El rostro de la misericordia de Dios es Jesús (1)

El Santo Padre Francisco ha convocado para el próximo año un Jubileo extraordinario con motivo del Año de la Misericordia. Este Jubileo, que se inaugurará en la basílica de San Pedro del Vaticano el próximo 8 de diciembre para conmemorar el 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, terminará el 20 de noviembre de 2016, fiesta de Cristo Rey. Será después de la apertura en Roma, cuando el día 13 de diciembre, III Domingo de Adviento, se abrirá la Puerta Santa en S. Juan de Letrán, la catedral de Roma y en las demás catedrales e iglesias de significado especial, y eso ya es una novedad. El Papa quiere que el Jubileo de la Misericordia se celebre en todo el mundo, como un signo más de ir a las periferias para anunciar el Evangelio de la alegría y de la misericordia. La Bula de convocatoria "Misericordiae vultus" consta de 25 números, y presenta a Jesús como "el rostro de la misericordia del Padre", una misericordia que "es fuente de alegría, de serenidad y de paz", ya que la misericordia de Dios "es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad" (nº 2).

La Iglesia quiere "mantener vivo" el Concilio Vaticano II (1962-1965), dice el Papa Francisco (nº 4). Ya San Juan Pablo II en el inicio de nuestro siglo había pedido que la Iglesia se interrogara sobre la acogida del Concilio. "A medida que pasan los años, aquellos textos no pierden su valor ni su esplendor, decía. Hay que leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarse en el camino del siglo que comienza." (NMI 57). Ahora el Papa Francisco reclama recuperar el Concilio Vaticano II, como una especie de viento del Espíritu, que hizo posible "hablar de Dios a los hombres de su tiempo de una manera más comprensible" (nº 4).

La Escritura nos habla del Dios "paciente y misericordioso" (nº 6) para describir la naturaleza de Dios. Y es en las parábolas de la misericordia (oveja perdida, la moneda perdida y sobre todo el hijo pródigo, de Lucas 15) donde Jesús revela la naturaleza del Padre compasivo y misericordioso (nº 9). Por eso precisamente, la misericordia es "la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia" (nº 10), lo que da plenitud y sentido a la fe de los creyentes, por lo que sin el perdón, "queda sólo una vida infecunda y estéril "(nº 10). De ahí que la Iglesia tiene "la misión de anunciar la Misericordia de Dios" en todo el mundo (nº 12). Debemos ser "misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso" (nº 14), lema de este Jubileo Extraordinario. El Papa también nos anima a estar al lado de los más vulnerables de nuestra sociedad, "a abrir el corazón a los que viven en las periferias existenciales" (nº 15), a escuchar el grito de auxilio de nuestros hermanos y a abrir nuestros ojos a las miserias del mundo, para hacernos cargo de los que sufren. El Papa nos pide aliviar las heridas "con el aceite del consuelo, a vendarlas con la misericordia y curarlas con la solidaridad" (nº 15).

El sábado que viene es la gran solemnidad de la Santa María Asunta al cielo, Madre de misericordia y Refugio de los pecadores. Que Ella nos ayude a recorrer los caminos de la misericordia para con nuestros hermanos. Recordémosle cómo en el Rosario, "María, Madre de Gracia, Madre de misericordia, líbranos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén."

Mil millones de turistas, mil millones de oportunidades

El Mensaje de la Santa Sede para el Día del turismo que celebraremos el próximo 27 de septiembre señala que el sector turístico, aprovechando las riquezas naturales y culturales, puede promover su conservación o, paradójicamente, su destrucción, e invita a hacer del viaje una experiencia existencial. En el año 2012 se superó la barrera simbólica de mil millones de llegadas turísticas internacionales. Y las previsiones estiman que en 2030 se llegará al nuevo objetivo de dos mil millones. Y se nos propone un lema, "Mil millones de turistas, mil millones de oportunidades", ya que cada viaje, cada día de vacaciones, es una nueva oportunidad.

