Preparemos la Navidad con obras de amor

Vivimos tiempos de crisis muy duros. El paro ha llegado a cifras escalofriantes, casi cinco millones de personas desempleadas en España, gente que no encuentra un trabajo digno, ni seguro, ni duradero... ni futuro. Falta esperanza. Y más de un millón y medio de hogares tienen a todos los miembros de la familia sin trabajo. Podemos imaginar lo que esto significa, especialmente si pensamos en los jóvenes o en los que viven de una pequeña pensión. Una realidad triste, oscura, que los amigos de Jesús, que queremos preparar su venida, no podemos olvidar de ninguna manera. Ya sé que lo hacéis, pero tenemos que intensificar nuestra solidaridad, compartiendo aún más en estos días lo que tenemos.

El profeta Isaías, que nos acompaña tanto en este tiempo de Adviento, reclama con fuerza: "Comparte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste de fiesta el que va desnudo. No les rehuyas, que son tus hermanos. Entonces brillará tu luz como el amanecer, y tus heridas se cerrarán en un momento. Tendrás por vanguardia tu bondad, y por retaguardia la gloria del Señor" (Is 58,7-8). ¡Si amamos, con obras y de verdad, viviremos en la luz, y daremos gloria a Dios!

Deberíamos repasar lo que los Obispos de Cataluña proponíamos en nuestro documento de enero de este año "Al servicio de nuestro pueblo" (cfr. n. 4,g). La crisis económica tan grave que sufrimos atraviesa todo el mundo y golpea a personas y poblaciones haciendo más patente la precariedad de nuestra sociedad globalizada, que parece escapar al control de los estados y de las demás instituciones. Y lo hemos comprobado muy bien en Cataluña y en el resto de España en estos largos últimos meses. Las medidas para paliar la crisis que se están tomando y que han acabado afectando sobre todo a los más débiles y necesitados, reclaman que a la vez sea ejemplar la lucha contra el fraude, que se promueva la creación de nuevos puestos de trabajo y que la solidaridad continúe aumentando. Sólo desde la austeridad y la solidaridad encontraremos caminos de salida y de esperanza para los más afectados por la crisis económica, con una redistribución más justa de la riqueza y un ejercicio de las virtudes económicas, como la austeridad, la solidaridad y la promoción de actividades económicas verdaderamente productivas y respetuosas con la dignidad de la persona humana.

Debemos valorar mucho todo lo que se está haciendo desde nuestras comunidades parroquiales y las instituciones solidarias, especialmente desde Cáritas y otras instituciones de ayuda, con tantos voluntarios movilizados y tantas personas, que están poniendo los recursos pastorales y de asistencia que la Iglesia tiene a su alcance, al servicio de los afectados por la crisis. Es necesario que mantengamos este trabajo caritativo, y si puede ser lo aumentemos, con nuevas iniciativas que promuevan la solidaridad y la justicia, al tiempo que incentiven las actividades empresariales responsables para mantener y ampliar los puestos de trabajo. Todos debemos continuar en el camino del servicio y la entrega generosa hacia los que más lo necesitan. Y es hora, también, de mirar adelante y trabajar más esforzadamente pensando en las generaciones futuras. Todos los agentes sociales -autoridades, empresarios, dirigentes, trabajadores- no podemos decaer en el esfuerzo, a pesar de la dureza de las circunstancias, y tenemos que trabajar con esperanza, haciéndolo de acuerdo con los grandes valores humanos y cristianos. En este punto, sabemos que toman vigencia y actualidad los principios orientativos de la Doctrina Social de la Iglesia, de los que es tiempo de hacer un nuevo descubrimiento y una nueva difusión.

Jesús quiso nacer pobre, en un pesebre, y fue acogido en primer lugar por los pobres. Así nos enseña a valorar y amar todas las personas, y desde luego a los últimos de la sociedad. Así, sin herir, se acerca a toda persona humana, para salvarla desde la humildad. Al mismo tiempo, con sus palabras y sus gestos de amor, nos anima a luchar para vencer las pobrezas, que son un mal, y a trabajar para que el Reino de Dios avance, Reino de justicia, de amor y de paz.

Preparemos la Navidad con una referencia constante de ayuda hacia los pobres, los que viven atrapados por la crisis o sin esperanza. "No les rehuyas, que son tus hermanos", nos dice el profeta.