"¡Es el Señor!"

El próximo sábado día 7 de junio, vigilia de Pentecostés, tendrá lugar el Aplec de l'Esperit 2014, en Banyoles, diócesis de Girona. Un Encuentro de Jóvenes Cristianos de larga tradición, que celebra la Pascua del Espíritu uniéndose en comunión de oración y acción comprometida, después de haberse preparado durante todo el curso. Es un encuentro festivo de expresión juvenil, en la fiesta de Pentecostés, que nació en 1978 con el objetivo de abrir espacios de libertad en la Iglesia para que los jóvenes recibieran la Buena Noticia del Evangelio con lenguaje y expresiones suyas. Desde entonces, el Aplec de l'Esperit ha sido el hilo conductor de la pastoral de jóvenes en Cataluña y se ha celebrado en diferentes lugares como Siurana (1982), Poblet (1985), Lleida (1988), Manresa (1991), Vilafranca del Penedès (1998), La Seu d'Urgell (2002), Tarragona (2007) y Terrassa (2010), donde se celebró el último.

Actualmente, el Aplec de l'Esperit lo convocan los Obispos de la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET), mediante las Delegaciones Diocesanas de Pastoral de Juventud que forman el Secretariado Interdiocesano de Juventud (SIJ). En cada ocasión viene organizado por una diócesis distinta. Este gran encuentro juvenil reúne a jóvenes vinculados a diferentes realidades de Iglesia de toda Cataluña, Baleares y Andorra.

Este año se celebra bajo el lema "¡Es el Señor!" tomado del Evangelio de Juan (21,7), cuando "el discípulo a quien Jesús amaba", tan unido a Jesucristo por el amor más grande, lo reconoce en la orilla del lago de Galilea. Le creían muerto y sepultado, creían que todo había fracasado y que tenían que retirarse, y habían ya regresado a su oficio de pescadores. Es entonces cuando el Señor, en medio de la noche, se les aparece Resucitado, los saca de la tristeza y del miedo, y los envía a anunciar su Evangelio por todo el mundo, inspirados, conducidos y defendidos por su Espíritu Santo. El Espíritu todo lo vence y llega a todas partes, es el "Padre de los pobres", fuente de toda gracia, luz de los corazones, viento de libertad, agua viva de susurro interior, fuego de caridad ardiente, comunión de vida y esperanza plenas, ternura e intimidad de Dios mismo, que se nos da para que seamos valientes testigos de Jesucristo. Él es el alma de la Iglesia. A Él debemos rezarle todos para que se produzca un nuevo Pentecostés en la Iglesia.

Acompañemos este encuentro del XIº Aplec de l'Esperit en Banyoles con nuestra oración perseverante, y abrámonos cada uno de nosotros a la acción misteriosa del Espíritu Santo. Nos puede ayudar la letra del Himno del encuentro de este año, que ha realizado Mn. Joan Águila, presbítero de Tarragona: "A orillas del lago, repasando aquellas redes, sentí como me llamabas por mi nombre. Se reunió tanta gente que quería escucharte, que voy a hacerte un lugar, para siempre, en mi corazón. Y a pesar del temporal que amenaza con hundirme, yo confío que tú estás siempre a mi lado. Y, como siempre, extiendes la mano y me sacas de un mar de dudas, y puedo decir bien alto que ¡tú eres el Señor! Es el Señor quien me ha dado la vida. Es el Señor quien me llama por mi nombre. Es el Señor quien nunca me abandona. ¡La alegría de mi corazón es el Señor! Contemplando las multitudes subiste a la montaña y me mostraste el camino para ser feliz. Y si no puedo caminar, me invitas a levantarme cargando con todo el peso de mis pecados. Y a pesar del temporal... ¡Es el Señor!".
Por si lo queréis escuchar y aprender, acudid a:

San Juan Pablo II, el Papa de la misericordia y de la familia

Hemos celebrado con mucha alegría la canonización el 27 de abril de los dos Papas "gigantes" de humanidad y santidad del siglo XX, Juan XXIII y Juan Pablo II. Dijo el Papa Francisco en la homilía de la canonización: "Ellos colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos (...) En este servicio al pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le hubiera gustado ser recordado, como el Papa de la familia". Y todavía pidió "que los dos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama".

