«Señor ¿qué mandáis hacer de mí?»

En este Año teresiano el lema del Día del Seminario es una de las bellas frases de Sta. Teresa de Jesús, "Vuestra soy, para Vos nací: ¿Qué mandáis hacer de mí?". Es de un famoso poema suyo en que se ofrece totalmente a su Señor, a quien ama sin reserva ni doblez. Sabe que todo en ella viene de Dios, y quiere devolvérselo con generosidad. Amar, servir, darse sin retener nada... solo deseando y eligiendo ser amada por Jesús, y tener el privilegio de ser "Teresa de Jesús" y que Él sea "Jesús de Teresa". El lema nos sitúa en el camino de la obediencia a Dios, y no de los gustos e intereses propios. Nos recentra en Dios, nos saca de toda mundanización que busca la gloria de sí mismo y no la de Dios. Así hablaba con pasión de formador el Papa Francisco a los seminaristas y novicios en julio 2013: "Convertirse en sacerdote, no es ante todo una elección nuestra. Más bien es la respuesta a una llamada y a una llamada de amor. Siento algo dentro, que me inquieta, y yo respondo sí. En la oración, el Señor nos hace sentir este amor, pero también a través de numerosos signos que podemos leer en nuestra vida, a través de numerosas personas que pone en nuestro camino. Y la alegría del encuentro con él y de su llamada lleva a no cerrarse, sino a abrirse; lleva al servicio en la Iglesia." Necesitamos ir creando un clima favorable a la escucha de la llamada del Señor con atención, y colaborar para que la respuesta de los jóvenes sea humilde, comprometida, totalizante y eclesial.
En estos últimos tres años en España hemos pasado de 132 nuevos ingresos en el año 2012, a 311 en 2013, y a 347 en 2014, que en números totales significó pasar de 1.307 seminaristas mayores en 2012, a 1.321 en 2013, y a los actuales 1.357 seminaristas. Signo real para la esperanza. En nuestra Diócesis tenemos actualmente 5 seminaristas y en los dos últimos años hemos podido ordenar 3 nuevos sacerdotes. Demos gracias a Dios! Las tres claves más importantes de la pastoral vocacional continúan siendo las familias que viven y transmiten la fe con paciencia y fervor; las comunidades parroquiales misioneras, acogedoras y vivas, que practican la caridad y la cultura del encuentro, siempre apoyadas por la escuela; y los mismos sacerdotes que son testigos felices del Evangelio con autenticidad y coherencia.
Debemos presentar de nuevo la vida como "vocación". Dios nos quiere para algo más que para ser felices solos, ricos y egoístas; que la vida se vive de verdad dándola, regalándola, poniéndola al servicio de nuestro prójimo, a ejemplo de Jesús, siendo sus discípulos. "La formación de los seminaristas es una experiencia discipular, que acerca a Cristo y permite ajustarse cada vez más a Él", propone el Papa Francisco, y "no puede ser una tarea que se termina, porque los sacerdotes jamás dejan de ser discípulos de Jesús, de seguirlo". El Día del Seminario, más allá de informar y de realizar una necesaria colecta de ayuda, debe ser un haz de iniciativas de intercesión confiada al Amo de la mies para que envíe más trabajadores a su mies. Sin oración no habrá vocaciones, no se escuchará la voz de Dios que llama, no crecerá la Iglesia, ni los evangelizadores. Sin oración no habrá formación ni discernimiento evangélico. Sin oración, el Espíritu Santo no podrá darnos los santos sacerdotes que tanto necesitamos.

Enfermedades que necesitamos identificar, confesar y curar (y 2)

Si bien es importante identificar las enfermedades del alma, para caminar con decisión hacia la Pascua, es aún más importante poder curar las enfermedades con la oración y el sacramento de la Confesión. Por eso a las 15 enfermedades, siguieron los 10 "cuidados" del Papa Francisco en un famoso discurso del pasado diciembre a los trabajadores del Vaticano y a sus familias, que era la segunda parte de la "meditación" que sobre enfermedades y curación hacía el Papa.

