Beato Pablo VI, ¡enséñanos a amar a Cristo y a la Iglesia!

Este domingo en San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco beatificará al gran Papa del siglo XX, Pablo VI (Concesio, Brescia 1897 - Castel Gandolfo 1978). Hagamos acción de gracias porque esta beatificación ha sido muy esperada y es portadora de gran alegría para todo el Pueblo de Dios. Giovanni Battista Montini, después de su buen trabajo en la Secretaría de Estado, del acompañamiento de los laicos de Acción Católica, y como Arzobispo de Milán, fue el Sucesor de Pedro durante quince años (1963-1978). Entre los elementos más decisivos de su pontificado nos interesa destacar la continuación y clausura del Concilio Vaticano II, que había sido convocado por san Juan XXIII, y agradecer que todos los documentos lleven su firma, «Yo, Pablo, obispo de la Iglesia Católica». Fue Pablo VI quien promulgó la Constitución "Sobre la Sagrada Liturgia", quien creó la Comisión para la ejecución de la reforma litúrgica, y quien nos dio los libros de la reforma litúrgica del Vaticano II, con la que actualmente todos rezamos y que acertadamente llamamos de Pablo VI: Misal, Liturgia de las Horas y Rituales de los Sacramentos, así como que fue él quien aprobó el fomento de la acción pastoral litúrgica en todo el mundo, con adaptaciones culturales y lingüísticas por parte de los episcopados, que han tenido una enorme influencia en las diversas culturas con las que la humanidad creada por Dios se expresa, vive y encamina su futuro. Lo fue también para la lengua y la cultura catalanas.

Él inició su pontificado renunciando a la tiara que subastó para los pobres. Inició los grandes viajes a Tierra Santa, India, Colombia, Filipinas y la ONU. Nos ofreció grandes textos magisteriales sobre la Iglesia que se hace diálogo, el Progreso de los Pueblos, la Vida Humana -defendiendo con coraje y profetismo el matrimonio, la familia y la vida-, y sobre la Evangelización. Reformó e internacionalizó la Curia, trabajó mucho por el ecumenismo, y dio empuje al Sínodo de Obispos y en último término a la Iglesia de comunión y de servicio que el Vaticano II había reclamado. Hombre de finura y de inteligencia, de escucha humilde, de serenidad interior, de amor incondicional a Cristo y a la Iglesia. Él nos enseñó a amar y a sufrir por la Iglesia amada, y a servir a la humanidad, ya que sufrió mucho debido a las crisis de todo tipo en el postconcilio. De él dijo el Cardenal Pironio: «Su vida y su ministerio manifiestan un hombre de profunda oración, de particulares experiencias contemplativas, de especial penetración de las Escrituras y los misterios de la Fe. Un hombre contemplativo, siempre conducido por el Espíritu Santo».

Ahora la Iglesia nos lo entrega como modelo e intercesor para nuestras vidas. Agradezcamos la vida y los ejemplos del gran Papa Pablo VI, Y que él continúe orando por la Iglesia, tal como lo expresaba bellamente en su Testamento: «Siento que la Iglesia me rodea: ¡oh, Iglesia santa, una y católica y apostólica, recibe mi supremo acto de amor con mi bendición y saludo!». Y lo que él pedía al final de aquel espléndido texto: «Sobre la situación de la Iglesia; que escuche las palabras que le hemos dedicado con tanto afán y amor. Sobre el Concilio: que se lleve a cabo felizmente y que se traten de cumplir con fidelidad sus prescripciones. Sobre el ecumenismo: que se continúe la labor de acercamiento a los Hermanos separados, con mucha comprensión, mucha paciencia y gran amor; pero sin desviarse de la auténtica doctrina católica. Sobre el mundo: que nadie piense que se le ayuda adoptando sus criterios, su estilo y sus gustos, sino procurando conocerlo, amándolo y sirviéndole». ¡Beato Pablo VI, papa, enséñanos a amar de corazón a Cristo y a la Iglesia!

"No estáis solos" (y 2)

Continuamos con el conocimiento de los cristianos presentes en Oriente Medio y que actualmente viven la barbarie de la cruel persecución en manos de los yihadistas musulmanes. Y conociéndolos mejor, ¡amémoslos, oremos por ellos y ayudémoslos!

En Oriente medio está la presencia de los Caldeos, la Iglesia de la antigua Asiria en comunión con Roma desde 1553. Son unos 400.000 en Irak, sobre todo en Kurdistán, y sufren mucha persecución. Viven un éxodo terrible porque se han encontrado que ahora en Siria también son perseguidos.

