Retiro para los sacerdotes de los Arciprestazgos de Alt Urgell, Andorra y Nuria-Cerdanya

El día 27 de mayo, Fiesta de Jesucristo Sumo Sacerdote para siempre, el Arzobispo Joan-Enric presidió en la iglesia de la Inmaculada del Seminario diocesano de La Seu de Urgell, un Retiro sacerdotal para los presbítero de la circunscripción primera que comprende los Arciprestazgos Alt Urgell, Núria-Cerdanya y Valles de Andorra.

Asistieron los que residen en la Residencia Sacerdotal del Seminario y una buena representación de sacerdotes.

En un clima de oración y adoración al Santísimo Sacramento, el Arzobispo predicó el retiro a partir del Prefacio I de las Ordenaciones (el de la fiesta), donde se señala que el único sacerdocio de Jesucristo ha sido perpetuado en la Iglesia a través de los sacerdotes concretos, ministros elegidos por Cristo. De esta manera no sólo se enriquece con un sacerdocio real el pueblo de Dios sino que "llevado por su amor fraterno, elige unos hombres que, por la imposición de las manos, participen de su sagrado ministerio, renueven en su nombre el sacrificio de la redención humana y preparen el banquete pascual". Y fue glosando meditativamente el texto del Prefacio.

El Arzobispo destacó la figura del sacerdote como "aquel que da gracias y que enseña a dar gracias al pueblo de Dios". A través del texto del prefacio que es la parte de la anáfora reservada para ser proclamada por los sacerdotes. Todo presbítero debe sentirse siempre urgido a vivir la caridad pastoral que es el centro de su espiritualidad porque "movidos por la caridad, como pastores vayan delante del pueblo, lo alimenten con la palabra y lo rehagan con los sacramentos".

El retiro intercaló momentos de meditación con ratos de silencio y de oración personal, con algunos cantos adecuados. Terminó con la bendición con el Santísimo Sacramento impartida por el Sr. Arzobispo y que quería que llegara a todos los sacerdotes de la Diócesis, a los seminaristas, y a las vocaciones en camino de discernimiento. Y se rogó por los sacerdotes mayores y enfermos, los que han sufrido la pandemia de forma más grave, con miedos o aislamiento o angustia, los sacerdotes que experimentan la tentación o la debilidad, todo el mundo, y pidiendo perdón por aquellos que han desfigurado con su pecado el rostro del ministerio sacerdotal. También encomendó la fraternidad entre todos los sacerdotes y pidió la aportación de entre todos, para que se amen y ayuden a los otros, manteniendo una comunión afectiva con el obispo propio, cabeza del presbiterio diocesano, y con la familia diocesana.