El Espíritu Santo nos ayuda a cuidar de todas estas dimensiones, para vivir en la comunión con Dios y los hermanos, y resucitar a una vida nueva con el Señor. Si tenemos esta atención, el Señor, todopoderoso en el amor, nos curará:

1. Necesitamos cuidar de nuestra vida espiritual, de nuestra relación con Dios, porque esta es la columna vertebral de todo lo que hacemos y de todo lo que somos. Un cristiano que no se alimenta con la oración, los sacramentos y la Palabra de Dios, inevitablemente se marchita y se seca.
2. Cuidar nuestra vida familiar, dando a los hijos y a los seres queridos no sólo dinero, sino sobre todo tiempo, atención y amor.
3. Cuidar nuestras relaciones con los demás, transformando la fe en vida y las palabras en obras buenas, especialmente hacia los más necesitados.
4. Cuidar nuestra manera de hablar, purificando la lengua de las palabras ofensivas, de las vulgaridades y del lenguaje de matiz mundano.
5. Curar las heridas del corazón con el aceite del perdón, perdonando las personas que nos han herido y curando las heridas que hemos causado a los demás.
6. Cuidar nuestro trabajo, realizándolo con entusiasmo, humildad, competencia, pasión y con un espíritu que sabe dar gracias a Dios.
7. Cuidarse de la envidia, la concupiscencia, el odio y los sentimientos negativos que devoran nuestra paz interior y nos transforman en personas destruidas y destructoras.
8. Cuidarse del rencor que nos conduce a la venganza, y de la pereza que nos conduce a la eutanasia existencial; apartarnos de la soberbia, y del lamentarnos continuamente, lo que nos conduce a la desesperación. Y pedir al Señor la sabiduría de saber morderse la lengua a tiempo, para no decir palabras injuriosas, que luego nos dejan la boca amarga.
9. Cuidar a los hermanos más débiles: ancianos, enfermos, los que pasan hambre, los sin techo y los extranjeros, porque sobre esto seremos juzgados.
10. Cuidarse de no caer en el consumismo comercial, la apariencia o los regalos inútiles, o bien los despilfarros superfluos, sino que busquemos la alegría de acoger al Señor y a los hermanos con sobriedad y espíritu solidario.

Cuidar significa manifestar interés diligente y atento, que implica tanto nuestro espíritu como nuestra actividad, hacia alguien o algo. Significa mirar con atención al que necesita cuidados sin pensar en nada más. Significa aceptar dar o recibir cuidados. La oración con la que se bendicen las Cenizas al inicio de la Cuaresma, dice: "Oh Dios, que te dejas vencer por el que se humilla y encuentras agrado en quien se arrepiente de sus pecados...". Vivamos la Santa Cuaresma con humildad y penitencia, con ganas de identificar nuestras enfermedades del alma, para confesarlas humildemente y dejarse sanar por el Espíritu Santo. ¡Él es el artífice de la nueva creación que esta Pascua Dios quiere realizar en todos y cada uno de nosotros!

Enfermedades que necesitamos identificar, confesar y curar (1)

¡Es tan importante identificar las enfermedades del alma para poder confesarlas ante Dios y la Iglesia, con el sacramento del perdón, y así ser sanados! Por eso os ofrezco las 15 enfermedades que el Papa identificó en un famoso discurso del pasado diciembre a la Curia, que son males y tentaciones peligrosos para todo cristiano y para toda curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y que pueden afectar tanto en el plano individual como en el comunitario. Nos ayudarán a preparar la celebración del Sacramento de la Reconciliación, para vivir mejor la Pascua.

¿Sufro yo estos males o tentaciones? Hagamos examen de conciencia:

1. El mal de sentirse «inmortal», «inmune», e incluso «indispensable».
2. La excesiva laboriosidad (Marta), cuando, enfrascados en el trabajo, dejamos de lado, inevitablemente, «la mejor parte»: estar sentados a los pies de Jesús.
3. También existe el mal de la «petrificación» mental y espiritual, es decir, el de aquellos que tienen un corazón de piedra y son «duros de corazón».
4. El mal de la planificación excesiva y el funcionalismo.
5. El mal de una falta de coordinación con quienes trabajo, con los que convivo, sin buena comunión entre nosotros.
6. El «Alzheimer espiritual», es decir, el olvido de la "historia de la salvación», de la historia personal con el Señor, del «primer amor» (cf. Ap 2,4).
7. El mal de la rivalidad y la vanagloria.
8. El mal de la esquizofrenia existencial. El que tiene una doble vida, fruto de la hipocresía típica de los mediocres y del progresivo vacío espiritual, que las vanaglorias no pueden satisfacer.
9. El mal de la murmuración y del cotilleo. De los que despotrican a espaldas de los demás.
10. El mal de divinizar a los jefes: es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del arribismo y el oportunismo; honran a las personas y no a Dios.
11. El mal de la indiferencia hacia los demás. Se da cuando cada uno piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas.
12. El mal de la cara fúnebre, la severidad teatral y el pesimismo estéril que son frecuentemente síntomas de miedo e inseguridad de sí mismo.
13. El mal de acumular, que se produce cuando el apóstol busca llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino sólo para sentirse seguro.
14. El mal de los círculos cerrados, donde la pertenencia al grupo se hace más fuerte que la pertenencia al Cuerpo eclesial y, en algunas situaciones, a Cristo mismo.
15. Y el último: el mal de la ganancia mundana y del exhibicionismo; cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener beneficios mundanos, o más poder.

