Aprender a pararnos y descansar

Agosto es cuando más visitantes recibimos en nuestra Diócesis de Urgell, junto con el tiempo de nieve del invierno, y queremos acogerles con los brazos abiertos. Muchos son hijos de la Diócesis o tienen aquí sus raíces familiares lejanas. Otros se han enamorado de la belleza de nuestros lugares y paisajes, y de la acogida de la buena gente de nuestros pueblos... y quizás han construido aquí su casa. Otros están de paso y con muchas ganas de conocernos a fondo... A todos os abrimos el corazón, y os decimos que la Diócesis de Urgell, con muchos siglos de historia de vida cristiana ininterrumpida, os acoge y os ofrece su vida comunitaria y sacramental, celebrada en nuestros antiguos templos románicos y posteriores, con un patrimonio riquísimo que estamos constantemente reparando y embelleciendo, para que todos podamos disfrutarlo y nos sea camino hacia la trascendencia y la espiritualidad.

Agosto es el pico más alto de las vacaciones. Los escolares ya hace días que las disfrutan pero ahora son las familias las que mayoritariamente se reencuentran. Oportunidad renovada de convivencia de las diversas generaciones dentro de las familias. Es tiempo de detenernos, de descansar, de saber escuchar mejor, de encontrar tiempo para la oración, el dulce pasar el tiempo sin hacer demasiadas cosas, y disfrutar de la naturaleza, contemplándola, y por ella, llegar al gozo de reconocer y alabar al Creador. "¡Alabado seas, mi Señor... por todas las obras bellas que nos ofreces!". Con todo, no dejemos de tener presentes, también, a los que cerca de nosotros no pueden hacer vacaciones, sea por exigencias del trabajo, o porque no pueden hacer gastos, o porque están enfermos o deben cuidar de algún anciano o de algún niño. También a vosotros os decimos que la Diócesis reza por todos, y se une a vosotros. ¡No os olvidamos!

Los cristianos estamos llamados a dar sentido a todo lo que vivimos. Nunca podemos dejar de ser levadura del Reino de Dios para el mundo; también durante las vacaciones. Es así como este tiempo de parada -largo o corto- puede convertirse en un tiempo para reponernos, para ordenarnos de nuevo, para disfrutar de conocimientos y de lugares nuevos, tiempo para orar y leer un poco más, y para acercarnos a la maravilla de la naturaleza sin prisas, admirándola, respetándola. Y sobre todo las vacaciones son tiempo para acercarnos más a Dios y a nuestras familias. Días para renovarnos y días para reencontrar nuestros orígenes, los amigos y la familia, los pueblos, y redescubrir nuestra profunda vocación a amar y a ser amados, a perdonar y a recomenzar de nuevo unas mejores relaciones de aceptación, de amor y de servicio.

Deseo que podáis disfrutar aunque sea de unos pocos días de vacaciones y de cambio de ritmo, para que nuestra entrega de cristianos se beneficie. No se trata de marchar por marchar, que eso también cansa. Jesús nos invita a confiar en Él, y nos dice: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados; Yo os aliviaré" (Mt 11,28). Es una invitación a descansar en Él, a reposar serenamente, a acoger su Misericordia que todo lo sana y recompone. El Papa Benedicto XVI recomendaba: "En tiempos de parada, dejemos amplio espacio a la lectura de la Palabra de Dios, en particular al Evangelio, ¡que no debéis dejar de poner en vuestras maletas en estas vacaciones!". Hagamos caso. Releer el Evangelio podría ser un pequeño compromiso de agosto, o de cuando podamos tener un tiempo de parada. ¡Buen verano a todos!