Por un ecumenismo de vida

Estamos en la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos, y es necesario que la unión de todos los bautizados sea un objetivo que esté siempre presente en la vida y la oración. Precisamente el Santo Padre tiene el ecumenismo como un objetivo prioritario de su ministerio apostólico de Sucesor de Pedro, incansable buscador de la unidad. Hace un mes, Benedicto XVI utilizó la expresión "ecumenismo de vida" en una audiencia a la Federación Luterana Mundial. Indicaba así que el ecumenismo "conlleva remover lentamente y con paciencia, las barreras, y promover los vínculos visibles de unidad por medio del diálogo teológico y de la cooperación práctica, en particular a nivel de comunidades locales". Y animaba a preparar para el año 2017 el 5º centenario del nacimiento de la Reforma protestante, con un documento que a semejanza de la importante "declaración sobre la justificación", ahora recogería lo que católicos y luteranos "están en condiciones de afirmar en común a propósito de sus relaciones más estrechas tras cinco siglos de separación".

Un Simposio ecuménico en Roma en noviembre pasado ha constatado que en los últimos cuarenta años de diálogos bilaterales entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial, la Alianza Mundial de las Iglesias Reformadas, la Comunión Anglicana, y el Consejo Metodista Mundial, se ha ido reflexionando sobre el contenido y la dirección de la discusión ecuménica en el presente y sobre todo en el futuro. Se constata la gran cantidad de elementos de convergencia alcanzados en cuarenta años de diálogo oficial entre Iglesias y comunidades cristianas, y al mismo tiempo que hay que encontrar la manera de comunicar estos importantes resultados a los miembros de las diferentes comunidades cristianas para que podamos expresar más plenamente en nuestra vida de fe el progreso realizado hacia la unidad. Será bueno examinar detalladamente el tema de la recepción de las declaraciones comunes, la necesidad de un testimonio cristiano común a todos los niveles y el nuevo contexto en el que los cristianos debemos realizar nuestra misión.

Necesitamos analizar el futuro para discernir cuál deberá ser la configuración del diálogo ecuménico y los pasos que habrá que emprender para lograr la comunión plena y visible entre todos los que hemos recibido un mismo bautismo. De hecho, ¿qué significa la comunión en un sentido teológico? No quiere decir comunidad en sentido horizontal, sino comunión de los santos, que podríamos definir como participación vertical en lo que es 'santo', en las 'cosas santas', es decir, el Espíritu de Cristo presente en la Palabra y en los sacramentos administrados por los ministros ordenados.

¿Cómo es posible lograr una valoración diferente de las divergencias tradicionales desde el punto de vista de la misión y del Reino de Dios? En este contexto, hay una nueva y prometedora actitud, según la cual, el diálogo ecuménico es considerado como un intercambio de dones. Se habla también de los límites de la diversidad y del papel de la jerarquía de las verdades. Finalmente, se presentarán propuestas concretas dirigidas a promover la búsqueda de la unidad, en particular, y a llegar a declaraciones comunes sobre lo que hemos conseguido juntos ecuménicamente. Declaraciones que podrían tomar la forma de una afirmación común de nuestra fe bautismal, un comentario al Credo apostólico y al Padrenuestro. Estos son algunos de los retos reales que plantea hoy la búsqueda de la unidad de los cristianos. Hay mucho que rezar y mucho que hacer.