San Juan Pablo II, Karol Jósef Wojtyla (1920-2005), nacido en Wadowice (Polonia), fue empleado en una fábrica, actor y deportista, profesor, resistente a los nazis y al comunismo, sacerdote y cardenal-arzobispo de Cracovia, padre conciliar y Papa. Él será siempre el Papa de la misericordia y de la familia, el primer papa eslavo, marcado primero por la resistencia al nazismo, cuando era joven, y después por la resistencia a un régimen comunista, satélite de la Unión soviética y perseguidor de las libertades, que él colaboró a derrocar con una tarea humanizadora paciente. Durante su largo pontificado, el segundo pontificado más largo de la historia (1978-2005), luchó a favor de las personas y de los pueblos, se convirtió en el atleta de Cristo, un evangelizador de todas las tierras del mundo, y un guía fuerte y providencial para la libertad de la Iglesia y para la esperanza del mundo. Convocó el encuentro interreligioso de Asís, varios Sínodos, publicó muchos escritos, inició las Jornadas mundiales de la Juventud, publicó el nuevo Código y el Catecismo, trabajó por los pobres, y fue un defensor de la vida desde su concepción hasta la muerte natural. Ayudó al mundo del trabajo que él había compartido y que siempre amó mucho, y condenó el sistema comunista. Pero cuando éste se derrumbó, tampoco aceptó el capitalismo salvaje y sin rostro humano que se proponía como única salida. Aportó mucho en la Doctrina social de la Iglesia, especialmente sobre los derechos de las naciones y de las culturas. Se opuso a la Guerra del Golfo con todas sus fuerzas y fue siempre una voz libre e incómoda. Sufrió un atentado aún hoy desconcertante, perdonó al agresor, y se mantuvo muy sensible al mundo de los enfermos y del dolor, hasta llegar a su muerte ofrecida hasta el último suspiro, en cumplimiento del compromiso de servicio aceptado, sin bajar de la cruz. Un auténtico misionero de toda la tierra, que guió con mano firme la Iglesia católica hasta el tercer milenio.

Ahora es tarea nuestra imitar sus virtudes, aprender de su humanidad para los propios compromisos, en los nuevos tiempos que nos toca vivir, porque, si bien el mundo necesita maestros y líderes valientes, y hoy escasean, sigue siendo paradigmática la expresión de Pablo VI, de que por encima de todo, el mundo sólo hará caso de maestros y líderes que sean también testigos coherentes y auténticos. Siempre recordaremos las palabras tan conmovedoras de su primera homilía como Papa: "¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!"

San Juan XXIII, el Papa de la docilidad al Espíritu Santo

Cuánta alegría cuando el Papa Francisco proclamó, con solemnidad y emoción, que dos Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, entraban en el catálogo de los santos de la Iglesia. Alegría pascual por estos dos grandes hombres que Dios ha concedido para que guiaran su Iglesia en el siglo XX. Alegría de Pascua y misericordia abundante las que eran festejadas por el Pueblo de Dios. El domingo día 27 de abril, fueron canonizados dos hombres buenos, siervos fieles de Dios, entregados totalmente y sacrificadamente a la humanidad. Los cristianos creemos que son ya felices eternamente, que pueden interceder por nosotros y que sus vidas son imitables, porque han sido "virtuosas".

Muchas cosas del siglo XX, aunque sea tan reciente, no se entenderían sin este gran Papa, Juan XXIII, Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963), un campesino humilde del Norte de Italia (Sotto il Monte-Bérgamo), diplomático en el Oriente de Europa, en Turquía y después en París, que sirvió como Papa entre 1958 y 1963. Con sus límites, que tenía como toda persona humana, y a la vez con una vida santa y abnegada, fue un gigante de humanidad. Juan XXIII, reconocido como "el Papa bueno", lleno de bondad y humildad, alegría y coraje para convocar el Concilio Vaticano II, que debía traernos la gran renovación de la Iglesia del siglo XX, tuvo la oportunidad de aprender la dimensión social de la fe cristiana a través de su obispo, cuando era cura joven y secretario suyo. Después fue un adelantado de las relaciones fraternas ecuménicas con el Oriente cristiano, y ya Nuncio en Turquía, durante la segunda Guerra Mundial, salvó muchos judíos ofreciéndoles pasaportes del Vaticano como peregrinos. Nuncio en París, se ganó la estima de todos y cuando ya mayor llegó a Venecia como Patriarca, todo parecía culminado, y en cambio fue elegido Papa. Pensaban en una transición, y revolucionó la Iglesia, anunciando a los tres meses que convocaba un Concilio ecuménico que tenía que cambiar tantas cosas. Tuvo un corazón abierto a todos, medió en temas de paz, y nos regaló al final de su vida la renovadora encíclica "Pacem in Terris", en la que acogía los Derechos Humanos en el patrimonio de la Doctrina social de la Iglesia. Ya en vida y especialmente en la muerte, fue tenido por santo. Fue amado como un buen Párroco del mundo, y él siempre dijo que ser párroco de pueblo es lo que más le hubiera gustado.

