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Abramos la puerta y preparemos la Navidad del Año de la Fe

A dos semanas de la Navidad, y en pleno Adviento del Señor, conviene que nos preparemos para la venida de Jesús. Ciertamente, estos días sacaremos las figuras del pesebre del lugar donde las guardamos e iremos a buscar corcho y musgo para hacer la representación de aquel lugar único, reproducido en nuestras casas, del Belén de Jesús, aunque sea un poco idealizado. Y enviaremos felicitaciones, prepararemos la comida de familia y trataremos de ofrecernos, unos a otros, amor más que cosas. Seguro que nos acordaremos de los que añoramos, porque ya nos han dejado... Y trataremos de compartir solidariamente con los que tienen menos que nosotros. Es la Navidad que nos invita a ser mejores y a volver a creer en el Niño que ha transformado el destino de la humanidad entera, salvándola. Por encima de todo debemos valorar el releer la Palabra que nos transmiten los Evangelios de la Infancia de Jesús. Dios llega, y debemos procurar que nos encuentre preparados y velando en oración, sin perder la oportunidad de recibirlo como se merece y sabiendo que la Navidad nos pide más fe y más obras de amor. Tenemos que volver a descubrir el gozo de creer y el entusiasmo de comunicar a todos la verdad de nuestra fe.

Jesús es "el que es, el que era, y el que viene", dice el Apocalipsis (Ap 1,8). Y también este año de 2012 "del nacimiento del Señor", Él viene a nosotros, y somos invitados a abrirle la puerta, para poder vivir una comunión única y feliz con Dios mismo: "Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguien me escucha y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo" (Ap 3,14). La fe es la puerta a la comunión con Dios mismo y por eso, es nuestro tesoro y nuestra paz. Ya que estamos en el año de la fe, conviene sacudir nuestra pereza, quitarnos los desánimos o las debilidades de encima, y pedir un corazón convertido, un corazón abierto al prójimo. Se trata de reavivar nuestra fe en el Dios que Jesucristo viene a revelarnos.

Me permito recomendaros el libro sobre "La infancia de Jesús" de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, que acaba de salir, y que es el tercer volumen de su obra sobre Jesucristo, que completa los dos anteriores: "Jesús de Nazaret. Del Bautismo a la Trasfiguración" (2007), y "Jesús de Nazaret. Desde la entrada de Jerusalén a la Resurrección" (2011). En este volumen aborda la temática que este Adviento y esta Navidad contemplamos y celebramos en la fe de la Iglesia. Reflexiona el Papa sobre el origen de Jesús en cuánto interrogante sobre su ser y su misión, la temática de la anunciación a María y la concepción virginal de Jesús como realidad historia y no un mito, el marco histórico y teológico de la narración del Nacimiento de Jesús, la presentación de Jesús en el templo, los Magos de Oriente, y finalmente el relato de Jesús en el templo a sus doce años. A lo largo del libro, el Papa se complace en hacernos captar que la fe en Jesús es razonable, y que los textos de la infancia nos acercan a la verdad histórica y a su misterio único y grande. Hacia el final del libro dice el Papa: "Las palabras de Jesús son siempre mayores que nuestra razón. Superan continuamente nuestra inteligencia. Es comprensible la tentación de reducirlas, de manipularlas, para ajustarlas a nuestra medida. Un aspecto de la exégesis es precisamente la humildad de respetar esa grandeza, que a menudo nos supera con sus exigencias, y de no reducir las palabras de Jesús preguntándonos sobre lo que "es capaz de hacer". Él piensa que puede hacer grandes cosas. Creer es someterse a esa grandeza y crecer paso a paso hacia ella" (pág. 130). ¡Que la Navidad reavive nuestra fe!