"Imita lo que conmemoras..."

Durante la ordenación presbiteral, el Obispo le dice al nuevo sacerdote: "Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor". Considerar, imitar, conformar la propia vida... Son palabras impresionantes para el nuevo sacerdote y para todo el Pueblo de Dios que las escucha. En la tarde del domingo día 27 ordenaremos presbítero a Mn. Pedro Morales, un salmantino-andorrano, ya maduro, que se ha estado preparando a fondo y largamente para convertirse en "sacerdote de Cristo", pastor a semejanza del Buen Pastor, evangelizador y acompañante del rebaño que Dios le confía. Y escuchará estas palabras tan impresionantes, las mismas que el 1º de mayo le fueron dichas a Mn. Joseph Geethafonkalan.

El sacerdote, por la imposición de manos del Obispo y la larga y solemne oración de consagración, recibe un don del Espíritu Santo que le configura para siempre al Hijo de Dios hecho hombre, y le hace don, le hace "otro Cristo" en medio del pueblo de Dios, al servicio de los creyentes y de toda la humanidad. Ya no se pertenece a sí mismo, sino que es tomado del todo por el Señor, que lo hace instrumento eficaz de su Amor, de su Palabra, de su Eucaristía, de su Ternura por el perdón y la gracia... y le hace Consuelo y Misericordia para todos, portador de Paz y de Servicio.

¿Y el sacerdote? ¿Cómo queda él existencialmente sellado para siempre? La palabra irrevocable de Cristo lo hace suyo, del todo y para siempre. "Haced esto en memoria mía... No sois vosotros que me habéis elegido a mí. Soy yo quien os he elegido, porque vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca". Y el sacerdote obedece. Pone todos sus recursos, todo lo que él es y lo que tiene, para que Jesucristo sea conocido, amado y servido en todo. Ya no es él quien vive, sino Cristo quien vive en él. De ahí las palabras de la ordenación: "imita lo que conmemoras". Conmemorará el sacrificio de la misa, y se debe sacrificar él mismo; ofrecerá la víctima pura que es la Pascua del Señor, y él tiene que ofrecerse del todo a los hermanos ("si no, haría comedia" decía el beato Pere Tarrés); lavará los pies de los demás, y debe tratar de tener siempre el alma limpia; hará nacer nueva vida, y tiene que amar siempre la novedad del Espíritu; servirá a los pobres, y debe resplandecer ejemplarmente con una vida austera y desinstalada, pobre, para evangelizar; deberá acompañar a los laicos e ir siempre en misión, allí donde le envíen, y deberá tener un corazón siempre disponible, capaz de amar a todos con libertad y desprendimiento, nunca atado a nada ni a nadie; poseyéndolo todo, pero sin poseer nada.

Desde hoy tenemos un nuevo servidor de Cristo y de los hermanos, y eso nos llena de alegría y acción de gracias. Viene a sumarse al noble presbiterio de la Iglesia de Urgell, con tantos sacerdotes mártires, entregados, pobres, arraigados en su pueblo y animadores de la fe y del amor de todo el Pueblo de Dios.

Oremos por este nuevo sacerdote, Mn. Pedro, y por todos los sacerdotes del mundo. Por los jóvenes para que empiecen con ilusión, por los maduros que mantengan la perseverancia y por los ancianos, que reciban el agradecimiento por el ministerio realizado. Intercedamos por su santificación y su alegría pastoral. Démosles nuestro calor y nuestro aprecio, para que el Señor sea alabado en sus ministros, en aquellos que Cristo nos envía como pastores nuestros. Y encomendemos también a los seminaristas, para que se entreguen con generosidad a la misión que Cristo les reserva para trabajar, con Él, por la salvación del mundo.