Beata Ana María Janer, virgen y fundadora, ¡ruega por nosotros!

Con devota acción de gracias hemos vivido la beatificación de Ana María Janer, virgen y fundadora del Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, y ahora empieza el tiempo de su intercesión pública por todos y la hora de su ejemplaridad y estímulo a vivir en santidad. La sabiduría de la vida es dejarse ayudar por la gracia de Dios que nos va perfeccionando y modelando según la imagen del Hijo de Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él fue la razón de la vida, el servicio y la entrega fidelísima de la beata Ana María Janer, y debe ser también nuestra alegría y nuestro mayor tesoro. "En todo amarte y servirte", decía ella, refiriéndose a Jesucristo, su gran amor, y será lo que dará sentido a nuestro vivir.

La beata Ana María Janer está en el cielo, nos lo ha certificado la autoridad apostólica de la Iglesia, y es ciudadana en plenitud de aquella ciudad de la que habla el Apocalipsis, que "no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero" (Ap 21,23). Desde la felicidad plena y la unión total con su Señor Resucitado, ruega ahora por nosotros y no dejará de hacer descender gracias y amor a sus hermanas, las religiosas de la Sda. Familia de Urgell, a los fieles de nuestra Diócesis de Urgell a la que estuvo tan vinculada, y a todos los que la invoquen por todo el mundo. ¿Quién no se siente hoy débil y pobre? Necesitamos la ayuda de Dios y de sus santos. La Virgen María y los santos y beatos son poderosísimos intercesores cerca de Dios para ayudar a los que peregrinamos por este mundo, perdidos y necesitados. La beatificación de Ana María Janer reclama que mantengamos viva su memoria e intercesión, que visitemos su sepulcro en La Seu, que la amemos e imitemos sus virtudes. Los que no son orgullosos ni están llenos de sí mismos, los que tienen corazón de niño, saben que necesitan de Dios, y seguro que le pedirán con paciencia, insistencia y perseverancia, con mucha confianza, todo lo que necesitan. "Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá", recomendaba Jesús (Mt 7,7).

La Iglesia ha aprobado la verdad de un milagro realizado por Dios gracias a la intercesión de Ana María Janer. Es científicamente inexplicable la curación instantánea, duradera y completa de la Sra. Anna Padrós, anciana muy deformada por un reumatismo poliarticular que la había dejado postrada en una silla de ruedas, llena de dolores y totalmente inútil. Ella quería curarse y ayudar, y con las Monjas que servían a los ancianos en el Asilo Municipal del Parque de la Ciutadella de Barcelona, en 1951 comenzó una novena a la Madre Janer y el día 9 de junio se obró el milagro: mientras estaba en la Capilla, de golpe se levantó de la silla de ruedas y comenzó a caminar con normalidad, gritando "¡la Madre fundadora me ha curado!". Y pudo pasar el resto de sus días ayudando en el comedor y en la enfermería del Asilo. Dios enviaba un signo para quien lo quiera ver, y ya sabemos que «solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos» (Antoine de Saint-Exupéry).

Recémosle también nosotros de ahora en adelante. La oración que la Iglesia ha aprobado para pedir la intercesión de la nueva beata dice: "Señor, Dios nuestro, tú que concediste a la beata Ana María, virgen, que tu Hijo Jesucristo fuera el ideal supremo de su vida y la razón de su entrega a los demás, concédenos, por su intercesión y por su ejemplo, el don de amarte y servirte en los más necesitados. Por Cristo nuestro Señor. Amén".