Iª Jornada Mundial de los Abuelos y de la Tercera edad en Urgell

La Diócesis de Urgell celebró el día 25 y también el 26 de julio, la Iª Jornada mundial de los Abuelos y Ancianos, según la inspiración del Papa Francisco. El Arzobispo Joan-Enric Vives la presidió la Residencia de San José para la tercera edad, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de La Seu de Urgell, con una solemne Eucaristía el día 25 de julio, unida a la festividad de Santiago Apóstol.

La Superiora de la Residencia, Sor Rosario Martínez, al inicio de la fiesta indicó el sentido de esta Jornada y el lema, «Yo estoy contigo día a día» (cf. Mt 28,20) remarcando aquella promesa que el Señor hizo a sus discípulos y que hoy aplica a los queridos abuelos y abuelas. Toda la Iglesia debe ser cercana y preocuparse más por las personas mayores, amándoles y no dejándoles solos.

El Arzobispo en la homilía, después de comentar el texto de Jesús que no ha venido a ser servido, sino para servir y dar la vida por toda la humanidad, remarcó que el Santo Padre en su Mensaje comenta que la pandemia ha sido una tormenta inesperada y violenta, una dura prueba que ha golpeado la vida de todos, pero ha reservado un trato más duro a la gente mayor. Muchos han enfermado, se han ido o han visto como se apagaba la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante un largo tiempo. El Señor conoce cada uno de sus sufrimientos y su soledad no le es indiferente. Cuando todo parece oscuro, el Señor sigue consolando ancianos.

Los ancianos deben comprender mejor su vocación de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y tener cuidado de los pequeños. Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que los ancianos, mejor que otros, pueden ayudar a colocar: los sueños, la memoria y la oración. La proximidad del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los ancianos más frágiles, por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración. Es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad existe la posibilidad de que los jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro. «La oración de los ancianos puede proteger el mundo, ayudándole de manera tal vez más incisiva que la solicitud de muchos», decía el Papa Benedicto XVI. Mientras atravesamos, todos en la misma barca, el mar tempestuoso de la pandemia, la intercesión por el mundo y por la Iglesia no es en vano, sino que indica a todos la serena confianza de un lugar de llegada y de plenitud de vida.