Es inaceptable que todavía haya persecución religiosa

De tanto en tanto nos llegan noticias relativas a cristianos perseguidos. Sea de forma violenta como en Siria e Irak, Centroáfrica, o el Sur de Asia, sea más disimuladamente en los países occidentales, a través de hostilidades y burlas directas o indirectas, especialmente a los niños y jóvenes religiosos, sea con neutralidades tramposas, que esconden dificultades sociales para la vida de los cristianos y hacia nuestros símbolos en la vida pública. "Las persecuciones contra los cristianos son hoy aún más fuertes que en los primeros siglos de la Iglesia, y hay más cristianos mártires que en aquella época", decía el Papa Francisco recientemente. Las duras imágenes de unos cristianos crucificados en un país de mayoría musulmana nos estremecieron. Podríamos acostumbrarnos, y sería una gran desgracia. Nadie tiene derecho a perseguir a otro ser debido a su creencia religiosa. La libertad religiosa es reconocida por el Derecho internacional en varios documentos, como el artículo 18º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, y la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia." Igualmente el artículo 18º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el art. 27º de este mismo Pacto que garantiza a las minorías religiosas el derecho a confesar y practicar su religión. De la misma manera lo hace la Convención de los Derechos del Niño, en su art. 14º, y el artículo 9º de la Convención Europea de Derechos Humanos.

Todos somos buscadores de la verdad sobre nuestro propio origen y destino. En la mente y en el corazón de toda persona surgen interrogantes y pensamientos que no pueden ser reprimidos o sofocados, ya que surgen de lo profundo de su ser y son connaturales a la esencia íntima de la persona. Son preguntas claramente "religiosas" y necesitan de la libertad religiosa para manifestarse plenamente. El debate en torno a la libertad religiosa positiva –no sólo formalmente tolerante– se ha hecho muy intenso, interpelando a los gobiernos y a las confesiones religiosas. El Papa Francisco hace poco recordaba que "la Iglesia católica tiene una larga historia de apoyo a la libertad religiosa, culminada con la declaración sobre libertad religiosa del Concilio Vaticano II (...) La razón reconoce en la libertad religiosa un derecho fundamental del hombre que reflexiona sobre su dignidad más alta, la de poder buscar la verdad y adherirse a ella, y reconoce en ella una condición indispensable para poder desarrollar toda la propia potencialidad". Y esta libertad religiosa no es sólo la de poder tener unas ideas o ejercer un culto privado (muchos querrían relegar la religión a la privacidad) sino que el Papa afirma que es "la libertad de vivir según los principios éticos consecuentes con la verdad encontrada, sea privadamente o públicamente". Este es un gran desafío en el mundo globalizado, donde "el pensamiento débil reduce también el nivel ético general, y en nombre de un falso concepto de tolerancia se acaba por perseguir a aquellos que defienden la verdad sobre la persona humana y sus consecuencias éticas". Las regulaciones jurídicas, nacionales o internacionales, están llamadas a reconocer, garantizar y proteger la libertad religiosa, que es un derecho humano y es también un indicador de una democracia viva así como una de las fuentes principales de la legitimidad del Estado. Hagámonos conscientes de ello, y defendamos a los cristianos y creyentes de todas las religiones, porque nos va en ello la libertad de todos.