Hoy ha cambiado la manera de desplazarse y, en consecuencia, también la experiencia del viaje. Quien se traslada a un país o una zona diferente de su lugar habitual, lo hace con el deseo, consciente o inconsciente, de despertar la parte más recóndita de sí mismo, a través del encuentro, el compartir y el intercambio. Se ha debilitado el concepto clásico de ''turista'' y se ha fortalecido el de ''viajero'', es decir, aquel que no se limita a visitar un lugar, sino que, de alguna manera, se convierte en parte integrante del lugar. Ha nacido "el ciudadano del mundo". Ya no quiere ver sino pertenecer, no curiosear sino vivir, ya no analizar sino unirse. El Papa Francisco nos invita a acercarnos a la naturaleza en su última encíclica "Laudato si’” con apertura al estupor y la maravilla, hablando el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo. Este es el acercamiento correcto a adoptar también ante los lugares y los pueblos que visitamos. Este es el millar de millones de oportunidades de que nos habla el lema.

El negocio turístico debe darse con y para las personas, invirtiendo en los individuos y en la sostenibilidad. Y debe abrir sus fronteras a la acogida de quien llega de otros lugares, movido por una sed de conocimiento. Es una oportunidad única para el enriquecimiento recíproco y el crecimiento común. Ofrecer hospitalidad permite hacer fructificar las potencialidades ambientales, sociales y culturales, crear nuevos puestos de trabajo, desarrollar la propia identidad y valorizar el territorio. La globalización del turismo también conduce al nacimiento de un sentido cívico individual y colectivo. Redescubrir la autenticidad del encuentro con el otro, y la economía del compartir, pueden tejer una red a través de la que aumenten una humanidad y una fraternidad capaces de generar un intercambio equitativo de bienes y servicios.

El turismo representa también una gran oportunidad para la misión evangelizadora de la Iglesia. Debe acompañar a los católicos con propuestas litúrgicas y formativas, y tiene que  iluminar a quien, en la experiencia del viaje, abre su corazón y se interroga, realizando así un verdadero primer anuncio del Evangelio. Una Iglesia que salga y se haga cercana a los viajeros puede ofrecer una respuesta adecuada y personalizada en su búsqueda interior, haciendo posible así un encuentro más auténtico con Dios. Tarea de la Iglesia es también educar en la vivencia del tiempo libre. El Santo Padre nos recuerda que ''la espiritualidad cristiana incorpora el valor del descanso y de la fiesta. Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita, que es algo diferente de un mero no hacer nada''. El sector turístico también puede ser una oportunidad, es más, mil millones de oportunidades, para construir caminos de paz. El encuentro, el intercambio y el compartir favorecen la armonía, la concordia, la reconciliación y la paz.

Agradecimiento, misericordia y esperanza

Comenzamos el tiempo de vacaciones por excelencia. Acabemos trabajos y tratemos de descansar, si nuestras tareas nos lo permiten. Tendremos mayor contacto con la familia y con la naturaleza, con nuestros pueblos de origen, tal vez nos podremos permitir algún extra y sobre todo romper con las rutinas y rehacer fuerzas con el descanso. Es tiempo de recoger los frutos, muchos o pocos, del curso que acaba; tiempo de agradecer la cosecha, la que se ve y la que no se ve; los frutos misteriosos que sólo Dios conoce de lo que vamos sembrando durante el año. Os invito a disponeros a la acción de gracias, a la conversión y a la esperanza, sabiendo que lo importante es invisible a los ojos (A. de Saint-Exupéry). Así como el Papa Francisco recomienda a los matrimonios tres palabras que no pueden faltar en su corazón, "perdón, gracias y permiso", yo también os propongo tres que nos orienten en la finalización de este curso: "agradecimiento, misericordia y esperanza".
Agradecimiento, porque el apóstol misionero, el servidor del Evangelio de la alegría, cuando llega el momento de la siega, debe ser agradecido. Él preparó el campo, sembró la semilla, abonó la tierra, y la regó pacientemente,... y ahora, "sin que él sepa cómo", contempla la cosecha. Es Dios, y sólo Dios, quien todo lo hace fructificar, y siempre de forma sorprendente. Seamos agradecidos de que Dios nos haya considerado dignos de trabajar por su Reino, con Él. Quizás nos ha tocado sembrar con lágrimas en los ojos, pero ahora volvemos llenos de alegría. Ya que la cosecha es suya. Nosotros somos "siervos inútiles, sin ningún mérito, que hacemos lo que teníamos que hacer”. Es bueno trabajar y perseverar en el amor, hasta el cansancio, para este Amo de la mies.
Misericordia, porque siempre hay mucho a dejarse perdonar y a perdonar. No nos cansemos de revisar lo que hacemos, cómo lo hacemos, y por qué lo hacemos... y seguro que caeremos en la cuenta de que todo nuestro trabajo con la familia, como voluntarios y en nuestra colaboración pastoral, podría mejorar. Ahora también es el momento de la conversión, de pedir perdón y misericordia. Tenemos que vivir desde la misericordia nuestra entrega de evangelizadores. Dios es Padre misericordioso, que no se cansa de perdonarnos. Acojamos la misericordia de Dios, y seamos portadores siempre y en todo lugar de un trato misericordioso y lleno de confianza.
Esperanza, porque hay que estar abiertos a lo que Dios disponga para cada uno de nosotros, ya que Dios siempre "abre un futuro ante nosotros". Debemos proponernos nuevas metas, mejoras, cambios, que con la ayuda de Dios se podrán llevar a cabo. Sin caer en tentaciones de pereza o comodidad. Conviene que pongamos nuestra confianza en el Dios que "hace que todo sea nuevo", y para quien "nada es imposible".
Llegan las vacaciones y se termina un curso. Viene un tiempo de pausa, de cambio de ritmo, y ya se vislumbra la novedad de lo que vendrá. Nos conviene un descanso, pero no puede haber vacaciones para la fe, para la oración y la Eucaristía, para el servicio a los hermanos, y para la ayuda a los necesitados. Que el Señor nos guarde y nos haga vivir en el gozo del siervo bueno y fiel, que ha sido fiel en lo poco y Dios lo pondrá sobre mucho. ¡Buenas vacaciones, y buen nuevo curso!

