¡Cristo es nuestra esperanza!

Muchas noticias nos confunden y colorean de gris nuestra vida. Necesitamos reencontrar la esperanza, una esperanza elevada y grande, que no se conforme con las cosas materiales, que distraen tanto, o con las fruición de los sentidos, que en seguida se esfuman... ¿Qué puede dar sentido y esperanza a la humanidad? Algunos lo buscan en el progreso de la medicina o de las relaciones de solidaridad, en dar pasos adelante en el respeto de los derechos humanos y de las libertades, en el cese de las violencias, el terrorismo y la guerra... Seguro que este abanico de necesidades humanas solucionadas son tejido de la esperanza. Pero si somos sinceros, ¿eso nos basta? ¿Qué puede calmar la sed profunda de mayor realización como personas, de justicia justa, de mayor amor mutuo y, sobre todo, de vida para siempre?

¡Sólo Cristo es nuestra esperanza! ¡Sólo en Él podemos confiar y encontrar la verdadera Paz! "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande... Acreciste la alegría, aumentaste el gozo", nos dirá el profeta Isaías (Is 9,1-2) la próxima noche de Navidad. La esperanza es un don que viene de Dios, es la certeza de que Dios no abandona la humanidad, y le pide que salga fuera de la comodidad, de los propios intereses, y abra su corazón a los demás, al Amor.

Jesús, nacido en Belén, es nuestra esperanza. "Dios, que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?" (Rom 8,32). Dios mismo se ha decidido a "encarnarse", hacerse hombre, igual que nosotros menos en el pecado, tomando sobre sí toda la maldad del mundo para vencerla y poner la luz de la esperanza auténtica, y en Él ya nos lo ha dado todo. Dios en Jesús ha querido "necesitar" de nosotros; se ha hecho débil y pequeño, humilde y servicial hasta dar su vida en rescate por todos... Si celebramos su nacimiento es porque nos ha salvado dando su vida por amor, en la cruz, y resucitando para abrirnos las puertas de la eternidad. Ya es posible ser hombre porque Cristo ha santificado y llenado de Espíritu Santo nuestra humanidad.

Y es que Dios ha querido necesitar de personas a quienes amar, a quienes perdonar todas las culpas, para lanzarlos a una gran esperanza, una vida sin fin, vida eterna de alegría y de amor, a existir para siempre en Él .

Estos días ya próximos a la Navidad, hagamos el pesebre, repasemos canciones, preparemos los encuentros de familia, de los amigos y de los compañeros del trabajo, no nos olvidemos de compartir solidariamente con los pobres... pero pasemos ante el pesebre de casa algún rato de silencio y oración. No dejemos de hacer el pesebre, porque en pequeño, podremos contemplar la gran obra de Dios, lo que Él ha hecho por ti y por mí, y por todos... Y, aún más, podremos contemplar "como" lo ha hecho, y "con quién" lo ha hecho: desde la parte de los débiles y los pequeños, desde el amor que todo lo da y atrae a darlo todo con perfecta alegría, con la entrega total de la Virgen María y de su esposo San José.

¡Pongamos todo nuestro interés en preparar bien estas fiestas de Navidad y miremos de ser atrevidos en amar como Cristo, que es nuestra esperanza!