También están los Armenios, una antigua Iglesia oriental que no se adhirió a Calcedonia. Aunque su centro espiritual esté en Armenia (Echmiadzin) tiene dos sedes en Cilicia –con jurisdicción sobre el Líbano y Siria–, y en Jerusalén. Son unos 150.000 en Líbano, otros 100.000 en Siria donde llegaron después de la persecución de los musulmanes turcos pronto hará 100 años (1915), y armenios son la gran mayoría de los cristianos iraníes, unos 100.000. También hay cerca de 540.000 Armenios Católicos en el mundo, de los cuales unos 60.000 en Líbano.

Y quedan los Latinos, con los que compartimos nuestro rito, que tiene su centro en el Patriarcado Latino de Jerusalén. Tiene jurisdicción sobre los católicos de Jordania, Palestina e Israel, con Chipre, crecidos al amparo de las Órdenes religiosas, sobre todo de los Franciscanos, pero no exclusivamente. Son unos 235.000 en todo Oriente Medio, pero sufren el éxodo de Tierra Santa haciendo que entre Israel (28.000), Palestina (18.000) y Jordania (50.000) no lleguen a los 100.000. A estos, por un fenómeno muy nuevo de emigración por trabajo, se unen los emigrantes filipinos (unos 50.000 en Israel), indios, tailandeses, rumanos, nigerianos y latinoamericanos, y que es difícil de contabilizarlos. Pero hay que pensar que en la península arábiga se supone que debe haber unos 2,7 millones de cristianos, trabajando en condiciones durísimas, y con restricciones enormes de cara a vivir y practicar su fe. Se trata de una presencia extranjera y provisional, siempre pendiente de las condiciones de trabajo. Muchos indios son de las Iglesias católicas siro-malabar y siro-malankar.

En conjunto podemos hablar que hay entre 10 y 13 millones de cristianos en Oriente Medio, según las estimaciones (cf. G. Bernardelli) sobre una población de 550 millones de habitantes, y que en consecuencia se acerca a un 2% la presencia cristiana. La Iglesia reclama –a través del Cardenal P. Parolin, Secretario de Estado– que cese inmediatamente la violencia, que se comience la reconstrucción, el diálogo entre las comunidades, los progresos en la resolución de los conflictos regionales y la participación de todos los actores locales y globales en un proceso de Paz. También ha reclamado el desarme de los brutales grupos terroristas que luchan en aquellos países. Tema muy complejo, al que el Papa Francisco da una gran importancia y nos pide orar, orar mucho e insistentemente. Y ser solidarios con estos hermanos nuestros perseguidos y con todos los necesitados. El Papa Francisco pidió recientemente que Dios recompense la fidelidad de los cristianos de Oriente Medio, en especial de Siria, y que les infunda "valor en la lucha contra las fuerzas del Maligno y abra los ojos a los que están cegados por el mal". Y añadió que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Maestro, Jesucristo, es "maestra de misericordia: se enfrenta al odio con el amor, vence la violencia con el perdón, y responde a las armas con la oración".

"No estáis solos" (1)

Estas son las palabras que el Cardenal Filoni dirigió a los cristianos de Oriente Medio, actualmente tan perseguidos y martirizados. No hay paz entre Israel y Palestina, como lo hemos comprobado dolorosamente este verano en Gaza; Líbano está consumido por la guerra civil; Siria e Irak están devastados, ruinosos y colapsados, y con un Estado Califal amenazador en su territorio (ISIS); Irán campa a su aire e intereses; Egipto vuelve a una situación dictatorial, y millones de prófugos y refugiados huyen donde pueden y tienen que malvivir en condiciones de terror. Y el yihadismo engaña y atrae a jóvenes con ideales oscuros de terror... En medio de este panorama, los cristianos sufren una violencia atroz, y la soportan con valentía. El Papa les ha alabado y ha pedido solidaridad y oración por ellos.

Os propongo que hagamos un esfuerzo por conocerlos y hacernos nuestras sus esperanzas y sufrimientos. Provienen de los antiguos Patriarcados del cristianismo de los primeros siglos, Antioquia, Alejandría y Jerusalén, que con Roma y Constantinopla, tenían y tienen un papel importante en la comunión eclesial.

En Oriente medio encontramos a los Coptos, que son actualmente los más numerosos y que viven sobre todo en Egipto. Los Coptos ortodoxos deben ser unos 8 millones y provienen de la escisión creada por la no aceptación del Concilio de Calcedonia (año 451) cuando las disputas sobre las dos naturalezas y la persona de Jesús.

Tenemos a los Greco-ortodoxos herederos del Patriarcado de Jerusalén, unidos desde antiguo a Antioquia. En Israel viven unos 500.000 y son los más presentes en Israel, Palestina y Jordania. Y los de Antioquia, que tendría unos 2 millones de fieles, con las comunidades de Siria, Turquía e Irak, unidos con la diáspora. Un tercio habrían tenido que abandonar su territorio habitual y son refugiados.