En su testamento Juan XXIII nos dejó palabras sabias: "Nacido pobre, pero de una familia humilde y respetable, estoy particularmente contento de morir pobre. Doy gracias a Dios por esta gracia de la pobreza en la que juré fidelidad en mi juventud, que me ha fortalecido en mi determinación para no pedir nunca nada –dinero o favores– ni para mí, ni para mis familiares y amigos (...) En la hora del adiós, o mejor, del hasta la vista, evoco también todo lo que más vale en la vida: Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio, y en el Evangelio todo el Padrenuestro en el espíritu y en el corazón de Jesús, y del Evangelio, la verdad y la bondad, la bondad mansa y benigna, activa y paciente, invicta y victoriosa".

El Papa Francisco dijo de él en la homilía de canonización: "En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, "un guía-guiado", guiado por el Espíritu. Este fue su gran servicio a la Iglesia; por eso me gusta pensar en él como el Papa de la docilidad al Espíritu Santo". ¡Que ahora rece por nosotros, para que también seamos dóciles a la acción del Espíritu!

100 años de patronazgo sobre Andorra de la Virgen de Meritxell

El próximo día 13 de mayo de 2014 se cumplen los 100 años de la declaración pontificia de Ntra. Sra. de Meritxell como Patrona principal de los Valles de Andorra, por parte del Papa S. Pío Xº, a través del Cardenal Martinelli. Es un motivo de gran alegría para todo el Principado de Andorra y para toda nuestra Diócesis de Urgell. La Madre de Jesucristo era oficialmente proclamada por la Iglesia como Madre y Protectora de todos los andorranos. ¡Damos gracias a Dios! Y lo haremos de forma más solemne en su próxima fiesta del 8 de septiembre.

La gran devoción y admiración hacia la Virgen de Meritxell a lo largo de los siglos XIX y XX, y el gozo por el sentimiento nacional de los habitantes de Andorra, llevaron al Consell General de les Valls, cuando era Síndic el originario de Canillo, el M.I. Nicolau Duedra, el 24 de octubre de 1873, a declarar oficialmente y por unanimidad a la Virgen de Meritxell como patrona de los Valles de Andorra. Lo anunciaban así: "De completo y unánime acuerdo consigna el hecho de que Nuestra Señora de Meritxell es considerada por los Valles de Andorra como Patrona y especial Protectora desde tiempo inmemorial". Este fervor hizo que el obispo-copríncipe Mons. Joan Benlloch, el 14 de marzo de 1914, pidiera oficialmente este patronazgo, que llegó confirmado el 13 de mayo de 1914, después de 40 años de espera a cusa de las convulsiones de la época y desavenencias, pero finalmente llegaba la confirmación pontificia de su patronazgo. El Consejo, gozoso por la noticia, quiso que aquel momento se solemnizara y acordó que se celebrara la Fiesta Nacional de los Valles cada 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María. Años más tarde el 8 de septiembre de 1921, siendo obispo- copríncipe Mons. Justí Guitart, fue coronada canónicamente su imagen por su amigo, el Cardenal arzobispo metropolitano de Tarragona, Francesc Vidal y Barraquer. Cada 8 de septiembre, el pueblo andorrano vive una fiesta de unidad y concordia donde la Virgen es la protagonista absoluta. Todo gira alrededor de Meritxell, la Virgen de todos. Miles de personas y familias enteras peregrinan hasta el Santuario, para dar gracias y manifestar su sentimiento de alegría y entusiasmo. Todos ponen en manos de María las preocupaciones y necesidades, las penas y alegrías, y todo lo que necesita la patria andorrana.

La sagrada imagen de la Ntra. Sra. de Meritxell (que viene a significar "la luz del mediodía") siempre acoge a todos los andorranos y todos los visitantes y peregrinos. Es la Reina, Madre del Rey del universo, que descansa tranquilo y sereno en su regazo, para ayudar a todos. Ella viene presentada como Sede de la Sabiduría ("Sedes Sapientiae") donde reposa Jesús Niño, el Rey de toda Verdad, quien con una mano sostiene los Evangelios, la Palabra que da Vida, y con la otra acoge a los peregrinos. Y la Virgen María, que es la Madre del Señor del universo, y que tiene los ojos grandes y abiertos, va adornada con trajes reales y coronada con una corona que tiene un gran ojo en el centro, pues muestra la predilección divina, pero que calza zuecos de humilde montañera (se la llamaba también "la Virgen de los zuecos") porque nunca deja de ser la humilde sierva del Señor, que en todo quiere que se haga la voluntad de Dios. Destaca su desproporcionada mano derecha, alargada misericordiosamente hacia todo aquel que acuda con fe y devoción a su protección, ya que siempre lo defenderá y ayudará. Roguémosle con fe y ternura, porque nos fue dada como Madre al pie de la Cruz (Jn 19,26) y está Asunta al cielo desde donde ruega siempre por nosotros.