25 años de “Raíces cristianas de Catalunya”

Se han cumplido recientemente los 25 años de que los Obispos de Cataluña, después de una serena y ponderada reflexión, publicaron un documento breve pero clave, Arrels cristianes de Catalunya ("Raíces cristianas de Cataluña") (27/XII/1985), que por primera vez trataba algunos aspectos complejos y difíciles para el catolicismo catalán, concretando la doctrina social de la Iglesia hacia la lengua, la cultura y la nación. El documento habla con naturalidad de la nación catalana, del valor de su lengua y cultura, de la necesaria convivencia y comunión con los otros pueblos de España, de la acogida e integración de los emigrantes y de la solidaridad en momentos de crisis económica y de paro. Posteriormente el documento fue integrado en las resoluciones del Concilio Provincial Tarraconense (1995), y recibió el reconocimiento de la Santa Sede. Y los obispos de Cataluña hemos reafirmado en muchas ocasiones que sigue siendo una doctrina social eclesial de referencia y muy actual.

Es un documento que se inscribe en el surco de la encarnación pastoral en la realidad catalana que ya proviene del siglo XIX y atraviesa todo el siglo XX hasta nosotros, para estar presentes y no autoexcluirnos del gran movimiento de la Renaixença ni de la modernidad. Un surco que han trazado grandes figuras del catolicismo como Torras i Bages, Balmes, Verdaguer, Maragall, Gaudí, Vidal i Barraquer, Justí Guitart, y más cerca nuestro los obispos Jubany, Pont, Masnou, Torrella, Martí, Deig, Guix o Carrera, por hablar de los ya fallecidos. Algunos lo tachan de nuevo nacionalismo exacerbado de la Iglesia, causante de la secularización, la descristianización o la falta de vocaciones que estamos sufriendo. Pero son exageraciones interesadas y versiones nuevas de viejas rencillas.

Nadie duda de que Cataluña tiene una cultura propia, y el episcopado catalán asume que se le puede aplicar la enseñanza de Juan Pablo II sobre cultura y nación. Sin arraigarse en la cultura catalana, la fe sería foránea, espuria. Es evidente que los Obispos deseamos por encima de todo y principalmente anunciar el Evangelio a todos, y acertar con la calidez y ardor en nuestro testimonio de la fe. Pero esto no se contradice con un catalanismo democrático, respetuoso y positivo, que valore la apertura católica a todas las demás naciones y lenguas. Si fuera así, resultaría que todos los católicos del mundo podrían ser patriotas menos los fieles de Cataluña. En este sentido ha sido muy clarificadora la reciente visita apostólica del Papa Benedicto XVI, llena de mensajes profundos para nosotros.

Los actuales Obispos de las Diócesis catalanas seguimos mostrando nuestro amor pastoral y nuestra responsabilidad colectiva hacia Cataluña en puntos importantes de la doctrina social: Estatuto, lengua vehicular de la acción pastoral, acogida de los nuevos emigrantes, presencia en tantas acciones culturales y caritativas, respeto por las autoridades constituidas y por la laicidad positiva, rechazo del periodismo ofensivo, o la aportación de nuestra sensibilidad propia a la hora de redactar algunos documentos episcopales.

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