Salir a llevar la compasión de Dios a toda la familia humana

«El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de manera especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión hacia los que aún no conocen la fe (ad gentes) como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material». Así comienza el Papa Francisco su Mensaje para la Jornada mundial de las Misiones, Domund, que celebramos en este domingo. La Iglesia es esencialmente misionera y testimonio de misericordia, y por ello «todos estamos invitados a "salir", como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana».

Actualmente tenemos unos 500 misioneros catalanes esparcidos por el mundo, y unos 12.000 de toda España, que han marchado para enraizarse en sus nuevos países y lenguas de adopción, que anuncian y sirven con el amor de Cristo y por el amor de Cristo. La mayoría son religiosos y religiosas, pero también hay sacerdotes diocesanos, y actualmente también muchos laicos y muchas familias enteras, que han "salido", como Abrahán (Gn 12). Nos podemos sentir muy orgullosos de su labor. Recientemente la joven misionera catalana Isa Solà, religiosa de Jesús María, ha sido asesinada en Haití y el impacto tan grande de su vida comprometida y alegre, nos ha vuelto a poner delante de los ojos toda la inmensa tarea que los misioneros desarrollan calladamente en todo el mundo. Sobre todo en lugares difíciles y peligrosos, y no quieren marcharse. Desde su misión, interpelan nuestra fe y nuestras actuaciones, nuestro estilo de vida y nuestras riquezas que nos matan la sensibilidad. "Sal de tu tierra", dice el lema de este Domund 2016: el mandamiento de Dios reclama que "salgamos" para ir al otro, a los hermanos, y ofrecerles un testimonio humilde pero coherente de nuestra fe en Jesucristo, y una solidaridad efectiva en los problemas y carencias que puedan estar viviendo. Anunciar la misericordia de Dios, corazón del Evangelio, e intentar que llegue a todo el mundo, a toda persona. «Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos», escribe el Papa Francisco en su mensaje, y destaca que «esto es más necesario aún si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede llevar alegría y reconciliación, justicia y paz».

En este año se cumple precisamente el 90º aniversario de la creación de la Jornada Mundial Misionera, promovida por la Obra Pontificia de Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926, «para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio de un extremo al otro de la tierra». Conviene que todos seamos más misioneros, lejos y cerca, ya que actualmente nos damos cuenta de que la misión comienza muy cerca, quizás en nuestras propias familias que se olvidan de la fe o se han dormido en la comodidad egoísta. Seamos responsables de las comunidades más jóvenes, de las que tienen menos recursos y necesitan que les ayudemos. ¡Salgamos en ayuda de los misioneros!