Celebremos la Virgen de Núria, Patrona de toda la Diócesis

Empezamos septiembre, y en la Diócesis de Urgell, en la fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, el 8 de septiembre, celebramos las fiestas de la Patrona principal de la Diócesis, la Virgen de Nuria, y también de la Patrona principal de Andorra, la Virgen de Meritxell. Desde 1956, la Iglesia, a través del Papa Pío XII, ratificó solemnemente su Patronazgo sobre toda la Diócesis de Urgell, que ya venía desde antiguo, cuando quiso hacer estancia entre nosotros con la cruz, la campana y la olla. Y fue el 23 de septiembre de 2014, cuando el Santo Padre Francisco nos hizo el gran regalo de declarar el Santuario de Núria, Basílica menor, es decir templo honrado entre los otros templos católicos, para que se reencuentre la paz y la indulgencia de la misericordia divina, y especialmente un templo que avive la unión con la Iglesia de Roma y con su obispo, el Papa Francisco, sucesor del apóstol Pedro, que nos apremia a vivir con generosidad el Evangelio de la alegría.


Celebrar la solemnidad de nuestra Patrona en toda la Diócesis nos vuelve a recordar, con las señales distintivas de Nuria, la cruz, la campana y la olla, que venimos del Amor crucificado y resucitado del Señor Jesucristo, que nos impulsa a amar como Él ha amado, y a dar la propia vida como Él en la cruz. Nos ayuda a captar que la campana, la voz de Dios, es siempre lo más importante en nuestras vidas, y que nosotros, como campanas que resuenan, tenemos que anunciar su voz, su Palabra, en todo el mundo y a todos, para que los hombres se sientan atraídos hacia su Creador y Redentor. Y finalmente la olla, nos recuerda que la solidaridad y el compartir que S. Gil practicaba a Nuria con los pastores, son nuestros distintivos de creyentes, ya que es por el amor solidario que nos reconocerán como hijos de Dios y se hará visible nuestra fe.

La Virgen María, como buena Madre de la Iglesia y Madre nuestra, siempre recuerda a sus hijos, desde Nuria, que cuidemos nuestra fe cristiana y la transmitamos con fidelidad a las generaciones que nos suceden, amando a las familias y siendo fieles a nuestras antiguas raíces cristianas. Ella quiere que vivamos como hermanos, sin odios ni violencias, forjando un pueblo catalán unido y hermanado, pacífico y justo, respetuoso y acogedor de los que vienen a buscar un futuro mejor. Y que meter la cabeza dentro de la olla, ha de significar que amamos y defendemos la vida, todas las vidas de pequeños y ancianos, de los aún no nacidos y de todos, para que la fecundidad llegue a todos los hogares de Cataluña y del mundo. Siempre poner la dignidad de los más débiles y necesitados en el centro de nuestra sociedad, que tenemos que hacer solidaria y justa. Es Jesucristo quien da sentido pleno a nuestras vidas, y María nos lo regala desde su regazo generoso de Núria. Él nos bendice con su mano derecha y nos da su Evangelio, camino de vida, con la izquierda.

Que la Virgen de Nuria conceda su favor a todos los que acudimos a su protección, para que nos ayude y nos rehaga. Pongamos en sus manos nuestra Diócesis; los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional; así como el futuro de nuestro país que vive momentos trascendentales. Ella bendice nuestra tan antigua y tan joven nación catalana, nos guarda de perder la fe en Dios, y siempre nos enseña el camino del amor, la justicia y la paz.