Al servicio de la educación popular y gratuita de los niños

Este fin de semana en varios lugares del mundo y también en La Seu d’Urgell estamos celebrando el Año Calasancio, conmemorando los 125 años de la canonización de un cura nuestro, S. José de Calasanz, y los 400 años de la erección canónica de la Orden de las Escuelas Pías, por él fundado en Roma. José Calasanz y Gastó (Peralta de la Sal, 1556 ò 1557 - Roma, 1648) fue ordenado sacerdote en Sanaüja y pertenecía a nuestra Diócesis de Urgell. Fue estrecho colaborador del obispo Andreu Capella que aplicó la reforma del Concilio de Trento en nuestra Diócesis. Canónigo y Vicario general, se conservan muchos escritos suyos en el Archivo Capitular de La Seu, pues era Secretario del Capítulo. Después fue Arcipreste de Tremp cuidando a los sacerdotes y parroquias de ese territorio. Y al ser enviado a Roma por el obispo, mientras esperaba ser recibido, Dios le hizo descubrir la miseria de los niños de la calle en el Trastévere, y empezó una iniciativa destinada a abrir caminos educativos nuevos en Roma y en toda Europa: fundó una escuela popular gratuita, en grupo, una "escuela pía", donde se unieran armónicamente "piedad y letras", su gran ideal. Sufrió denuncias y persecuciones, que le permitieron mostrar la bondad de su proyecto y la santidad de su vida. Y finalmente el Papa le otorgó la aprobación, y sacó adelante una Escuela que sería pionera en pedagogía. Siglos más tarde fue proclamado Patrón de los Maestros y de las Escuelas populares. Y así un santo sacerdote nuestro se convirtió en un gran educador y el fundador de una orden extendida por todo el mundo. Él ilumina y guía el camino del servicio evangélico en el mundo educativo, y el compromiso de los sacerdotes-maestros para que el mundo reciba la Buena Nueva de Jesús.

En los tiempos actuales de gran debate educativo, con tantas ideas diversas y a veces contradictorias sobre pedagogía, escuela, neutralidad ideológica, transmisión de valores, presencia y enseñanza de la religión, ciencias y humanística, igualdad de oportunidades y excelencia educativa, estatalización de toda la enseñanza y libertad de los padres y de la iniciativa social, etc. le encomendamos nuestras escuelas y enseñantes, las familias, y sobre todo los niños y niñas que son la esperanza del futuro de nuestra sociedad. Es Jesús quien nos ha enseñado que "quien recibe a un niño le acoge a Él mismo".

El Papa Francisco en este año jubilar calasancio dijo: "Que la casa común de la Escuela Pía se llene de Espíritu Santo, para que se cree en vosotros la comunión necesaria para llevar adelante con fuerza la misión propia de los Escolapios en el mundo, superando los miedos y barreras de todo tipo. Que vuestras personas, comunidades y obras irradien en todos los idiomas, lugares y culturas, la fuerza liberadora y salvadora del Evangelio. Que el Señor os ayude a tener siempre un espíritu misionero y disponibilidad para poneros en camino. El lema para este Año Jubilar -Educar, Anunciar, Transformar- os orienta y os guía. Permaneced abiertos y atentos a las indicaciones que el Espíritu os sugiera. Por encima de todo, seguid las huellas que los niños y los jóvenes llevan inscritas en sus ojos. Mirarlos a la cara y dejaros contagiar por su brillo para ser portadores de futuro y esperanza. La educación abre la posibilidad de comprender y acoger la presencia de Dios en el corazón de cada ser humano, desde la más tierna infancia, haciendo uso del conocimiento humano (las "letras") y divino (la "piedad"). Sólo la coherencia de una vida basada en este amor os hará fecundos y os llenará de hijos".