¡Ven Espíritu Santo y renuévanos!

¡Os deseo a todos Santa Pascua de Pentecostés! 
¡Cristo realmente ha resucitado, aleluya, 
y nos envía el Espíritu Santo Defensor y Renovador! 

La mañana de Pentecostés, el fuego del Espíritu Santo 
descendió sobre los apóstoles y María, reunidos en el Cenáculo. 
Don inefable del Padre, 
que por Jesucristo, los unía como Iglesia 
y los enviaba al mundo, para que fueran sus testigos 
hasta los lugares más alejados de la tierra. 

También hoy el Padre nos envía el Espíritu Santo Defensor, 
que nos hará cristianos valientes y coherentes en la fe, 
testigos de la vida nueva del Resucitado, 
luchadores contra el pecado y la corrupción, 
y llenos de los dones del Espíritu, que todo lo vivifica. 

No nos cerremos a la acción suave y consoladora del Espíritu 
que nos llena con la misericordia de Dios, 
y cura nuestras heridas. ¡Nos renueva totalmente! 
¡Nada de egoísmo, legalismo rígido, hipocresía 
y olvido culpable de la acción de Dios, que tanto nos ama! 

El Espíritu nos ayudará a vivir la existencia como servicio, 
y a ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. 
Sin Él, nada podemos. 
Sin Él, todo se nos marchita. 

El mundo nos necesita cargados de los frutos del Espíritu: 
amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad, 
mansedumbre y dominio de nosotros mismos... 
Con la fuerza del Espíritu podremos difundir el Evangelio 
sembrar con perseverancia la reconciliación y la paz, 
ser fieles a la vocación recibida, 
edificar comunidades confesantes y testimoniales, 
y sobre todo amar como Jesús amaba, 
con obras y de verdad. 

¡Santa Pascua de Pentecostés a todos, 
granada de los dones del Espíritu Santo!