"Alabado seas", la encíclica de la ecología humana integral (y 2)

A lo largo de 6 capítulos, 246 números y 200 páginas, la encíclica del Papa Francisco con el título "Laudato si’", "reflexión gozosa y dramática a la vez", urge a crear un sistema normativo que incluya "límites infranqueables" y asegure la protección de los ecosistemas ante "nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico". Anima a cambiar los "hábitos perjudiciales de consumo" que a veces parecen "suicidas", como el creciente aumento del uso y la intensidad del aire acondicionado. "El ritmo de consumo, de desecho y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal modo que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes". Además, relaciona el cuidado del medio ambiente con algunas cuestiones éticas y asegura que "no es compatible" la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. "Cuando no se reconocen el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad, difícilmente escucharán los gritos de la naturaleza". Por eso podemos decir que esta es la encíclica de la ecología humana integral.
"No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege un embrión humano, aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades". Además, considera "preocupante" que algunos movimientos ecologistas reclamen, "con razón", ciertos límites a la investigación científica y, en cambio hacia la vida humana "se justifique traspasar todos los límites", como "cuando se experimenta con embriones". También critica el Papa Francisco todas aquellas políticas que en lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, sólo proponen una reducción de la natalidad con presiones internacionales a los países en vías de desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de 'salud reproductiva', dicen. Para el Papa, la "culpa" no es del aumento de la población sino del "consumismo extremo de algunos".
Apunta, también, que los países del Norte tienen una "deuda ecológica" con el Sur debido al uso "desproporcionado" de los recursos naturales llevado a cabo. El enorme consumo de algunos países ricos tiene repercusiones en los lugares más pobres. No se debe hacer desarrollo "a costa" de los más pobres. Precisamente, alerta de que los peores impactos de la crisis ecológica "recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo". Estos efectos ya se observan en el "trágico" aumento del número de emigrantes que huyen de la miseria de sus países empeorada por la degradación ambiental y que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales, quedando "sin protección de ninguna normativa". Otro de los graves problemas es "la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes cada día" y advierte de la falta de conciencia sobre la gravedad de conductas como "gastar y tirar" este recurso vital hasta "niveles inauditos".
Con esta Encíclica, el Papa Francisco se alinea con las corrientes científicas más fundamentadas, y con los enfoques que ven en el desarrollo sostenible un paradigma para el estudio de las políticas de bienestar y desarrollo. La defensa de la creación es elevada por Francisco a la categoría de deber moral para con Dios y los hombres, por lo que pasa a ser tan vertebradora, universal e imperativa como la paz, la igualdad, la dignidad y la justa distribución de la riqueza.