El aborto ¿puede ser salud reproductiva?

¿Podrá ser el aborto una opción terapéutica para alguna mujer o para alguna familia? ¿Qué mujer lo desea o lo quisiera aceptar como un mal menor? ¿Podemos resignarnos a no encontrar otros medios de ayudar a las familias y a las mujeres con problemática social, y sabremos proponer sólo el aborto como salida a los graves problemas que sufren los pueblos del Tercer mundo? ¿No será una imposición opresora de las sociedades desarrolladas? A menudo se utiliza este criterio abortista cuando se piensa en favorecer a la familia, y en concreto a las mujeres, que sufren carencias sociales o son de países en vías de desarrollo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce, en su artículo 16.3, que "la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad". No podemos dejar de defenderla y protegerla, si no queremos causar un daño irreparable en nuestras vidas humanas y a las de las generaciones que vendrán. La familia pertenece al patrimonio de la humanidad. Es un bien demasiado elevado para que lo tratemos con falsedades o medias verdades. De hecho, reconforta saber que en las encuestas sobre lo que más valoramos los catalanes, la familia está situada en lo más alto. Nosotros somos un pueblo que ama los valores familiares, y nos duele ver que se destruyen los matrimonios o que no podemos disfrutar de la alegría de los niños o que los ancianos parece que tienen su lugar en el ámbito familiar...

¿No pensáis que aceptando el aborto como un último y extremo recurso, nos engañamos y faltamos a las grandes verdades de la vida, aquellas que la conciencia de toda persona humana -no sólo la conciencia de las personas religiosas o de los cristianos- valora y se cree obligada a respetar por encima de todo? La pareja o la mujer que se ha visto atrapada en graves problemas que la han llevado al aborto puede y debe ser acogida, perdonada y hasta respetada, en sus concretas circunstancias, pero eso no quita nada a la firmeza con la que hay que condenar esta acción y hay que promover una educación y una vida social que hagan imposible que nadie se vea abocado a realizar o a colaborar en ningún aborto. No es una manía de los obispos o de los católicos, y debemos denunciar que se quiera descalificar así. Es algo que nos afecta a todos: el aborto en ningún caso puede ser aceptado. Y mucho menos propuesto como salud reproductiva, o como medio para solucionar los problemas sociales del desarrollo.

Preocupa que se vaya extendiendo y favoreciendo una mentalidad contraria a la natalidad, de miedo demográfico ("anti-life mentality"), con un cierto "imperialismo contraceptivo" sobre los matrimonios y que habla de una falsa "salud reproductiva", que aceptaría la esterilización y hasta el aborto como medios a ser utilizados. Podemos y tenemos que estar a favor del respeto a la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, y al mismo tiempo hemos de favorecer los cambios necesarios para que la solidaridad económica y la justicia, sea a nivel concreto y cercano como a nivel planetario, vayan extendiéndose. No podemos ser incoherentes y estar a favor de la familia y de toda persona humana, ni que tenga sólo vida embrionaria, y a la vez no defender también a la mujer, su desarrollo y la conquista de sus derechos sociales. Hay un nuevo orden internacional en muchos aspectos, que reclamará una reducción de nuestro nivel de consumismo, educación del amor y la sexualidad, mayor solidaridad para promover siempre la vida, ayudar a las mujeres embarazadas con problemas y también dar apoyo a las mujeres que ya han abortado. La solidaridad es el nuevo nombre de la paz. Una paz que pasa por la solidaridad con la mujer y la familia, con hechos y misericordia.