios Padre siempre sale a buscar a sus hijos (de buena mañana, a media mañana, hacia el mediodía, a media tarde y antes de ponerse el sol) porque es un Padre lleno de misericordia y amor, que no se cansa de buscarnos y de invitarnos a trabajar con Él. La parábola muestra cómo al atardecer, el dueño de la viña paga el jornal, a todos lo mismo, hayan trabajado más o menos horas en la viña del amo. Y esto genera que los trabajadores que han hecho más horas "se quejen" porque no entienden al dueño. Necesitamos ver la vida desde la perspectiva y óptica de Dios: la bondad, la misericordia y el perdón y no desde nuestros criterios de egoísmo o méritos ante Dios. En este sentido animó a los jóvenes a ser generosos siempre en la vida, en el instituto, en sus relaciones con los amigos, compañeros, trabajo, etc. asemejándose a Dios mismo, y les recordó la otra parábola que habla del perdón y la misericordia como es la del Hijo Pródigo (Lc 15,11-32) donde, cuando el hijo mayor refunfuña y no quiere entrar en casa para la fiesta que el padre ha organizado para el regreso de su hermano pequeño pecador, el padre, que también sale al encuentro de su hijo mayor como el propietario de la viña, le debe recordar que: "hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo". La gracia y el amor de Dios es lo que nos salva. Tenemos que aprender a vivir la alegría de trabajar en la viña de Dios; eso es lo que realmente importa, y no la cantidad del tiempo.

Al final de la Misa la Parroquia regaló a los jóvenes confirmados el libro de los 4 Evangelios y el Arzobispo les recomendó cada día leer un pequeño fragmento para que los acompañe en su crecimiento como cristianos. Y también les animó a tener una actitud abierta y valiente ante la actual pandemia que no les cerrara en desconfianzas, miedos y angustias, y que participaran de la Eucaristía dominical con alegría y asiduidad, ahora que habían recibido la plenitud del Espíritu Santo.