Acción de gracias por la JMJ Madrid 2011

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid ha sido un paso del Espíritu por nuestras vidas y nuestra Diócesis. Así lo valorábamos hace unos días, cuando hemos tenido un bello y gozoso encuentro diocesano de oración y acción de gracias en Balaguer para agradecer las muchas cosas buenas que ha realizado el Señor entre nosotros a través del Santo Padre, de las catequesis, de los encuentros de la JMJ... Todo un cúmulo de vivencias profundas que necesitamos expresar desde la fe y el agradecimiento a Cristo. Nos reunimos con los jóvenes de Urgell participantes en la JMJ de Madrid, los jóvenes acogedores de los peregrinos, los voluntarios jóvenes y adultos, los sacerdotes y seminaristas, las autoridades de nuestros pueblos, la gente generosa que hizo tanto para que la acogida en la Diócesis fuera una verdadera acogida del Señor presente en los hermanos. Con el Delegado diocesano de pastoral juvenil que nos convocaba, queríamos recordar y no olvidar las maravillas del Señor, como nos pide el salmista: "Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca" (Sal 105,4-5). Y fue una sinfonía del Espíritu, donde cada uno fue aportando su vivencia, su acción de gracias, lo que más le ha marcado de esta JMJ. ¡Se ha hecho viva la esperanza en las parroquias y en nosotros mismos, y lo tenemos que comunicar!
En estos días de agosto en Urgell, en Barcelona y Madrid, más que nunca, se hizo verdadera la frase del Papa: "La Iglesia está viva y la Iglesia es joven". A pesar de las cosas anecdóticas de la Jornada (la tormenta, no poder entrar en el recinto, calor e incomodidades...) o las críticas de gente resentida e intolerante, el hecho es que casi dos millones de jóvenes han acudido a Madrid a rezar con el Papa, a confesar públicamente su fe en Cristo, a estrechar sus vínculos de comunión con el Sucesor de Pedro y con los pastores de la Iglesia y con una multitud inmensa de jóvenes de todo el mundo, para proclamar que la fe tiene sentido, que es nuestro tesoro y nuestra fuerza para vivir. "Firmes en la fe, arraigados y edificados en Cristo" (cf. Col 2,7) seremos testigos ante el mundo, con alegría profunda, desbordante y compartida. Gran calidad humana y cristiana de los jóvenes, sin ningún incidente, sin quejas ante las dificultades o incomodidades.Compartiendo un clima intensamente religioso, con el silencio tan impactante de la adoración eucarística de la víspera. Todos remarcamos el gozo de dar acogida y el ambiente de paz, de fraternidad y de familia en Madrid, que hacía que los jóvenes se sintieran como hermanos, aunque no se conocieran. En la emoción de sus rostros y en el calor de sus corazones se percibía también su gozo sereno y su orgullo, con gratitud hacia el Señor, por pertenecer a esta familia magnífica que es la Iglesia. La comunión profunda establecida entre Benedicto XVI y los jóvenes, nacida de la fe e incrementada por la sencillez, la humildad y la autenticidad del Papa en sus gestos y en el bello mensaje que ha sembrado y que tendremos que reflexionar, nos animan a creer de nuevo en una pastoral juvenil renovada. Madrid 2011 es fuente viva de esperanza y estímulo firme para seguir anunciando a Jesucristo a los jóvenes sin desaliento, en la familia, en la parroquia y en la escuela, en una pastoral que vaya a las raíces de la vida cristiana. Más claridad y coherencia de los educadores, más propuesta de las exigencias evangélicas, más confesión de fe en Cristo, más compromiso de vida. ¡Es lo que Dios espera de nosotros! ¡Gracias Señor por tus dones, por todo lo que has obrado en los jóvenes y en la Diócesis de Urgell a través de la JMJ!