Por un trabajo decente

Los obispos de Cataluña acabamos de reclamar la atención de los cristianos y de la sociedad sobre el compromiso que debemos tener para que todos puedan conseguir "un trabajo decente" en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. Este es un breve resumen de nuestro Mensaje:

1. En Cataluña siguen habiendo más de 650.000 personas paradas (más de 4.700.000 personas en el conjunto del Estado español, según datos de comienzo del 2016). En los últimos años se han aplicado algunas medidas en favor de una recuperación económica que han dado la vuelta a las condiciones de trabajo de muchas personas en cuanto a temporalidad, tipo de jornada, y nivel salarial.
Hoy, el empleo ya no garantiza salir de la pobreza, como lo demuestra el hecho de que el número de los llamados «trabajadores pobres» vaya creciendo de manera progresiva, ya que la tasa de riesgo de pobreza en el trabajo en Cataluña ya se encuentra en el 11,7% de los trabajadores. Cada vez nos encontramos más personas excluidas del mercado de trabajo, otras con unas condiciones laborales indignas, muchas trabajando en la economía sumergida y muchos jóvenes que siguen sufriendo una falta de perspectivas laborales que les angustian y que nos deben preocupar a todos.

2. Se hace necesario un trabajo decente para la persona y para la sociedad, ya que el trabajo tiene un papel fundamental y decisivo en la vida personal, familiar y social de los ciudadanos. Cuando el trabajo y sus condiciones se ven profundamente deteriorados, toda la vida personal, familiar y social se ve afectada negativamente. El trabajo es un bien y un derecho fundamental de toda persona, vinculado a la dignidad humana; con trabajo, las personas son creativas, útiles y obtienen un reconocimiento social que los dignifica.

3. El Concilio Vaticano II afirma que «el trabajo es un derecho fundamental y un bien para la persona humana» (GS 26). Hay que promover una economía que genere oportunidades, iniciativa empresarial, desarrollo, puestos de trabajo y formas de vida más sostenibles para todos. En un texto muy lúcido, Benedicto XVI afirma «¿Qué significa la palabra decencia aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a tener que trabajar; un trabajo que permita a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación» (CinV 63).

El camino hacia el trabajo decente debería ser una prioridad en las políticas de los gobiernos y en los objetivos de los agentes sociales y empresariales. La economía no puede ser nunca un absoluto y debe estar siempre al servicio de las personas. Como dice el Papa Francisco, «no es aceptable una economía de la exclusión y la desigualdad, que mata» (EG 53).