María Magdalena: potenciar el papel de la mujer en la Iglesia

Acabamos de celebrar el viernes la fiesta litúrgica de Santa María Magdalena, por expreso mandato del Papa Francisco, con un relieve más grande, como "apóstol de los apóstoles", según dice el título de su prefacio propio. Y ya anteriormente, el Papa había modificado el rito del Lavatorio del Jueves Santo para que pueda ser realizado con hombres y con mujeres, indistintamente. Es un anhelo de visibilizar la igualdad y la dignidad de la mujer. Un trabajo que ya se hace, pero que tenemos que hacer más.

En numerosas ocasiones el Papa Francisco ha llamado la atención sobre el escaso papel de la mujer en la Iglesia. Volviendo de la JMJ de Río de Janeiro (2013) el Papa aseguró que entre las tareas pendientes de la Iglesia estaba «una teología de la mujer» en la Iglesia y un papel más activo. «Tenemos que avanzar en la explicitación de este papel y carisma de la mujer en la Iglesia. No se puede entender una Iglesia sin mujeres. Pero mujeres activas en la Iglesia, con su perfil, que vayan adelante. En la Iglesia hay que pensar en la mujer en esta perspectiva de decisiones arriesgadas, pero como mujer. Creo que todavía no hemos elaborado una profunda teología de la mujer en la Iglesia».

Celebrando el 25º aniversario de la carta apostólica «Mulieris Dignitatem» de S. Juan Pablo II, nuevamente el Papa manifestó que la Iglesia ha de interrogarse por la presencia que otorga a la mujer, y lamentó que se confunda en ocasiones el "servicio" con la «servidumbre». «Sufro, lo digo de verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas organizaciones eclesiales que la función de servicio de la mujer, que todos tenemos y debemos tener, se transforma en un papel de servidumbre». E insistió en ello: cuando una mujer es relegada a tareas más bien propias de la servidumbre, se hace porque no se comprende bien su verdadero papel. «La mujer tiene una especial sensibilidad por las 'cosas de Dios', sobre todo para ayudar a comprender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene por nosotros». También en la Comisión Teológica Internacional, celebró la mayor presencia de mujeres, pero dijo que aún debían ser más. Y pidió "una presencia femenina más capilar e incisiva en las comunidades», ya que «la Iglesia es mujer, es 'la’ Iglesia, no ‘el’ Iglesia", y confesó que «me gusta describir la dimensión femenina de la Iglesia como un seno acogedor, que genera y regenera la vida». Esta mayor presencia que él reclama, requerirá «muchas mujeres implicadas en la responsabilidad pastoral, en el acompañamiento espiritual de personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica». Y hace dos meses, ante 900 Superioras de Institutos religiosos femeninos reunidas en Roma, aseguró que quisiera instaurar una Comisión para el estudio del diaconado femenino.

Convendrá que en las parroquias e instituciones de la Diócesis y de la Iglesia universal reflexionemos y saquemos conclusiones operativas. Fijémonos en Santa María Magdalena: El nuevo prefacio de su fiesta alaba a Dios Trinidad, y remarca que Jesús «se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella lo había amado en vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos; y Él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo. Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos». Sí, hermanos y hermanas, alabemos al Señor por la Bienaventurada Virgen María, por santa María Magdalena, «apóstol de los apóstoles», y por todas las mujeres que tanto han trabajado y trabajan por el Reino de Dios en la Iglesia.