La alegría del amor en la familia (y 2)

Discernir, acompañar e integrar. Estos 3 verbos son una de las claves de la nueva Exhortación apostólica del Papa Francisco "La alegría del amor en la familia" (Amoris Laetitia), fruto de los dos Sínodos de Obispos de los años 2014 y 2015, que la prepararon.

El discernimiento hace referencia directa a la conciencia y la realidad. El Papa Francisco repite a menudo que un peligro a evitar es el de ser abstractos, teóricos, idealistas. Francisco enseña que no basta con insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales sino que hay que "motivar la apertura a la gracia [...] para presentar el matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida" (AL 37). Es en este contexto que el Santo Padre anima a "dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites, y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas" (AL 37). Ahora bien, el mismo Papa afirma que el discernimiento del que se habla no niega las exigencias de verdad y caridad del Evangelio propuestas por la Iglesia (AL 300), cayendo en la gradualidad de la ley (cf. AL 295 y 300) que nos haría caer en el relativismo individualista por el que la persona sola decide qué es bueno y qué es malo. Al contrario, se afirma la ley de la gradualidad, es decir, un progreso en el conocer, en el desear y en el hacer el bien.

En cuanto al acompañamiento, la Exhortación afirma que hay que "acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles del crecimiento de las personas que se van construyendo día a día" (AL 308). Ahora bien, el mismo Papa dice inmediatamente que hay que hacer esto "sin disminuir el valor del ideal evangélico". Por eso la Exhortación subraya la necesidad de guiar a los prometidos en el camino de preparación al matrimonio y de acompañar a los esposos en los primeros años de vida matrimonial, ofreciendo algunos recursos concretos para estos primeros años (cf. EN 205- 230). Este acompañamiento a las personas también se debe producir en las situaciones de fracaso matrimonial.

Finalmente, la reciente Exhortación afirma con contundencia la necesidad de integrar a todos para "ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esta no es la lógica del Evangelio" (AL 297). El Papa Francisco dice esto no sólo en referencia a los divorciados en una nueva unión, sino a todos, en cualquier situación en la que se encuentren. Los sacerdotes tienen la tarea de "acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del Obispo" (AL 300). Este itinerario impone un discernimiento pastoral que hace referencia a la autoridad del Pastor, juez y médico, el cual es ante todo "ministro de la divina misericordia", como enseña el Papa Francisco ("Mitis te misericors Iesus").

Un documento largo y que se debe leer por partes, pero que marcará líneas de carácter pastoral para la ayuda de las familias, la preparación al matrimonio y la acogida de quienes viven situaciones irregulares y complejas pero en camino de comunión eclesial.