Adviento de la Palabra del Señor

Estamos a mitad del Adviento, el tiempo litúrgico que prepara la Navidad, que nos pone en actitud de escuchar de verdad a Jesucristo, la Palabra que Dios nos ha enviado, y tiempo de adorarla y hacerla fructificar. Ha coincidido con la edición del texto que, dos años después del Sínodo de los Obispos sobre "La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia", el Santo Padre Benedicto XVI nos acaba de regalar. Es la Exhortación Apostólica postsinodal, "Verbum Domini" ("La Palabra del Señor"), que recoge y hace suyos los trabajos del Sínodo de octubre de 2008. Es un texto profundo, dividido en tres partes que de forma original se inspiran en el prólogo del Evangelio según San Juan: Palabra de Dios, Palabra en la Iglesia y Palabra al mundo.
Para vivir el Adviento nos ayudará mucho "acoger" con fe algunas de sus enseñanzas, que nos preparan con profundidad a vivir la Navidad que se acerca. El Papa nos enseña:
• "A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios sólo dice una palabra, su Verbo único, en quién Él se dice en plenitud (cf. Hb 1,1-3) (Catecismo nº 102)" (nº 18 de la Exhortación VD).
• Sobre la respuesta del hombre al Dios que habla, subraya "el primado de la Palabra de Dios dirigida al hombre" (nº 22) con una bella reflexión sobre "Dios que escucha la necesidad del hombre y su clamor" (nº 23), ya que "el fruto de la Sagrada Escritura es la plenitud de la felicidad eterna (...) en la que veremos, amaremos y serán colmados todos nuestros deseos" (San Buenaventura). Por eso el pecado consiste en no prestar oído a la Palabra de Dios (nº 26).
• Se refiere bellamente a la Virgen María tan presente en el Adviento y la Navidad, como "Madre del Verbo de Dios" y "Madre de la fe" (nº 27).
• "El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia" (nº 29) y por esta razón vuelve a tomar las enseñanzas del Vaticano II (DV12) con los tres criterios de la interpretación bíblica: 1) la unidad de toda la Escritura, hoy llamada exégesis canónica; 2) la Tradición viva de la Iglesia, 3) la analogía o coherencia con la fe de la Iglesia. "El sentido literal enseña los hechos y el alegórico lo que se ha de creer, el sentido moral lo que hay que hacer y el anagógico hacia dónde se tiende (Catecismo nº 118)." (nº 37). También se subraya la necesidad de trascender la "letra" de las Escrituras (nº 38).
• "La liturgia es el lugar privilegiado de la Palabra de Dios" ya que "la Iglesia es la casa de la Palabra" (nº 52). Palabra de Dios y Eucaristía tienen un lugar relevante, tal como señalan Jn 6 y Lc 24 (nnº 53-55).
• A partir de lo que el Papa sugiere sobre la homilía, todos podemos preguntarnos siempre: "¿Qué dicen las lecturas proclamadas? ¿Qué me dicen a mí personalmente? ¿Qué debo decir a la comunidad, teniendo en cuenta su situación concreta?" (nº 59).
• Remarca la importancia de "la animación bíblica de la pastoral" (nº 73), y de forma relevante se nos presenta "la lectura orante o "lectio divina" -lectura de la Escritura hecha oración- que parte de la lectura, la meditación, la oración y la contemplación, y a las que se añade como conclusión la acción (nº 86-87).
• La Palabra de Dios es la "Palabra de la esperanza" (cf.1Pe 3,15); ya que el hombre necesita la "gran esperanza" para poder vivir su presente, la gran esperanza que es el Dios que tiene un rostro humano y que "nos ha amado hasta el extremo" (Jn 13,1) (n º 91). El anuncio de la Palabra tiene como contenido el Reino de Dios (cf. Mc 1,14-15), que es la persona misma de Jesús (nº 93). Sigue el acento en la misión (nº 95), y, sobre todo, en la nueva evangelización "de los bautizados, pero no suficientemente evangelizados" (nº 96), así como una síntesis sobre el testimonio (nº 97-98). Y se subraya la relación entre Palabra de Dios y compromiso en el mundo (los "pequeños" de Mt 25,40): acción por la justicia, la paz, la caridad efectiva, los jóvenes, los emigrantes, los que sufren, los pobres y, finalmente, la salvaguardia de la creación (nº 99-108).
Con alegría y esperanza, pongamos nuevamente nuestra conversión y nuestro amor a la Palabra del Señor en manos de la Virgen María, "la Madre de la Palabra de Dios y la Madre de la alegría" (nº 124).