Los Melquitas con sede patriarcal en Damasco, que nacen en 1724 de una escisión de los greco-ortodoxos, y que volvieron a la comunión con Roma manteniendo el rito bizantino. Son una Iglesia católica de rito oriental como los Coptos católicos. Son 1,6 millones en el mundo pero sólo unos 750.000 viven en Oriente Medio; muchos viven en América Latina. En Siria eran 250.000, y 400.000 en Líbano, pero en este momento de destrucción y barbarie están muy dispersos o son refugiados.

Los Sirios o siro-ortodoxos, nacidos también de las dificultades de aceptación de la doctrina de Calcedonia, fueron una Iglesia muy misionera en el primer milenio. Ahora más de 5 millones viven en la India, un millón en Oriente Medio y el resto en la diáspora. Han conservado la lengua aramea hablada por Jesús. Hay también unos 140.000 sirios unidos a la Iglesia Católica (s. XVII) que viven en Siria e Irak.

Los Maronitas en la cúspide de la tradición siríaca es la Iglesia católica de rito oriental con más fieles. Son los herederos de los sirios que aceptaron el Concilio de Calcedonia. Son mayoritarios en el Líbano, con 1,6 millones, pero hay unos 3,5 millones en todo el mundo.

Continuaremos la próxima semana. No dejemos de orar insistentemente por nuestros hermanos cristianos que viven la dolorosa persecución en tierras de mayoría islámica.

Trabajar con las familias y por las familias

Nos lo decía el Papa Francisco mismo mostrando el objetivo principal de la III Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos que tiene por objetivo "Los desafíos pastorales sobre la familia, en el contexto de la evangelización", que se iniciará el próximo domingo en Roma: "Os animo a seguir trabajando con la familia y por la familia. Es un trabajo que el Señor nos pide hacer de una manera particular en este tiempo, que es un tiempo difícil, tanto para la familia como institución, como para las familias, debido a la crisis". Y con estos sentimientos os pido que intensifiquemos estos días la oración por el Sínodo, por el Papa y por los que han de debatir las cuestiones que hoy afectan a las familias de la tierra, y esta institución querida por Dios, santuario del amor y de la vida, que es "iglesia doméstica" y célula fundamental de toda sociedad humana.

El deseo de familia en los jóvenes es muy grande, afortunadamente, y constituye un "signo de los tiempos". Para ellos habrá que proponer de nuevo una visión de la familia y su importancia para el desarrollo integral de las personas. En orden a los trabajos del Sínodo se ha trabajado un cuestionario de 39 preguntas que recibió una acogida positiva y una amplia respuesta, tanto del pueblo de Dios como de la opinión pública en general, y con 900 respuestas individuales y 800 respuestas colectivas de asociaciones y de comunidades. Mons. Bruno Forte, secretario del Sínodo, explicó que si bien "por una parte resulta evidente que hay una situación de crisis de la institución familiar, por otra hay un deseo de familia claramente relevante, justamente en las nuevas generaciones". Está el número de "casos de familias 'ampliadas', especialmente con la presencia de hijos de diferentes parejas" con la siempre más difundida "autorreferencialidad" de la gestión de los propios deseos y aspiraciones" y la consiguiente 'privatización' de la realidad familiar. Con todo, mucha gente, especialmente los jóvenes, perciben el valor de la relación familiar estable y duradera, un verdadero y propio deseo de matrimonio y familia, en el que tener un amor fiel e indisoluble, que ofrezca serenidad para el crecimiento humano y espiritual, y acogida a todos, especialmente a los miembros más débiles de la familia. Este anhelo pide ser acogido como una gran ocasión pastoral. Deberíamos saber proponer una visión abierta de la familia, fuente de capital social y de vida virtuosa, ya que es esencial para la vida en común. Y que además subraye la importancia de un desarrollo integral humano, que muestre cómo la familia es fundamental para madurar los procesos afectivos y de conocimiento, que son decisivos para estructurar la persona humana.

Este Sínodo 2014 –que tendrá continuidad con el Sínodo 2015, también dedicado a la familia– debe tener un marcado carácter pastoral, manteniendo la doctrina católica de la Iglesia sobre el matrimonio, la familia y la vida, varias veces reiterada también en los últimos años, en claros pronunciamientos del Magisterio. La reflexión será sobre las aplicaciones pastorales hacia realidades nuevas que debemos afrontar: miedo al compromiso para siempre, nuevas realidades de pareja, situación de los separados y divorciados, divorciados y vueltos a casar, las convivencias, las uniones de hecho o las uniones del mismo sexo. Y hay que encontrar los caminos de proponer con afecto y misericordia en la verdad, el ideal santo del matrimonio según Dios, el camino para lograrlo, y una reflexión que apoye una mentalidad mayoritariamente abierta a la vida y no egoísta, porque sobre este desafío se juega el futuro mismo de la humanidad.