"El Señor Dios llega con poder"

Estamos ya muy cerca de la Navidad. Y el clamor del profeta es siempre el mismo: "El Señor Dios llega con poder" (Is 40,10). Y más adelante lo explicita con alegría para todo el pueblo: "¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!" (Is 60,1). Estamos llamados a ser un pueblo que refleja la gloria del Señor, que lo hace todo por dar gloria de Dios. Palabras proféticas que nos ayudan mucho a preparar la llegada ya inminente del Señor Jesucristo, el Salvador que el Padre envía, que "por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre", para que la humanidad reencontrara la vida y se llenara de gracia y esperanza.
"El Señor Dios llega con poder". Parece que sea sólo una descripción. Y lo mismo ocurre con la celebración de la Navidad, que puede parecer una simple conmemoración de un hecho histórico del pasado, por más que algunos atrevidos quisieran negarlo. Con todo, va mucho más allá, tiene consecuencias en nuestro presente. La Navidad es el anuncio de la salvación para quien acoja, hoy, la Buena Nueva. Para captarlo más profundamente necesitamos esperar y confiar totalmente en Dios, ser humildes y dejarnos transformar por Dios mismo; ser pequeños y humildes como los pastores y hacer caso del anuncio del ángel: "Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). Cuando uno se encuentra solo, cansado y fracasado, cuando a las personas nos toca comer el pan de la tristeza, la pobreza de una crisis injusta y las opresiones, cuando probamos el veneno del pecado y de la muerte, cuando todo parece teñido por las tinieblas, y que los poderes oscuros del soberano de este mundo nos engañan y aparecen como verdaderos y triunfantes... entonces es cuando entendemos que el anuncio de la llegada del Señor, es salvación, ya que es bálsamo, alegría inmensa, verdad que ilumina y juicio justo. Y se hacen verdaderas las palabras del Magnificat de la Virgen María, alabando a Dios que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos" (Lc 1,52-53).
"El Señor Dios llega con poder". Necesitamos reavivar las brasas de nuestro fuego de creyentes, para que nos halle a punto para recibirlo. No podemos cerrarnos a la luz divina que se aproxima, sino que necesitamos abrirnos al perdón que Jesús nos ofrece a través de la Iglesia. Nos equivocaríamos si dejáramos pasar la oportunidad de cambiar y de mejorar las relaciones entre los miembros de nuestra familia, y con todo el mundo. Llega el Señor: reconstruyamos los puentes del diálogo, la reconciliación y el amor. Y hagamos caso de Cáritas que esta Navidad nos recomienda "vivir sencillamente, para que los otros puedan, sencillamente, vivir".
"El Señor Dios llega con poder". Un poder inmenso, infinito... de amor. ¡Dejemos que se impregnen en nuestro interior las palabras del ángel a la Virgen María: "Para Dios nada hay imposible" (Lc 1,37), porque Dios lo puede todo! Él es el Amor, que se hace pobre, humilde y débil, y que se deja crucificar por la salvación de todos. ¡Dios puede y quiere cambiar los corazones más endurecidos y el mundo más tenebroso! María creyó, aceptó la misión, confió en que Dios encontraría la manera de hacer realidad su voluntad y que ella podía cooperar, aunque no lo comprendiera todo, que eso es creer: fiarse de Dios y de su poder misterioso. ¡Velemos y oremos! ¡Preparemos con un corazón arrepentido la Navidad ya próxima! ¡Invoquemos a la Virgen de la Esperanza, que nos enseñará a preparar bien la gozosa fiesta de la Navidad!