Conocer y amar la fe que profesamos

Pronto comenzarán las celebraciones del Año de la Fe, y uno de los puntos esenciales será ayudar desde las Parroquias y desde la Diócesis para que todos los que somos seguidores de Jesucristo y miembros de la Iglesia, que fuimos enriquecidos con el gran don de la fe por el bautismo, conozcamos bien, mejor que hasta ahora, los contenidos de la fe que profesamos. Contenidos que están formulados esencialmente y de forma concisa y precisa, en las afirmaciones del "credo" que cada domingo profesamos en la Eucaristía. Nos será de gran ayuda el Catecismo de la Iglesia Católica.

Amamos al Señor, agradecemos ser hijos del Padre celestial, y llevar en nosotros el don tan inmenso del Espíritu Santo, que nos impulsa a amar, asemejándonos a Dios, y a dar la vida por esta fe recibida gracias a la Iglesia, nuestra Madre, gracias a tantos cristianos que nos "precedieron con el signo de la fe". Siempre nos conviene replantearnos si conocemos la fe transmitida. ¿Cuántos creyentes profundizan suficientemente la fe que profesan? Tengamos presente la exhortación de S. Pedro: "glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza" (1 Pe 3,15). Duelen la debilidad de las convicciones de muchos cristianos y la dificultad para vivir y testimoniar con coherencia esta fe.

Será bueno, pues, todo esfuerzo para hacer «comprensible» el Credo. Tratemos de buscar textos que nos ayuden a mejor entender los contenidos de nuestra fe. En el Credo está la fe de la Iglesia, toda la fe de la Iglesia. El Credo es la fórmula de fe que la Iglesia ha ido definiendo a través de los tiempos. Y es para todos los tiempos y para todas las generaciones que expresa esta fe eclesial. La base del Credo es la enseñanza de Jesús transmitida por los Evangelios y retomada por la Tradición, que se ha ido formulando por los Concilios, sobre todo, y por las explicaciones de los maestros de la fe, los apóstoles y sus sucesores, como son hoy el Papa y los Obispos.

El mensaje de Jesús es directo y claro, llega a todos. Sin embargo, su traducción eclesial expresada en el Credo contiene muchos niveles culturales, filosóficos, lingüísticos, históricos, que lo hacen complejo. Por eso hay que estudiar el Credo si se quiere entender bien nuestra fe. Y al mismo tiempo se debe hacer una labor buena y exacta de «traducción». Es lo que pretenden los catecismos, tanto el volumen grande del Catecismo de la Iglesia Católica, como su Compendio, como los catecismos que los diversos episcopados del mundo han ido elaborando para ayudar a los creyentes. En este sentido es muy de valorar el esfuerzo dedicado en un texto como el YouCat especialmente pensado para los jóvenes, y para tener todos, una síntesis valiosa y sugerente de la fe católica. Por eso son de agradecer las palabras del prólogo del Papa Benedicto XVI al editarlo: "¡Estudiad el catecismo con pasión y perseverancia! Sacrificad por él vuestro tiempo. Estudiadlo en el silencio de vuestra habitación, leedlo entre dos, si sois amigos, formad grupos y redes de estudio, compartid ideas a través de internet. Sea como sea, ¡permaneced en diálogo con vuestra fe! Debeis saber qué creéis, debeis conocer la fe como un músico conoce su partitura... a fin de poder resistir con fuerza y decisión los desafíos y las tentaciones del tiempo presente".