Lourdes, misericordia activa hacia los pobres

"La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza a lo largo de su existencia" (Papa Francisco). La semana que iniciamos, del 23 al 26 de mayo, tendrá lugar la peregrinación con enfermos a Lourdes de la Hospitalidad diocesana de Urgell. Seremos unos 500 peregrinos y unos 90 enfermos, en la peregrinación número 38, que busca la protección de María, Madre de misericordia, en aquel lugar donde Ella quiso mostrar su misericordia para la humanidad, y especialmente para todos los que sufren en el cuerpo y en el espíritu.

Es Año de Jubileo, y quienes visitaremos Lourdes este año pondremos mayor atención en la Puerta de la misericordia, en la confesión de los pecados retornando a Dios, en la comunión y adoración eucarística y en el dejarnos guiar por Sta. Bernardita, "con ella", y tras sus pasos, para vivir el Evangelio en medio de nuestras tareas cotidianas. Acogeremos el hecho de que la Virgen María escogiera a una pobre y humilde joven del Alto Pirineo, que sufría en carne propia las marginaciones sociales, económicas y culturales que provocaban la industrialización y las "cosas nuevas" del siglo XIX, a fin de darle a conocer, en su propia lengua occitana, "que soy era Immaculada Councepciou", y que quería atraer más y más hacia su Hijo a todos los que sufren.

Aquel mensaje de misericordia sigue vivo, y sigue atrayendo multitudes de peregrinos, con nuestras intenciones y con nuestros achaques y enfermedades. Y Lourdes sigue haciendo bien a todo aquel que se acerca con fe y devoción, porque nos impulsa a una "conversión de mirada" hacia los pobres y las causas de sus pobrezas. Debemos valorar mucho todo el esfuerzo y la entrega de quienes preparan las peregrinaciones, y los que viajan como enfermeras, brancadiers, ayudantes... Una multitud de voluntarios, que durante el año continúa también su labor de servicio y de acompañamiento, de vivencia de las obras de misericordia. La peregrinación a Lourdes es especialmente fecunda cuando uno se une a los enfermos, y se deja atraer por el misterio redentor del sufrimiento.

¡Son tantos los momentos intensos que se viven de oración y de proximidad a la Virgen María ya su Hijo, y son tantas las ocasiones para vivir el servicio, el amor, la amistad y la fiesta! En Lourdes recibimos la efusión del Espíritu que nos fortalece y que no deja de acompañarnos hacia "la verdad" revelada en Cristo. Verdad sobre uno mismo, verdad de la vida, de lo que tiene más valor, de lo único necesario... Y los enfermos, especialmente los niños, ¡nos ayudan tanto! ¡Cuántas cosas cambian, cuántos problemas parecen insignificantes, cuánta vida y cuánta gracia hay escondida entre los que sufren y que no dejan de acercarnos a Cristo Vivo entre nosotros! Esta lección es la que todos nos podemos llevar de Lourdes: ¡el valor único y eterno del amor! Dios es misericordioso, y especialmente en este Año jubilar, queremos ser "misericordiosos como el Padre" (Lc 6,36). Amar más. Ofrecer todo lo que somos, con María, para hacernos siervos humildes del Señor. Trabajar por el bien de todos nuestros hermanos que sufren, especialmente por los más olvidados. Creer más en el valor de la gracia de Dios y en el valor de las cosas gratuitas que nos podemos regalar unos a otros, especialmente oración, compañía, amistad, apoyo en las adversidades, espíritu de abnegación en el servicio y la ayuda a todos los que nos necesitan. Que este mensaje lo sepamos transmitir a nuestras parroquias y pueblos, y que se vaya contagiando a toda nuestra Iglesia diocesana.