La fraternidad, fundamento y camino para la paz

¿Cuál es el mensaje para el nuevo año del Papa Francisco? Su mensaje para la Jornada mundial de la Paz destaca este año que la vida plena tiene un elemento esencial, la fraternidad: ver a los demás no como enemigos o contrincantes, sino como hermanos a los que hay que acoger y amar. Y desde la fraternidad construir una sociedad justa y una paz estable y duradera.

Todos estamos llamados a construir una comunidad formada por hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan unos de otros. El Papa denunció desde la isla de Lampedusa, lugar de dolor y de muerte, donde llegan emigrantes y fugitivos de las opresiones del mundo de hoy, que hemos globalizado la indiferencia, y nos hemos habituado al sufrimiento de los demás, cerrándonos en nosotros mismos. Las numerosas situaciones de desigualdad, pobreza e injusticia que hay en nuestro mundo revelan no sólo una profunda falta de fraternidad, sino la carencia, y a veces la ausencia, de una cultura de la solidaridad. El individualismo, el egocentrismo y el consumismo materialista debilitan los lazos sociales y fomentan una mentalidad de "descartar" que lleva al abandono de los más débiles, los que son considerados inútiles, sean viejos, niños no nacidos, enfermos, personas dependientes... No queremos ver las injusticias y nos fabricamos teorías e ideologías que justifiquen nuestros egoísmos más negativos. En el Nuevo Año que estrenamos, hagamos sitio para esta vocación a la fraternidad y a la preocupación por los hermanos. Estamos hechos para la reciprocidad, para la comunión y para el don, creados con una dignidad inalienable, que todos debemos respetar y promover.

Inmersos como estamos todavía en una crisis económica de grandes proporciones, también descubrimos que la fraternidad es la premisa para vencer la pobreza. Convendría redescubrir la fraternidad en la economía. El hecho de que las crisis económicas se sucedan una tras otra, debería llevar a las oportunas revisiones de los modelos de desarrollo económico y a un cambio en los estilos de vida. Un cambio que reclama cesiones, renuncias, perder para que el conjunto gane, aportar justamente al bien común para que pueda ser redistribuido con justicia. También debe ser cierto que la crisis actual, con graves consecuencias para la vida de las personas, puede ser una ocasión propicia para recuperar las virtudes de la prudencia, de la templanza, de la justicia y de la fortaleza. Estas virtudes nos pueden ayudar a superar los momentos difíciles y redescubrir los vínculos fraternos que nos unen unos a otros. Se necesita una conversión de los corazones que permita a cada uno reconocer en el otro a un hermano que me interpela y que tengo que acoger con todas las consecuencias.

Finalmente la fraternidad genera paz social, crea equilibrio entre libertad y justicia, entre responsabilidad personal y solidaridad, entre el bien de los individuos y el bien común. Y una comunidad política debe favorecer todo esto con transparencia y responsabilidad. El necesario realismo de la política y de la economía no puede reducirse a un tecnicismo privado de ideales, ignorando la dimensión trascendente de la persona humana. Cuando falta esta apertura a Dios y a sus leyes morales, cuando pretendemos decir nosotros lo que está bien y lo que está mal, toda actividad humana se vuelve más pobre y las personas quedan reducidas a objetos de explotación. La política y la economía necesitan estructurarse sobre la base de un auténtico espíritu de caridad fraterna y así podrán ser instrumentos eficaces de desarrollo humano integral y de paz social duradera.

"Para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 90,12)

Ahora que acabamos de pasar página del mes y del año del calendario, cuando se abre ante nosotros un Nuevo Año, un tiempo de gracia y de novedad, debemos pedir con el salmista: "Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 90,12). Aprender a ver los días del año a la luz del amor misericordioso de Dios Padre, que todo lo llena de vida, y al mismo tiempo verlo desde nuestra debilidad y brevedad (cf. Sal 39,5). La forma en que se debería evaluar un año tiene mucho que ver con si fuimos capaces de amar, de perdonar, de experimentar la alegría, de aprender cosas nuevas, de doblegar nuestros egoísmos, de compartir gratuitamente con alguien... sin tener miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar alguna estrategia para cambiarla. Ser feliz es una decisión, no lo olvidemos.

Con estos criterios, cabe preguntarse qué hacer para poder construir un buen año 2014, ya que todos estamos en el camino de superar las dificultades, de aprender cada día a ser mejores y de entender que vinimos a la existencia para amar, dejar huella, y ser felices.

Amar a Dios y al prójimo todos los días del nuevo año y de nuestra vida. La Escritura nos dice que "el principio de la sabiduría es el temor del Señor" (Sal 111,10). Venerar, amar, rezar, acoger su Palabra... y ser buenos samaritanos hacia todos aquellos que encontremos por el camino de la vida. ¡Todo está abierto para el amor!

Dejar huella, es como decir que tendremos que aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento personal y social. El trabajo, sea remunerado o no, dignifica el espíritu y nos hace bien en nuestra salud. Por eso debemos esperar ardientemente que la economía se recupere y que muchos más puedan encontrar el trabajo que los dignifique, sin depender de ayudas. Tenemos que poder cansarnos porque eso quiere decir que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos, pues para dormir, tendremos siglos después.

Ser felices, libres, desplegar todas las potencialidades que llevamos dentro... Valoremos la libertad como una forma de vencerse a uno mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que tenemos que hacer, con alegría, y cultivar la fuerza de voluntad, el espíritu de sacrificio y abnegación, este maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas ante cosas mejores por venir. Tratemos de crecer en la dimensión espiritual. La apertura a la trascendencia y dar sentido a lo que hacemos, tiene que ver con "la inteligencia espiritual " (F. Torralba). Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso al diálogo, a los encuentros familiares y con amigos, dentro y fuera de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de la familia. Seremos felices no porque desaparezcan los problemas (estar vivo es siempre tener nuevos problemas...) sino porque aprenderemos a enfrentarlos "con la sabiduría del corazón". Las alegrías, cuando se comparten, se hacen más grandes, y en cambio, con las penas pasa al revés, se hacen más pequeñas. Quizá lo que ocurre es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Para el 2014 pidamos un corazón grande, lleno de fe, para disfrutar de las alegrías y porque las penas no nos hagan daño. ¡Un Feliz Año 2014!