Hacia una sociedad del cuidado

La Cátedra de Pensamiento Cristiano de nuestra Diócesis, que dirige el Dr. Francesc Torralba, en su 19ª edición del pasado mes de mayo, trató una temática muy actual: “Hacia una sociedad del cuidado”, con la ayuda de tres buenos ponentes: Javier de la Torre, de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), Ester Busquets, de la Universidad de Vic, y el propio Francesc Torralba, de la Universidad Ramon Llull.

Los interrogantes eran relevantes: ¿qué significa cuidar, y en concreto cuidar del mundo, de los demás y de uno mismo? Para el Dr. Javier de la Torre, nuestro planeta vive un momento de gran desgaste: pérdida de la biodiversidad, cambio climático, acidificación de los océanos, deforestación, y también hay que añadir las guerras y su impacto en el ámbito medioambiental. El cuidado del mundo es imprescindible, y es necesario llevarlo a cabo no desde la distancia de la teoría, sino desde lo concreto, desde la proximidad de la vida real concreta. ¿Qué cambios de hábitos personales y comunitarios habrá que hacer, que nos lleven a consumir menos y respetar la casa común? En este sentido presentó la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco, y defendió una bioética global, recuperando la responsabilidad social, personal y política para cuidar el planeta, ya que no puede haber cuidado del mundo sin cuidado social, sin cuidar las relaciones personales, familiares y con la sociedad.

La Dra. Ester Busquets presentó el cuidado de los demás a partir de cuatro ejes fundamentales: la vulnerabilidad de las personas, el cuidado de los demás, la necesidad de la continuidad en el cuidado y la mejora de lo que ya hacemos actualmente para cuidar a los demás. La pandemia de los últimos dos años ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad y fragilidad, y cómo necesitamos el cuidado de los demás. La vida es frágil porque estamos expuestos a las heridas de la violencia, la pobreza, la enfermedad y la muerte. Pero muchas veces la cultura actual no las acepta y las esconde bajo la autosuficiencia del yo. La respuesta a la vulnerabilidad es el amor que nos obliga a dar respuesta a las necesidades de quienes nos rodean, no sólo de los más cercanos, sino de todos. En este sentido, habló de Tolstoy y de la parábola del “Buen Samaritano”, para profundizar en la preocupación por el otro, y la vinculación con lo desconocido. Un vínculo que no es sólo momentáneo, sino que perdura en el tiempo, puesto que el cuidado auténtico implica continuidad. Y denunció lo que frena el cuidado de los demás: el individualismo, el animalismo exacerbado, el econocentrismo. El antídoto será la fraternidad que nos dignifica como sociedad.

La tercera reflexión, del Dr. Francesc Torralba, distinguió el cuidado de sí mismo del narcisismo. Cuidar de sí mismo incluye dos dimensiones: cuerpo y alma. A menudo se reduce el cuidado, al cuerpo. Pero es más importante cuidar de nuestra dimensión espiritual, del alma. El cuidado del alma para Torralba incluye tres elementos fundamentales: el uso de la palabra cuando sirve para expresarnos y hacer el bien a los demás; la comunidad, que no se identifica con la masa, sino que son los vínculos afectivos entre las personas y nos ayuda a salir del egoísmo; y el perdón, que es el antídoto contra dos enfermedades del alma como son el resentimiento y el rencor.

La pandemia ha puesto de manifiesto de forma evidente la vulnerabilidad de la condición humana, de las instituciones y del sistema. Hemos tomado conciencia de nuestra fragilidad y de la relevancia que tiene la ética del cuidado para nuestra subsistencia y para la de las generaciones futuras. Es necesario que tengamos cuidado de nuestro ser, de la naturaleza, de las instituciones, del mundo, de nuestros vínculos y de los valores que fundamentan la vida en paz y armonía. Cuidar es velar y proteger la realidad: es una forma concreta de amar.