Vigilia de Santa María de Montserrat

El martes día 26 de abril el Arzobispo de Urgell, Mons. Joan-Enric Vives, acompañado del Vicario General de la Diócesis, Mn. Ignasi Navarri, asistió a la tradicional Vigilia de Santa María de Montserrat, acompañando la peregrinación a Montserrat de todos los seminaristas de Cataluña, entre ellos los del Seminario Mayor Interdiocesano.

La vigilia de oración de este año, coincidiendo con el Año Santo Ignaciano, tuvo marcado carácter pastoral inspirado en la figura de San Ignacio, haciendo revivir su experiencia en aquella noche de vela ante el altar de la Virgen de Montserrat el año 1522, que marcó su conversión y pasó a considerarse en adelante un "peregrino".

A continuación, tuvo lugar la Eucaristía solemne presidía por el Arzobispo de Barcelona, ​​Mons. Juan José Omella, y concelebrada por los obispos de Vic, Lleida, auxiliares de Terrassa y de Barcelona, ​​así como el Vicario general de Sant Feliu, con el P. Abad Josep M. Soler, y una gran cantidad de sacerdotes y diáconos, la Comunidad de Monjes y de las Monjas de St. Benet, y muchos peregrinos de los grupos jóvenes relacionados con las comunidades de la Compañía de Jesús.

La característica de la Vigilia de Santa María de Montserrat es que la "Liturgia de la Palabra" está más desarrollada, ya que está compuesta por tres salmos y varias lecturas y, en el momento del Ofertorio, el P. Abad recibe la ofrenda del aceite simbólico por el mantenimiento de lámparas que queman durante todo el año en la Basílica, y que representan todas las comarcas de Cataluña y también movimientos e instituciones que las han ido ofrendando desde 1947.

El origen de la actual Vigilia de Santa María se remonta al año 1947, cuando se celebraron las fiestas de la entronización. En aquella ocasión, se retomó la tradición multisecular de "velar a Santa María". Fueron muchos los peregrinos y devotos que en grupo, en familia o individualmente subieron a la Basílica de Montserrat la noche del día 26 para venerar la Santa Imagen antes de ser colocada definitivamente en su nuevo trono. Los peregrinos y devotos eran recibidos por el P. Adalbert Franquesa, que en aquel momento era el Sacristán Mayor. Al día siguiente, día 27, tuvo lugar la solemne celebración de la Eucaristía en las plazas, en la que el pueblo catalán hizo ofrenda a la Virgen de un nuevo trono de plata y esmaltes. La organización de las llamadas "fiestas de la entronización" fue a cargo de la comunidad monástica y de la Comisión Abat Oliba. Desde ese momento, la Vigilia de Santa María se ha celebrado ininterrumpidamente hasta nuestros días.

Terminada la Eucaristía, la tercera parte de la Vigilia comenzó en el Camarín de la Virgen, y luego continuó con la oración en la Basílica de Santa María. Este fue un tiempo en silencio, con intervalos de música y textos escogidos.