La nueva beata Ana María Janer nos alecciona

Demos gracias a Dios por la nueva beata Ana María Janer, intercesora y modelo de vida cristiana que nos atrae hacia la santidad de "amar siempre y en todo a Cristo". Dejemos hoy que sea ella misma quien nos lo explique, pues os transcribo casi íntegramente las palabras de la Madre Janer que leeremos en la Liturgia de las Horas cada 11 de enero, día de su santa muerte, cuando celebraremos su memoria. El texto es extraído de los Pensamientos, memorias, conversaciones íntimas, enseñanzas y consejos de eficaz influencia en la vida de Ana María Janer Anglarill. Nos dice:

"En su trato sean amables con todos, para conquistarlos a Jesucristo y ganarlos para el Cielo. Cuando estén enojadas o enfadadas no reprendan a nadie, porque la reprensión en dicho acto es inútil, ni hace buen efecto, ni es causa de enmienda en persona alguna. Sé de cierta persona, que cuando tiene motivo de estar disgustada lo mira bien, considera y entonces habla más bajito y cariñoso a los mismos domésticos y a los que le dan motivo de disgusto o enojo. Esto es hijas mías, sobreponerse, saber gobernar y ser superior a sí mismo.

"Sean humildes de corazón, no sólo de palabras; ya saben que Jesucristo vino al mundo, para corregir y detestar la soberbia, enseñando la humildad con sus actos. No son humildes las personas que a cada paso se llaman miserables, pecadoras. Sean amantes de la santa pobreza y no busquen comodidades, ni comidas exquisitas; si se las dan, tómenlas sin temor de faltar a la pobreza. Amen los desprecios, sin buscarlos ni pretenderlos, sino tomándolos del modo que vengan, por amor a Jesús. Conviene registrar el corazón para ver si alimenta alguna afición desordenada, y si la halla, exponga sus repliegues al Padre Director espiritual, porque no adelantará en la santidad la que así no lo haga. No tengan celos ni envidias; si alguna tiene estas pasiones, lleve de ello examen particular hasta verse corregida. Cada día, sin rutina y con fe ardiente, antes de acostarse, pregúntense: ¿Podrías hoy, presentarte ante Dios? Cuando llega el examen de la noche siempre me pregunto si he cumplido bien todos mis actos; si no es así tengo un pesar. Si bien lo he sabido ordenar, siento consolación y me parece que Dios está contento. Procuremos guardar la presencia de Dios que en la oración hayamos conseguido; en todo sitio y distribución, tener a Dios presente. Así, en las clases, trabajo, cocina, refectorio, recibidor; siempre, siempre, tener a Dios presente. ¡Oh, cuán hermosa es la práctica de la presencia de Dios y cómo eleva todas nuestras obras!

"No seré del mundo; mis fuerzas, mi bienestar, mi vida toda sacrificaré al servicio de mi Dios en la persona de los pobrecitos enfermos, de los desvalidos, de la niñez, y si conviene procurarles los alivios corporales cuidaré de ellos como una madre cariñosa; darles vida santa y moralidad, desarrollando sus facultades morales; enseñarles nuestra religión sacrosanta, instruirlos, hacerlos buenos cristianos y darle a Dios muchas almas, esto haré yo hasta llegar al sacrificio. Procuraré y practicaré, Dios mío, las virtudes religiosas; el silencio, la caridad para con mis hermanas, el sacrificio, la puntualidad, la santa pobreza; seré casta como un ángel, daré a Dios mi libertad, todo mi ser. Tú, Señor, me darás gracia para serte esposa fiel, que te ame mucho y te sirva en la persona de los enfermos, desvalidos. Tú, en cambio, en su día me dirás: ‘Entra, porque estuve enfermo y me socorriste; entra, porque tu lámpara siempre ardió'".
A partir de hoy le decimos: ¡Beata Ana María Janer, ruega por nosotros!