Corresponde sólo al Espíritu Santo -el alma del Cuerpo Místico de Cristo-, curar toda enfermedad. Él es quien sostiene todo esfuerzo sincero de purificación y toda buena voluntad de conversión. El que nos hace comprender que cada miembro participa en la santificación del cuerpo y también en su decaimiento. Él es el promotor de la armonía. Sanaremos si tenemos conciencia de la enfermedad, y si tomamos la decisión personal y comunitaria de sanar, soportando con perseverancia las curas. ¡Pidamos hacerlo con fe y por intercesión de la Virgen María!

Camino cuaresmal

Decir Cuaresma es decir camino. Camino de cambio y de mejora, hacia la Pascua; camino comunitario de conversión, con toda la Iglesia que se dispone a morir y resucitar con Cristo, para renovarse. Y al mismo tiempo es también camino personal, que nadie puede hacer por mí sino que tengo que ser yo quien lo recorra... "El camino que hizo Jesús, Él solo lo siguió... todos lo debemos seguir... nadie lo puede hacer por mí", cantamos. Y el Vía-crucis, el camino de la cruz, tan popular en nuestros pueblos, es una gran devoción que siguiendo los Evangelios de la Pasión, nos lleva a contemplar el Hijo de Dios que camina adelante para dar la vida en rescate de todos y para la salvación de toda la humanidad. Un camino de identificación con Cristo, para llegar a la victoria.

¿Algún consejo para el camino? Os animo a tomar el camino del seguimiento de Jesús, con alegría, y con resolución. Nos quiere cerca de Él y nos ayuda a hacer el camino de Pascua con Él, y como Él. Os subrayo 5 elementos a tener en cuenta:

1. Por más que hayamos caído y recaigamos, levantarse, no rendirse nunca, porque lo que Jesús pensó para nuestro camino, seguro que es del todo bueno para nosotros, y lo podremos hacer juntos con la Iglesia. Tengamos confianza en la fuerza del perdón.

2. No nos centremos en nosotros mismos, sino interesémonos por las necesidades de los que nos rodean y sobre todo de los más pobres, los que más sufren, los que están más solos, porque quien quere hacer el bien a Jesús, no puede no amar el prójimo. Él vive en el prójimo. Y así nuestro camino llegará a ser todo de amor.

3. Amemos a la Iglesia, a la parroquia, a la gente concreta, amemos a nuestros sacerdotes, pongámonos al servicio de la comunidad, porque la Iglesia no son sólo los sacerdotes o los obispos... sino que es toda la comunidad. Pongámonos al servicio de la comunidad. Ofrezcamos tiempo, energía, soporte, calidad y capacidad personales en nuestra parroquia o comunidad y así podremos testimoniar que la riqueza de cada uno es un don de Dios para compartir.

4. Seamos apóstoles de paz y de serenidad, a partir de nuestras familias. Recordemos a todos que es bello amarse y que las incomprensiones pueden superarse, porque estando unidos a Jesús, todo es posible. Es la palabra que dijo Jesús a aquel padre que le pedía que curara a su hijo: "Todo es posible al que tiene fe" (Mc 9,23). Con la fe en Jesús se puede todo.

5. Hablemos con Jesús, como un amigo a su Amigo. La oración es muy importante en la Cuaresma. Hablemos con Jesús, el Amigo más grande, que nunca nos abandona; confiémosle nuestros gozos y tristezas. Recurramos a Él cada vez que nos equivoquemos y hagamos algo malo, con la certeza de que Él nos perdonará. Y hablemos a todos de Jesús, de su amor, de su misericordia, de su ternura, porque la amistad con Jesús, que ha dado la vida por nosotros, es un acontecimiento de gracia que hay que explicar a todo el mundo.