Año de la Fe: el Sínodo para la nueva evangelización (4)

El Año de la Fe lo hemos iniciado con un acontecimiento eclesial mayor, un Sínodo de los Obispos, instrumento creado por el Concilio Vaticano II para hacer viva y mantener visible y operante la colegialidad episcopal, la comunión de todos los Obispos con el Papa para el servicio a la fe y al gobierno pastoral universal de la Iglesia. Del 7 al 28 de octubre tuvo lugar la 13ª Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, tres semanas bien densas para tratar la temática de "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana". Participaron 262 padres sinodales, el número más grande de la historia de los Sínodos: 103 de Europa, 63 de América, 50 de África, 39 de Asia y 7 de Oceanía.

Los trabajos de reflexión sobre la transmisión de la fe tocaron especialmente tres temas principales: Jesucristo, Evangelio de Dios para el hombre, el tiempo de nueva evangelización, y cómo transmitir la fe (Instrumentum laboris). El Cardenal Donald W. Wuerl, arzobispo de Washington, fue el encargado de acopiar todas las aportaciones realizadas en el aula y en los grupos de discusión, y posteriormente el Papa hará su síntesis para escribir una Exhortación apostólica postsinodal dirigida a todos los fieles del mundo.

La Nueva Evangelización es un nuevo o renovado planteamiento de la acción transmisora de la fe cristiana en estos momentos en que encontramos que hay pérdida dolorosa de la fe, alejamiento silencioso y crisis espiritual en nuestro mundo, y en especial, preocupa la situación de los países de tradición y cultura cristianas. Lo dijo por primera vez en 1983 el beato Juan Pablo II, en Haití: "Hay un compromiso no de reevangelización, pero sí de una Nueva Evangelización: nueva en el ardor, en sus métodos y en su expresión". El estilo de la nueva evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe. Por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracterizará por "imponer" sino por "atraer", no tanto para hacer venir, sino por un salir a buscar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo para que conozcan, acepten y amen al Salvador Jesucristo.

Resumiendo las aportaciones de los grupos del Sínodo, Mons. Santiago Silva, obispo auxiliar de Valparaíso, destacaba la necesidad de abrirse a la acción misteriosa del Espíritu Santo, de mantener vivo el diálogo pastoral con el mundo al que la Iglesia quiere servir, dándole sentido y anunciándole a Jesucristo, y remarcaba las conversiones que deben llevarse a cabo, debido a nuestras infidelidades en el anuncio valiente de la fe. Subrayó la centralidad que debe tener la Palabra de Dios ya que la nueva evangelización tiene por contenido el anuncio, por la palabra y el testimonio de Cristo resucitado, viviente, cercano, fuente de amor, un anuncio y un testimonio que han de llevar al encuentro personal con Él, y por Él, con el Padre. Sobre los ámbitos a evangelizar, y que a la vez serán los actores de la evangelización, habló de la familia, la catequesis, los nuevos lenguajes para dirigirse hoy a las personas, considerando sus anhelos y sus culturas, así como el compromiso corresponsable de los laicos en medio del mundo, con una renovada opción por los pobres y marginados. Y sobre las Parroquias, que tanto nos interesa a nosotros, decía: "Hace falta una parroquia de 'cara nueva', capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, que es lo que más nos falta hoy en nuestra sociedad... Quizás el problema más urgente de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales".