Acogidos y confirmados por el Santo Padre

El día 10 de diciembre de 2010, fui recibido por el Santo Padre Benedicto XVI en audiencia privada en el Palacio Apostólico del Vaticano, y será una fecha significativa para el Obispado de Urgell. Momento intenso y emotivo de comunión eclesial de nuestra Diócesis, a través del pastor que se unía al Papa. En aquel momento estabais todos conmigo, por más que fuera breve pero intensa y emotiva la audiencia, y todos éramos acogidos y confirmados en la fe por el Sucesor de Pedro, constituido por Jesucristo fundamento visible de la unidad de la Iglesia. Junto a él resuenan con fuerza las palabras de Jesús: "Simón, yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos" (Lc 22,32).

Ya por la mañana habíamos celebrado con los sacerdotes y laicos que me acompañaban, y con contenida emoción, la Eucaristía votiva de los Apóstoles Pedro y Pablo en la Capilla Clementina de las Criptas Vaticanas, unidos a las intenciones del Santo Padre. Esta Capilla muestra al fondo del altar el tesoro del muro antiquísimo que se eleva justo desde el mismo sepulcro del apóstol, y que en vertical sube hacia el altar papal de San Pedro, y se eleva hasta la cúpula de Miguel Ángel de la espléndida y monumental basílica.

La visita al Papa fue de alegría y agradecimiento. Teníamos tantos motivos... En primer lugar la paternal benevolencia del Santo Padre al concederme la dignidad de Arzobispo, honrando así sobre todo nuestro Obispado de Urgell y el Principado de Andorra. Agradecer también su Visita pastoral a Barcelona y entre nosotros, para dedicar a Dios el templo de la Sagrada Familia, inspirado por un sacerdote hijo de nuestra diócesis, San José Manyanet, estrechamente vinculado al genial arquitecto Antoni Gaudí. Y al mismo tiempo dar gracias porque el Papa nos mostró con gestos más que con palabras, que el amor a Dios y el amor a los hombres, especialmente a los que sufren, van totalmente unidos, visitando la Obra social centenaria del Nen Déu de Barcelona, para discapacitados. Y me atreví a invitarle a visitar Andorra, nuestro querido pequeño país de los Pirineos.

En el momento de entrar en la sala donde se encontraba el Santo Padre, salía de ella el Sr. Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cual, feliz, me dijo que el Papa acababa de firmar la declaración oficial del milagro obrado por la Sierva de Dios Anna Maria Janer Anglarill (Cervera 1800 - Talarn 1880), que hacía realidad y próxima su beatificación. Una mujer santa, valiente y humanísima que tanto hizo ya en vida por ayudar a los obispos de Urgell Josep Caixal y Salvador Casañas en el servicio a los enfermos pobres y en la tarea educativa de niños y jóvenes, y "siempre por causa de caridad", como ella decía. Una obra que encontró continuidad en el Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, fundada por ella y que ahora está presente en once países.

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