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"Yo hago nuevas todas las cosas" (Apo 21,5)

Acabamos de iniciar un nuevo Año, el 2010, según el cómputo aproximado del nacimiento de Jesús, el Cristo, en Belén de Judea. Y sería bueno que cada uno con más pausa, pudiera dedicar algún momento a la reflexión y a la oración para darse cuenta de lo que ha dejado atrás, lo que había vivido durante las semanas y los días del año pasado, deseando que el nuevo año del Señor sea tiempo nuevo y aprovechado. Un tiempo de Dios, vivido con fe y esperanza en su Hijo y hermano nuestro, y lleno de acciones de amor auténtico y de plenitud de existencia, porque el tiempo de nuestra vida se convierta en un tiempo de felicidad, de paz y de prosperidad para todos, "mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo, porque son de Dios, el reino, el poder y la gloria por siempre Señor" (Misal Romano).

El paso del Año nos hace descubrir nuestra transitoriedad y caducidad, pero toda situación -positiva o negativa- es un elemento de esta totalidad que llamamos "mi vida", o por decirlo más exactamente, la totalidad de mi vida se hace presente en cada instante, en el "aquí y ahora". Nos conviene entender el sentido de nuestra vida según el sentido que Dios le quiere dar. Sólo así la transitoriedad, la caducidad será superada. No con la acumulación de trabajo o de experiencia vivida o de disfrute. Lo que confiere duración y plenitud es el vínculo misterioso que nos une a Dios, y en el que actúa su guía, o lo que podemos llamar la "providencia" divina. En esta comunión aprendemos que Dios, y también yo -por su gracia- sabemos qué es lo que realmente importa. De esta manera -dice el gran teólogo Romano Guardini- en medio del pasar, surge la eternidad real.

Dios nos ha creado y tiene un designio de paz y de eternidad para cada uno. Hemos sido creados a su imagen y semejanza. ¿Qué debe querer decir, para mí, esto, en este nuevo año que empiezo, que "renace" a una vida nueva? Si es bien real que todo pasa y todo queda, y que es lo nuestro es pasar, haciendo camino sobre la mar (A. Machado) y abriendo cada día nuevos caminos, también es más cierto aún, que somos portadores de un designio de Amor, que somos fruto de la voluntad amorosa del Creador y Señor de la vida y de la historia. Nuestra vida es valiosa y llena de dignidad, porque somos fruto de un pensamiento de amor que Dios ha tenido desde toda la eternidad, y ha querido que existiésemos, que llegásemos a este año y a esta historia nuestra.... ¡Jesús es el Camino, y nos acompaña con su Espíritu Santo! Este año nuevo lo tenemos que vivir desde Él. Mejor aún, con Él. Y las realidades históricas están llamadas a converger hacia la realización de su plan amoroso de salvación y de vida eterna.

La espiritualidad de la "revisión de vida" que tanto ha marcado el estilo del apostolado de los cristianos, sacerdotes y laicos, en los movimientos de Acción Católica, puede continuar ayudándonos a concretar la realización comprometida de la voluntad de Dios. Se trata de "ver", "juzgar" y "actuar". Saber captar todo lo que está en juego en cada situación de nuestra vida o de las personas y realidades que nos rodean. Pero debemos "juzgarlas", es decir comprender a fondo y confrontarlas con lo que Dios quiere, que se nos ha revelado en la Palabra eterna de Jesús y la enseñanza de la Iglesia, que no pasarán jamás. Para finalmente buscar el mejor actuar, lo que el Espíritu nos inspire, lo que comporte un amor más grande y más verdadero.

¡Os deseo un feliz Año Nuevo, lleno de la realización de la voluntad de Dios!